domingo, 28 de junio de 2020

Apuntes sobre el Dispositivo de Seguridad GAP

El GAP el Grupo de Amigos Personales que le cubrió la vida y las espaldas al Presidente Salvador Allende durante la Unidad Popular.


PRESENTACIÓN

 

A la una de la madrugada del martes 11 de septiembre de 1973, los veinte jóvenes que permanecían de guardia en la casa de descanso presidencial, conocida como El Cañaveral, en el barrio alto de Santiago de Chile, finalizaban la tradicional partida de pool cuando escucharon la voz de “Bruno”, jefe del dispositivo de seguridad presidencial, denominado Grupo de Amigos Personales (GAP), quien les ordenaba acudir a los dormitorios. Las noticias que éste tenía acerca de la situación nacional no le causaban una preocupación extrema, ya que durante los últimos meses, especialmente desde el 29 de junio (el día del tanquetazo o tancazo), los rumores de golpe de Estado se habían convertido en rutina. A la misma hora, algunos kilómetros hacia el centro de la capital, en la casa de Tomás Moro N° 200, residencia oficial del Presidente Allende, “Carlos Álamos”, jefe de la sección escolta del dispositivo de seguridad presidencial, ordenó redoblar la guardia de la residencia y a los otros 20 jóvenes retirarse a sus cabañas para descansar. El día había sido agitado y tenso; la situación política era complicada, reflejándose en los rostros agotados del Presidente y sus colaboradores más cercanos, que hasta esa hora permanecían reunidos. Murmuraban sobre la negativa de la Escuadra a zarpar, desde su apostadero en el puerto de Valparaíso, para tomar parte en la Operación Unitas; también comentaban de algunos regimientos acuartelados y de sospechosos camiones militares que se deslizaban cargados de soldados.

Poco después, “Carlos Álamos” tomó el teléfono y marcó el número de El Cañaveral; cuando contestaron, pidió hablar con “Bruno”, su comandante. En la conversación hicieron un breve análisis de la situación, dispusieron los cursos de acción y las medidas de emergencia que podían implementar; finalmente coincidieron en que ellos y los hombres bajo su mando estarían a la altura de las exigencias. No sospechaban que en poco tiempo serían protagonistas de un acontecimiento trascendente en la historia chilena del siglo XX; ignoraban que sólo en algunas horas deberían emplear todos sus conocimientos para cumplir su misión: proteger, arriesgando sus vidas, si fuera necesario, la integridad del Presidente de Chile.

Posteriormente, “Carlos Álamos” recorrió las cabañas para comprobar que sus hombres dormían y se retiró a la suya para descansar. Durante el día había estado nervioso, presentía que algo podía pasar, se le veía preocupado. Durmió a saltos… Hasta que, a las 6:20 de la madrugada del martes 11 de septiembre de 1973, “Rodolfo” (Hugo García), oficial de guardia de la puerta principal de Tomás Moro N° 200, recibió una llamada urgente para Salvador Allende. La comunicación fue traspasada a “Roberto”, quien se la transmitió al Presidente de la República. Al parecer la llamada era del general subdirector del Cuerpo de Carabineros Urrutia Quintana; también podría haber sido de Miria Contreras (Payita), a quien, esa noche, le correspondía montar guardia en La Moneda. Diez minutos después, el Presidente llama hasta su habitación a “Rodolfo” y le indica que despierte a la guardia. Los hombres no respondieron a las insinuaciones de éste, pues, como siempre hacían bromas con el golpe de Estado, creyeron que era una más; tuvo que acudir el Presidente para convencerlos de que la broma, ese día, era realidad.

Inmediatamente 20 hombres se levantaron y se vistieron con rapidez. En ese mismo instante “Carlos Álamos” entraba presuroso en la habitación del Presidente. Mientras se vestía, en pocas palabras, Allende le hizo un resumen de la situación: le dijo que se había sublevado la Armada, que era posible que algunos cuerpos de la infantería de marina se dirigieran a Santiago. Luego ordenó que avisara a “Bruno”, que los hombres de la sección Guarnición ocuparan los puestos permanentes de combate en la residencia de Tomás Moro, que la escolta subiera a los autos, porque debían salir inmediatamente para La Moneda, y premonitoriamente subrayó: “lleven todas las armas”.

“Carlos Álamos” se comunica por la frecuencia de emergencia con “Bruno” en El Cañaveral, le informa de los últimos hechos y de las instrucciones del Presidente. A continuación explica a los GAP que la Armada había ocupado Valparaíso, que algunas tropas podían venir a la capital y que debían estar preparados para combatir. Dispuso que en la casa permanecieran algunos miembros de la guardia permanente para proteger a la familia. Finalmente, ordenó que “El Rafa”, responsable socialista de la sección Guarnición, trasladara una camioneta cargada con armas hasta la industria metalúrgica INDUMET, ubicada en calle Rivas N° 530, en la zona sur de la capital, lugar donde se concentraba el aparato militar del Partido Socialista, y se la entregara a “Agustín”, comandante en jefe de ese cuerpo.

Así, alrededor de las 7:00 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, tres automóviles Fiat 125 azules salieron raudos hacia el centro de Santiago. A bordo de los vehículos iban doce hombres que formaban parte de la sección Escolta del Grupo de Amigos Personales (GAP). Por las ventanas abiertas de los Fiat asomaban amenazantes los cañones de fusiles ametralladoras AKA-47. Los GAP acompañaban, decididos a exponer su vida, al Presidente Salvador Allende en su último trayecto. Éste, igual que siempre, ocupaba el asiento posterior del auto signado con el número “1”. Como acostumbraban, hicieron el recorrido a gran velocidad. Las calles se veían tranquilas, cerca de La Moneda observaron algunos soldados en uniforme de combate y con un extraño pañuelo anaranjado en el cuello. La guardia de carabineros estaba en su lugar y varias tanquetas policiales protegían la Plaza de la Constitución; había tranquilidad, aparente calma.

Al mismo tiempo, en El Cañaveral, “Bruno” designaba a los GAP que defenderían el lugar y a los 13 jóvenes que lo acompañarían, repartía las armas y tomaba las medidas necesarias para, sin saberlo, bajar por última vez a ocupar su lugar junto a Salvador Allende, en el Palacio de la Moneda.

En nuestro análisis discrepamos de otros estudios sobre la Unidad Popular que, para entregar una explicación global de este período de la historia chilena, han tomado como base los argumentos del principal consejero personal de Salvador Allende, el abogado español Joan Garcés, convirtiéndolos en un verdadero paradigma interpretativo con el que se clausura toda discusión. Según la interpretación de Joan Garcés, la Unidad Popular fue simplemente un gobierno socialista democrático que pretendía realizar las transformaciones que la nación requería respetando las mayorías parlamentarias. Quienes adhieren a esta línea interpretativa parecieran desconocer que el Presidente Salvador Allende era un socialista (no un neosocialdemócrata), disciplinado militante del Partido Socialista chileno, que perseguía la materialización de una revolución socialista en la tradición de Marx y de Lenin. Durante ese período, a nuestro juicio, importantes miembros de la coalición de gobierno, especialmente aquellos vinculados al Partido Socialista y sus grupos afines, visualizaban un escenario alternativo que les permitiera materializar la revolución, cuyo primer eslabón era resolver el problema del poder. Para ello necesitaban constituir diferentes órganos de autoridad (cordones industriales, asambleas populares, comandos comunales), una fuerza paramilitar que apoyara a los sectores leales de las Fuerzas Armadas, quienes, en caso necesario, proveerían el componente armado para enfrentar a los militares derechistas (golpistas).

En palabras de Adonis Sepúlveda: “El Partido Socialista no tenía —ni podía tener— una estrategia de combate para luchar solo. Su acción estaba encuadrada dentro de las medidas de defensa del gobierno. Pues bien, el Gobierno preparó planes de defensa, pero esos planes los dirigía [...] el general Pinochet, como Comandante en Jefe [...]. Los planes consultaban una defensa haciendo uso de las Fuerzas Armadas leales al gobierno, Carabineros, cuyos mandos superiores se estimaban leales, Investigaciones, partidos y trabajadores. Con todas estas fuerzas se respondería de contragolpe. Por eso no era mentira decir que en el momento oportuno habría armas: ellas vendrían del lado de las FF. AA. leales, y además, de las que el pueblo pudiese haber acumulado”.

Del mismo modo, desde la vertiente comunista del gobierno se confirma esta estrategia. En septiembre de 1972, el embajador de la URSS —A. V. Basov— escribe en su diario que ha tenido una reunión con los dirigentes Volodia Teitelboim y Luis Corvalán: “Volodia Teitelboim da cuenta de una conversación suya ‘con el jefe de contrainteligencia del Ejército, general Sepúlveda’. En ella se ‘llegó a un acuerdo sobre la coordinación de las fuerzas de seguridad y de los partidos del bloque popular [...] Se decidió a la vez movilizar a las fuerzas leales al gobierno [...] Se subentiende que para prevenir y contrarrestar un golpe militar. [...] Corvalán y Teitelboim no parecen tener dudas acerca de ‘la actitud leal del alto mando militar’, del ‘cuerpo de oficiales y [...] del general C. Prats’”. Dentro de esa estrategia, postulamos que el Grupo de Amigos Personales (GAP), la primera institución revolucionaria de la Unidad Popular, cumplía una importante función, como lo veremos a continuación.

La naturaleza del GAP, como se verá, desmiente el paradigma neosocialdemócrata de Allende, expuesto por Joan Garcés y otros después de él.

 

 

 I. LA FORMACIÓN DEL GAP

 

1.1. LOS PRIMEROS AMIGOS DE SALVADOR ALLENDE

 

A fines de 1969 se realizó el cónclave en que la coalición de izquierda Unidad Popular, que agrupaba a socialistas, comunistas, radicales y otras organizaciones menores, designó al senador Salvador Allende, de 62 años, por cuarta vez como su abanderado presidencial. Éste debía enfrentar a dos fuertes contendores: Jorge Alessandri Rodríguez, candidato del Partido Nacional, y Radomiro Tomic de la Democracia Cristiana.

La marcha de la campaña fue revelando que Allende acrecentaba sus posibilidades de alcanzar la primera magistratura. Esto acarreaba grados crecientes de polarización, que se denotaban en las concentraciones, marchas y otras actividades donde las aglomeraciones de gente y las rivalidades iban creando situaciones que ponían en riesgo la integridad física del abanderado izquierdista.

En ese momento, el candidato de la Unidad Popular tenía un automóvil Peugeot, que no era muy adecuado para trasladarse a las regiones agrarias, donde los caminos estaban en mal estado. Enrique Huerta Corvalán (“Kique”), amigo de la familia Allende, especialmente de Tati, poseía un taxi americano que no había usado, porque él había permanecido fuera de Chile. En una reunión, Tati comentó que su padre no disponía de un auto adecuado para la campaña, Enrique le dijo que él estaba dispuesto a prestar su automóvil. Allende dio su aprobación y Enrique Huerta comenzó a trabajar como su chofer.

En la mayoría de las actividades de la campaña electoral, el candidato de la Unidad Popular era acompañado por su secretario privado, Osvaldo Puccio (padre); en algunas oportunidades también iban con él, Jaime Suárez, Augusto Olivares (“Perro”), Eduardo Paredes (“Coco”). Estas personas tenían con Salvador Allende una amistad personal. Fueron ellos los que en forma artesanal comenzaron a efectuar un rudimentario servicio de protección personal.

Algunos amigos del candidato, como “Coco” Paredes y el “Perro” Olivares, eran fogueados cuadros socialistas. Manejaban las técnicas de chequeos y contrachequeos, que les permitían constatar si eran víctimas de seguimientos o de otras formas de vigilancia. Aunque las actividades electorales se realizaban con normalidad, a medida que se acrecentaban las posibilidades de una victoria allendista, en este grupo de amigos surgió el miedo a un atentado, principalmente durante los desplazamientos a provincias. La frase que constantemente repetían para mostrar su preocupación era: “Alguien tiene que cuidar a Allende que anda con el puro Enrique”. Así, ante el temor de un ataque, surgió la necesidad de crear una organización que brindara al candidato una efectiva protección personal. Tati era la más interesada en que se materializara ese grupo, ya que en sus viajes a La Habana había comprobado la eficiencia que tenían los cubanos en esa materia.

Cuando los cercanos de Allende analizaron la situación, coincidieron en que resultaba necesario contactar a los chilenos miembros del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN-B), ya que el Partido Socialista tenía muchos cuadros militarmente preparados en ese entonces en labores de apoyo logístico y de suministros a la guerrilla boliviana.

El Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN-B) fue creado por el comandante Ernesto Che Guevara en la sierra boliviana el 25 de marzo de 1967. Poco después y para colaborar en ese esfuerzo se creó la sección chilena. Su líder fue el periodista y militante del Partido Socialista, Elmo Catalán. Estaba formado por militantes del PS. Actuaba en la práctica como una fracción del partido. Los amigos más cercanos de Allende conocían a los “elenos” (miembros del ELN-B, sección chilena) desde la época en que éstos eran estudiantes de medicina. Tati había entablado una amistad sincera con ellos y en algunas ocasiones desarrollaba actividades en la unidad de apoyo logístico de la organización.

A mediados de 1970, desde las sierras bolivianas retornó al país un grupo de chilenos que habían participado en el foco guerrillero de Teoponte. Entre ellos destacaba un joven socialista llamado Francisco Gómez, cuyo nombre de batalla en el grupo era “Fernando”. Él había sido jefe de seguridad del oficial de Tropas Especiales del Ministerio del Interior de Cuba, Dariel Alarcón Ramírez (Benigno), uno de los sobrevivientes del grupo de guerrilleros que lucharon en Bolivia al mando de Ernesto Che Guevara. “Fernando” fue especialmente entrenado como guardaespaldas; era eximio tirador y experto en artes marciales. Junto a Benigno recorrieron Europa y Latinoamérica, realizando misiones confidenciales encargadas por la máxima dirigencia cubana, entre ellas, el traslado clandestino de ambos, hasta las sierras bolivianas, para continuar la insurgencia guerrillera del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.

Estimamos que por la experiencia que poseía “Fernando” como escolta, fue comisionado por “Agustín” Arnoldo Camú, comandante del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, sección chilena, para trabajar con Allende, con el fin de implementar el primer servicio profesional de seguridad.

Al comienzo actuaban solamente “Fernando” y “Kique” (Enrique Huerta Corvalán), ayudados por los amigos del candidato que lo acompañaban en sus presentaciones de campaña. Luego se les sumaron:

1) “Carlos Álamos” (Jaime Sotelo), ex dirigente de los trabajadores del cobre del mineral de El Salvador. Militante del Partido Socialista. En 1966, éste había sido encarcelado por su participación en los sucesos que terminaron con la muerte de varios obreros del mineral. Cuando salió de prisión se unió a los “elenos”. Posteriormente viajó a Cuba donde fue entrenado en combate rural y urbano.

2) “Luisito” (Félix Vargas Fernández), de familia minera de Copiapó, miembro del Partido Socialista y eleno, combatió en Bolivia; tuvo activa participación en el rescate de los guerrilleros cubanos que escapaban después de la muerte del Che Guevara.

;">3) “Bruno” (Domingo Blanco Tarres). Militante del Partido Socialista. y

4) “Manuel” (Enrique Ramos), joven obrero, socialista y eleno, fue edecán civil del Presidente Allende. Los primeros miembros del GAP son elenos, muchachos aún, algunos pertenecían al Partido Socialista. Los cerebros del GAP fueron, además de la hija del Presidente (Tati), “Coco” Paredes, “Agustín” y Rolando Calderón.

Las primeras actividades de custodia fueron los círculos para evitar que en algún tumulto Allende resultara agredido; mantener vigilancia sobre el auto en el que se movilizaban; cuando permanecía estacionado, tratar de detectar si eran objeto de seguimientos, y controlar las comidas y bebidas degustadas.

Poco tiempo después aparecen en escena los militantes del MIR.

 

 

1.2. EL MIR PARTICIPA EN LA DIRECCIÓN DEL GAP

 

La revolución cubana en 1959 y la derrota electoral de Salvador Allende en 1964 impulsaron un proceso de radicalización de importantes sectores de la izquierda chilena.

En 1964, un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad de Concepción, militantes de la Federación Juvenil Socialista (FJS), se retiraron de la organización y formaron la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM). Al año siguiente, los días 14 y 15 de agosto de 1965, se realizó el Congreso de Unidad Revolucionaria. Asistieron un centenar de delegados, los que aprobaron una serie de tesis políticas, eligieron un Comité Central de 21 miembros y designaron como jefe al Dr. Enrique Sepúlveda. Había surgido el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

En el punto quinto de la declaración fundacional se proponía “una audaz política revolucionaria capaz de oponer a esta cínica violencia imperialista una viril y altiva respuesta de las masas armadas...”. El nuevo movimiento era sumamente claro en sus postulados, se autodefinía como la vanguardia armada de las clases oprimidas; consecuente con ello iba a desarrollar su estrategia de enfrentamiento con la burguesía y el Estado.

En 1967, a los dos años de su fundación, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) realizó el Tercer Congreso para evaluar su desarrollo. En el evento la organización resultó depurada. El grupo que hasta ese momento tenía el control —el médico trotskista Enrique Sepúlveda como secretario general, Eugenio Cossio y Clotario Blest— fueron desplazados. Asumió la dirección un grupo de jóvenes de Concepción, encabezado por Luciano Cruz, Sergio Zorrilla, Edgardo Enríquez (“El Pollo”), Bautista von Schouwen (“Bauchi”), Jorge Fuentes Alarcón (“Trostko”), Andrés Pascal Allende (“El Pituto”), Humberto Sotomayor (“Tonio”), Nelson Gutiérrez (“El Guatón”) y Miguel Enríquez. Éste se constituyó en el dirigente más importante. Como responsable de las unidades clandestinas, asumió Arturo Villavela (“Coño”, “Coño Aguilar”). El control de la nueva organización por los jóvenes significó una aceleración en la implementación de la estrategia armada.

El año 1969 marcó la intensificación de la línea de enfrentamiento al gobierno democratacristiano de Eduardo Frei Montalva. Comandos de la organización realizaron asaltos a entidades bancarias, como a la sucursal del Banco del Trabajo, en el barrio de la Vega Central, a la que atacaron dos veces. El enfrentamiento se agudizó, especialmente desde la vejación que estudiantes del MIR le hicieron al periodista derechista Hernán Osses Santa María, del diario Las Últimas Noticias de la Tarde de Concepción. Este hecho permitió al gobierno iniciar una persecución contra el movimiento, el cual debió pasar a la clandestinidad.

Ese mismo año, surgen diferencias internas en la organización. Un grupo de ellos que critica la línea de acercamiento a los frentes de masas propuesta por la dirección, se retira del MIR. El grupo escindido constituye el Movimiento Manuel Rodríguez 2 (MR-2). Entre sus principales dirigentes se hallaban “El Rafa” y el periodista del diario del MIR, El Rebelde, Jorge Silva Luvecce. Después de los asaltos al Supermercado Portofino, en calle Irarrázaval, y a la Armería Italiana, esta organización es desarticulada y sus miembros encarcelados.

Poco antes de las elecciones del 4 de septiembre de 1970, mientras el MIR se encontraba en la clandestinidad, se realizó una reunión de capital importancia entre Miguel Enríquez y Salvador Allende. La reunión se efectuó en una casa de seguridad del Partido Socialista, que también usaba el MIR, ubicada en la zona oriente de Santiago. Para llegar a la residencia, Salvador Allende fue trasladado, en una operación de máxima seguridad, por diferentes autos a distintos puntos de la ciudad, pues, al parecer, temían a la reacción de la gente si se llegaba a saber que el candidato presidencial de la Unidad Popular se reunía con el más buscado por la policía chilena. Allí el candidato presidencial manifestó su molestia por las acciones armadas que realizaba el MIR, las que eran usadas por la prensa proclive a la derecha y causaban daño a la campaña de la izquierda. Miguel Enríquez sostuvo que ellos no hacían “recuperaciones” porque les gustaba, sino porque necesitaban el dinero para mantener la organización. Allende se comprometió a entregar al MIR 80.000 dólares (de la época), antes de finalizar el año 1970. A su vez, Allende le pidió a Miguel Enríquez que se hiciera cargo de su seguridad personal.

Cuando el MIR llegó a reforzar el grupo de seguridad de Salvador Allende, probablemente antes de que el Congreso ratificara el triunfo obtenido en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, se creó una dirección colegiada con un representante del MIR y uno del Partido Socialista. A su vez se integraron al GAP los siguientes miembros del MIR: “Ariel Fontana” (Max Marambio), quien contaba con experiencia en ese tipo de actividades y asumió como jefe del dispositivo, en reemplazo del primer encargado, “Fernando”. Las principales razones de este hecho tienen que ver con que “Ariel Fontana”, debido a su origen, hijo de un diputado socialista, desde joven se había mezclado con una parte de la burguesía chilena, especialmente aquella vinculada a la izquierda. Eso le permitía tener un manejo de “situaciones” que la mayoría de los otros miembros no poseían. “Ariel Fontana” se las arreglaba para cumplir su misión de acompañar a Allende a todos los lugares, por ejemplo, a las guarniciones militares, la Escuela Militar o la Escuela Naval, y cuando los soldados que montaban guardia le impedían el paso, él con naturalidad y mucha autoridad los empujaba y entraba. Eso no lo podían hacer con facilidad otros miembros de la escolta presidencial. También se incorporaron al GAP los miembros del MIR Sergio Pérez, Nestor Gallardo Agüero “Bolche”, y los ex comandos de las Fuerzas Especiales del Ejército, Mario Melo Pradenas y Luis Barraza Rhul. Probablemente también se sumaron:

Sergio Pérez Molina, conocido como el “Chico”, casado con Lumi Videla. Después del golpe fue detenido por efectivos de la DINA y permanece desaparecido.

Nestor Gallardo Agüero (“Bolche”), estudiante de Valdivia, militante del MIR. Vivía en el pensionado de la Universidad de Chile. Después del golpe militar fue detenido y permanece desaparecido.

Mario Ramiro Melo Pradenas (27 años de edad en 1973), ex oficial de la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales del Ejército de Chile. En 1970, junto a un grupo de sus compañeros, fue expulsado del Ejército por faltas a la disciplina (hacer proselitismo marxista). Militante del Partido Socialista, se desempeñaba como asesor del Presidente Allende. El 29 de septiembre de 1973 fue detenido por efectivos de la FACH en la casa de una amiga. Fue visto por última vez en el recinto militar de Peldehue, permanece desaparecido.

Luis Alberto Barraza Rhul (27 años en 1973). Ex Suboficial de Ejército. Militante del Partido Socialista. Detenido el 29 de octubre de 1973 y trasladado a la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales. Permanece desaparecido.

Jorge Vicente Piérola y Julio Martínez Lara. ex miembros de las Fuerzas Especiales y Paracaidistas del Ejército. Militantes del Partido Socialista. Fueron muertos después del golpe militar.

Estimamos que con las incorporaciones al GAP de soldados paracaidistas que habían sido expulsados del Ejército por ser reconocidos marxistas, Allende daba una nítida señal de que al interior de los cuerpos armados del Estado él podía contar con significativos apoyos. Al mismo tiempo, para los oficiales antimarxistas del Ejército era una advertencia de que no les sería fácil atentar contra su persona.

Las elecciones del 4 de septiembre se realizaron con absoluta normalidad y en ellas Salvador Allende alcanzó una victoria relativa. El período siguiente fue de incertidumbre sobre el futuro, puesto que, según el ordenamiento constitucional vigente, era el Congreso en pleno el que debía decidir entre las dos primeras mayorías relativas.

Para impedir que el Congreso se pronunciara a favor de Allende, que había obtenido la primera mayoría relativa, un grupo de extremistas vinculados a la derecha y al ex general Roberto Viaux trató de secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider. Éste, al oponer resistencia e intentar sacar el revolver de servicio, fue herido de muerte por la inexperiencia de los secuestradores.

Creemos que este hecho fue determinante para la constitución del Grupo de Amigos Personales (GAP). Ciertamente, si la derecha atacaba al Comandante en Jefe del Ejército, también podía atentar contra el Presidente. En el ataque a Schneider el GAP encontró su argumento fundacional: el Presidente socialista de Chile sólo podía entregar su seguridad a un grupo formado por gente de su confianza, que le fuera absolutamente leal.

 

1.3. EL ORIGEN DEL NOMBRE: UNA RESPUESTA DE ALLENDE

 

Los primeros GAP seguían al Presidente Allende a todas partes a bordo de una camioneta Volkswagen. Portaban revólveres, pistolas, escopetas y rifles Winchester, conseguidos por Osvaldo Puccio, por algunos amigos del Primer Mandatario y, las menos, por el MIR.

En una de las primeras salidas del grupo, mientras se hallaban en una población, un acucioso periodista que miraba atentamente a los jóvenes armados que no se separaban del Presidente, a los que se les notaba que no pertenecían a la Policía de Investigaciones, y que se rumoreaba eran miristas, le preguntó a Allende quiénes eran; y éste, en una de sus típicas respuestas, le contestó “son unos amigos personales”. Allí nació la denominación. Desde ese instante serían conocidos por la prensa como el Grupo de Amigos Personales (GAP). Ellos transitaban por las calles a alta velocidad, mostrando en forma amenazante los cañones de sus armas, sin los seguros, preparados a disparar a la menor sospecha de un atentado. El secreto en que se movían, sin que se conocieran sus nombres verdaderos ni su origen, les hizo famosos, amados y odiados.

El 12 de noviembre de 1970, poco después de haber asumido la dirección de la nación, el Presidente Allende decidió desistirse en los procesos por infracción a la ley de Seguridad Interior del Estado que afectaban a 30 militantes izquierdistas, los que habían sido aprehendidos, acusados de la realización de acciones guerrilleras durante el mandato de Eduardo Frei, y que hasta ese momento permanecían detenidos. La argumentación del Primer Mandatario fue que merecían el desistimiento presidencial, pues sólo eran jóvenes idealistas. Algunos de ellos, cuando salieron de la cárcel, se integraron al Grupo de Amigos Personales. Creemos que con estas nuevas incorporaciones quedaba completa la fisonomía de la organización en su primera etapa. Entonces era una escolta pequeña formada por socialistas y cuatro miristas, que en ningún caso sobrepasaba las 20 personas. Entre ellas:


“Ariel Fontana” (MIR, jefe del dispositivo)

Sergio Pérez (MIR)

Néstor Gallardo (MIR)

Jorge Silva L. (MIR)

Mario Melo (ex paracaidista, socialista)

Luis Barraza R. (ex paracaidista, socialista)

Julio Martínez L. (ex paracaidista, socialista)

Jorge Piérola (ex paracaidista, socialista)

“Mariano” (socialista)

“Fernando” (socialista)

“Luisito” (socialista)

“Manuel” (socialista)

“Kique” (socialista)

“Bruno” (socialista)

“Carlos Álamos” (socialista)

 

1.4. FIDEL CASTRO: LA INFLUENCIA CUBANA EN EL GAP

 

Hemos dicho que una de las personas que más se preocupaban por la seguridad del Presidente era Tati. Ésta era conocida en las más altas esferas del régimen cubano, no sólo como la hija de Allende, sino también como una verdadera revolucionaria. A través de sus contactos ella pidió el apoyo cubano para el Grupo de Amigos Personales (GAP). Esta ayuda se materializó de dos formas: el envío de oficiales del Ministerio del Interior (Minit) y del Ministerio de las Fuerzas Armadas (Minfar) de Cuba, expertos en materias de protección a personalidades, para asesorar a la escolta allendista y apoyar su trabajo en terreno; y la especialización en la nación caribeña de varios contingentes del GAP. “Preparamos alguna gente […] para la seguridad personal en la cual teníamos experiencia, porque habíamos tenido que defendernos […] de aquellos que querían liquidarnos. Y esa experiencia se la transmitimos al que pensamos que tenía enemigos, que podían tratar de atentar contra […] su vida.” Creemos que para la administración cubana esto era importante, pues le permitía penetrar en el entorno del Presidente, acrecentando su influencia en la nueva revolución, y a la vez preparar la seguridad de la visita que realizaría Fidel Castro durante 1971. Uno de los primeros cubanos en llegar a Chile para desempeñar esa tarea se apellidaba Riveros.

En esa época un grupo de diez personas, formado entre otros por “Bruno” y “Manuel”, se embarcaron hacia Cuba para especializarse en la tarea de proteger la vida del Presidente Allende y su entorno. El curso tuvo una duración de 15 días; principalmente realizaron entrenamientos de defensa personal y algunas cuestiones relativas a la seguridad. Con posterioridad, a fines de 1972 un grupo similar viajó para tomar el mismo curso.

La práctica de enviar gente a Cuba para entrenarla en actividades paramilitares y de seguridad personal parece haber sido bastante frecuente, incluso hasta fines del gobierno. En julio de 1973, un numeroso contingente de militantes del Partido Socialista aterrizó en La Habana. Allí se les comunicó que su misión era adquirir los conocimientos necesarios para integrarse a su vuelta al Grupo de Amigos Personales. Éstos se opusieron, ya que cuando partieron les informaron que iban a recibir preparación en tácticas de guerrilla rural y urbana. Cuando se produjo el golpe de Estado aún se encontraban en La Habana.

Por motivos de seguridad, la llegada a Chile de Fidel Castro sólo fue anunciada con dos días de anticipación, sin mencionar el lugar de arribo, reflejo de la preocupación por la seguridad de éste y por la de Salvador Allende. Para esa fecha ya habían retornado de Cuba, para integrarse al dispositivo de seguridad presidencial, los jóvenes que participaron en el primer curso de instrucción.

Fidel Castro envió un numeroso contingente para encargarse de su seguridad, así como del personal diplomático cubano que prestaba servicios en el país. Al mando del grupo venía Antonio de la Guardia, acompañado de varios miembros del cuerpo de Tropas Especiales, como las conocen allí, el equivalente de los boinas verdes norteamericanos. Ellos tomaron contacto con el Grupo de Amigos Personales y en conjunto crearon un plan de contingencia que les posibilitara cumplir exitosamente su misión.

El GAP fue dividido en dos escoltas, una debía estar con Allende y a la otra se le unirían los guardias de Fidel Castro, formando un grupo mixto.

En el trayecto que ambos mandatarios realizaron desde el aeropuerto Pudahuel, en un automóvil descubierto, constatamos que a bordo del automóvil observan atentamente “Carlos Álamos” y el oficial cubano Riveros. Estimamos que este hecho fue uno de los aspectos más significativos de todo el decurso histórico del Grupo de Amigos Personales (GAP). Fue su prueba de fuego, una muestra de confianza en la lealtad de sus miembros y en el profesionalismo y capacidad operativa de ellos. Es difícil que en otras ocasiones se haya repetido la coyuntura de que un líder tan celoso por su integridad, como Fidel Castro, permitiera que parte importante de su protección la realizaran hombres que no eran de su escolta. Además, es un buen indicador para visualizar las estrechas relaciones existentes entre los aparatos de seguridad de Allende y Castro.

En el resto de la extensa visita del mandatario cubano, no hemos recogido hechos particulares que hayan demandado acciones especiales de parte del aparato de seguridad de Salvador Allende. En las actividades donde no participaba el Presidente chileno, el resguardo de Fidel Castro estuvo a cargo de la escolta mixta. En la visita al puerto de Valparaíso, el gobierno crea, con militantes del Partido Socialista y de confianza de los partidos de la Unidad Popular, brigadas de seguridad, las que mezcladas con el público vigilaron el desarrollo de las actividades.

Al regresar a su país la escolta de Fidel, que había traído una cantidad mayor de armas que las que habitualmente transportaba, dejó una parte importante en Chile, retornando con el armamento mínimo para asegurar la integridad del comandante Castro. En el país quedaron lanzacohetes RPG-7, fusiles AKA-47, pistolas y subametralladoras, además de una gran cantidad de parque (balas). Creemos que esta donación fue uno de los mayores aportes de armas cubanas a la izquierda chilena en el período de la Unidad Popular. Parte de ellas pasó a integrar el arsenal del GAP; otra fue incorporada al stock del aparato militar del Partido Socialista. Es posible que, debido a la oposición de Allende, no le entregaron armas al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Sin embargo, como en esa etapa los miristas controlaban el grupo de la seguridad presidencial, también indirectamente tenían acceso a ellas y se las llevaron consigo tras su salida del GAP.

Posteriormente, cuando visitó Chile el Presidente de la República de Cuba, Osvaldo Dorticós, fue escoltado por agentes del GAP.

 

1.5. LA EXPULSIÓN DEL MIR

 

La forma en que “Ariel Fontana” trataba a los jóvenes del dispositivo fue causa de innumerables dificultades, principalmente con los militantes del Partido Socialista y con los de mayor experiencia en la función que cumplían. Los hombres dejaron de confiar en él, comenzaron a poner dificultades en el cumplimiento de las órdenes. Con la intención de superar con rapidez estas dificultades, el MIR envió a “Tonio” (Humberto Sotomayor), miembro de su Comisión Política, para que asumiera la dirección en reemplazo de “Ariel Fontana”.

La institucionalización de la guardia armada civil del Presidente Allende en la vida nacional le fue posibilitando al MIR la ejecución de una serie de actividades paralelas y encubiertas, bajo la apariencia de prestar protección al Primer Mandatario y sus residencias. La organización implementó verdaderos cursos de formación paramilitar. Las clases eran impartidas con la “ayuda de oficiales cubanos”.

Efectivamente, la dirección del GAP usaba las instalaciones construidas en El Cañaveral, donde tenía una pequeña cancha de entrenamientos, y los polígonos de tiro del Cuerpo de Carabineros en La Reina para impartir conocimientos guerrilleros, que incluían prácticas de tiro. Creemos que el uso de las instalaciones policiales era posible porque se trataba de la guardia del Presidente y Carabineros dependía directamente del Ministerio del Interior; además Carabineros era la institución armada más leal al Primer Mandatario. Ésta es una prueba de la ambigüedad legal en la que se desenvolvía el GAP.

Numerosos cuadros del MIR que no tenían ninguna relación con el GAP visitaron las instalaciones, recibiendo instrucciones sobre la utilización de armas y técnicas y tácticas conspirativas. Esto indica que el GAP en ese período era no sólo un dispositivo para la seguridad de Allende, sino que a la vez una escuela de formación de combatientes. En otras palabras, el GAP pudo ser el germen de un ejército revolucionario.

Una de las premisas fundamentales para que los grupos de seguridad puedan cumplir exitosamente con su trabajo es no tener flancos débiles. Desde esa perspectiva, la acción que el MIR en el GAP aumentaba el riesgo de infiltración en el entorno de Allende.

En esa etapa, algunos miembros del MIR empezaron a realizar acciones de “financiamiento privado”. Estas acciones eran asaltos cuyo dinero no ingresaba a los movimientos o partidos de izquierda, sino a los bolsillos de quienes las ejecutaban, es decir ex-miembros del GAP que después se fueron de la organización sin entregar las credenciales, efectuaron esas operaciones y “cuando los pillaban aparecían como gente vínculada al GAP”.

Un suceso que ilustra las acciones del dispositivo en esa etapa fue el acontecido el Viernes Santo de 1972, en el pueblo de Curimón, departamento de San Felipe, provincia de Aconcagua. Al atardecer, una camioneta Chevrolet, conducida en estado de ebriedad por Fernando Amaya Sepúlveda, GAP, ex oficial paracaidista del Ejército, quien portaba una credencial que lo distinguía como funcionario de la Presidencia de la República (seguridad presidencial, mecánico), se estrelló con un poste del alumbrado público. Amaya iba acompañado por Guillermo Pardo Tobar, ex comando del Ejército de Chile, Mario Pérez, de quien se desconocían mayores datos, y Óscar Delgado (“El Negro Puga”), también ex comando y paracaidista.

Luego del accidente los dos primeros fueron detenidos y en su poder se encontraron planos de instalaciones militares, una granada de ejército (de origen español), dos cargadores para fusil Garand con 15 proyectiles cada uno, dos cargadores para pistolas con ocho balas cada uno, dieciocho vainillas calibre 45 y 14 calibre 32. Mario Pérez y Óscar Delgado lograron escapar.

Creemos que participaban en la búsqueda del mayor Arturo Marshall, ex boina negra del Ejército, y, al parecer, también realizaban un estudio operativo de la zona. Marshall, según los rumores que circulaban entre los militantes de izquierda, se desempeñaba como instructor militar del frente nacionalista Patria y Libertad, y se pensaba que se escondía en el regimiento Yungay de San Felipe.

Pero todo el esfuerzo fue inútil, actuaron como irresponsables, se pusieron a beber, chocaron. Fueron detenidos, descubriéndose la naturaleza de la misión. Alertaron a la inteligencia del Ejército, que ya los conocía, y dejaron mal parado al GAP, comprometiendo al Presidente Allende. Luis Guastavino, diputado comunista por Valparaíso, sostuvo que era un hecho anormal, que debía ser investigado porque “cuando una acción de ultraizquierda se desarrolla […] esa acción termina sirviendo los intereses de la Derecha”. La crítica también se desató en la oposición, que podía comprobar cómo miembros o ex integrantes de la escolta de Allende, al “amparo” de ésta, realizaban acciones reñidas con la legislación vigente. De esa manera, se siembran dudas sobre la verdadera naturaleza y objetivos del Grupo de Amigos Personales.

En ese marco, el Partido Socialista decidió asumir el control definitivo y responsable de la guardia presidencial, ordenarla y profesionalizarla. Los principales argumentos socialistas fueron que si el Presidente era militante del partido, era lógico que ellos estuvieran a cargo de su seguridad; también se afirmaba que los miembros del GAP no podían operar en forma autónoma porque eran militantes socialistas; finalmente, se sostenía que el partido contaba con gente profesional, de absoluta confianza y de comportamiento intachable.

Allende y su entorno aceptaron con satisfacción y convencidos, y “Tonio”, así como la mayoría de los militantes del MIR, dejaron de formar parte del Grupo de Amigos Personales. Sin embargo, en una actuación inexplicable el MIR se llevó más de la mitad del arsenal de la organización. Entre las especies sustraídas había dos cañones sin retroceso, algunas ametralladoras de calibre punto 30, punto 50, fusiles AKA-47 y rifles del campo capitalista, FAL.

La relación de confianza política entre el MIR, la Unidad Popular y el Presidente Allende se había trizado. Este quiebre se advierte claramente en el enfrentamiento entre policías y pobladores en Lo Hermida el 5 de agosto de 1972. Miembros de la directiva mirista denunciaron que algunos detectives habrían torturado a pobladores detenidos en el hecho. La denuncia, dirigida específicamente en contra del socialista “Coco” Paredes, Director de Investigaciones, y Carlos Toro, comunista, Subdirector de Investigaciones, causó malestar en la coalición gobernante y en el Presidente Allende. Según Víctor Toro, sectores comunistas plantearon la necesidad de reprimir al MIR. La directiva mirista hizo presente que debían recordar que el MIR guardaba las armas del Grupo de Amigos Personales GAP.

Días después del enfrentamiento y de las acusaciones, el Presidente visitó la población Lo Hermida, pero algunos integrantes del MIR y de otros grupos como la USOPO, dirigidos por el comandante “Raúl”, trataron de impedir que ingresara. Un grupo del GAP penetró a la fuerza en la sede social y abrieron la puerta para que Allende entrara y hablara con los pobladores, a fin de conocer la versión que ellos tenían del suceso.

Sin embargo, Allende intentaba mantener buenas relaciones con el MIR, como lo señala un informe del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de la URSS, que afirma que “Allende, a pesar de algunas de sus declaraciones respecto al MIR, donde los amenaza con represalias, aspira más bien a poner bajo su control a esta organización más que a debilitarla o a destruirla”.

 

 

II. LOS FIELES AMIGOS DE SALVADOR ALLENDE

 

2.1. EL GAP BAJO EL CONTROL DEL PARTIDO SOCIALISTA

 

El deber del Partido Socialista de Chile de dirigir la organización que tenía como misión garantizar la seguridad de su Presidente, y que poseía también la mayor cantidad de armas y recursos logísticos, se cumplió. Estimamos que a mediados de 1972 Marcelo Schilling fue designado coordinador entre el PS, la Presidencia de la República y el Grupo de Amigos Personales. Schilling, comisario político del GAP, en la nueva estructura tenía la misión de ordenar al dispositivo, darle unidad político-ideológica y entregarle la profesionalización requerida para cumplir su cometido. Debía evitar los errores y desatinos irresponsables del período mirista, para transformar el grupo de seguridad presidencial en una eficiente organización que garantizara totalmente la integridad del Presidente de Chile.

Nuevos miembros ingresaron al GAP, todos militantes socialistas, de absoluta confianza de la dirección partidaria y de la presidencia de la República. La dirección quedó constituida por “Bruno” como jefe máximo del dispositivo, “Carlos Álamos” se encargó de la sección Escolta Presidencial, “Mariano” (Francisco Argandoña) siguió como responsable del Grupo de Avance, “Kique” (Enrique Huerta) continuó al frente de la logística como Intendente del Palacio de La Moneda, y “Aníbal” (Juan José Montiglio Murúa) también asumió un puesto en la dirección.

Los responsables implementaron algunas medidas tendientes a reforzar la seguridad del dispositivo tales como facilitar el cambio de residencia de algunos miembros, a fin de concentrarlos en un área cercana a la casa del Presidente Allende en la calle Tomás Moro. Muchos fueron trasladados a las viviendas de un barrio modesto (conocidos como “poblaciones CORVI”), localizado sólo a algunas cuadras de la casa presidencial, hacia la montaña, en la comuna de La Reina. La reunión de los miembros del GAP en un lugar cercano permitía que la dirección tuviera un mejor control de las actividades que hacían en su tiempo libre, evitando los comportamientos peligrosos para la seguridad de la organización, licenciosos y alejados de las buenas costumbres; al mismo tiempo, la mayor cercanía les permitía acudir rápidamente a las llamadas de alarma; finalmente, se ahorraba dinero en transporte. El inconveniente principal de que estuvieran juntos fue un aumento en las posibilidades de romper la compartimentación.

Estimamos que bajo el control del Partido Socialista a través de “Bruno”, “Carlos Álamos”, “Mariano”, “Aníbal”, “Kique” y la jefatura política de “Gastón”, el Grupo de Amigos Personales adquirió su fisonomía definitiva, convirtiéndose en una organización dedicada a la custodia del Presidente de la República, su familia y las residencias. Los grados de eficiencia aumentaron, profesionalizándose sus miembros hasta convertirse en una efectiva organización paramilitar, cuyos militantes estaban capacitados para desarrollar las diversas tareas que la estrategia revolucionaria demandara.

Recibieron su entrenamiento en Chile, porque los que “viajaron a Cuba fueron pocos, no fue una cuestión masiva”. Ellos empezaron a practicar dirigidos por la gente que en esas materias sí tenía formación. Entre los instructores destacó Mario Melo, ex oficial paracaidista del Ejército chileno. También llegaron algunos cubanos para enseñarles el manejo de los autos, pero el GAP “tenía un chofer muy bueno, mejor que los caribeños”; vino otra gente que les ayudó a entrenar, pero básicamente los conocimientos los adquirieron en Chile. Lo que sabían no era mucho, pero destacaban nítidamente porque “eran super dedicados, muy rigurosos, eran muy buenos”. La mayoría de los entrenamientos, en esta etapa, igual que en la anterior, los realizaban en la pequeña cancha de obstáculos de El Cañaveral y en los cerros cercanos.

Cada dos meses, una veintena de jóvenes venidos de todo el país intentaban vencer las trabas para ingresar al grupo: debían ser miembros del Partido Socialista, haber tenido una militancia constante, poseer claridad de ideas, reunir las condiciones físicas necesarias y tener recomendaciones de algún dirigente del Partido. La selección se realizaba en El Cañaveral, a veces con la presencia de Allende. Estimamos que la decisión final para reclutar a los nuevos GAP la tomaba la jefatura del grupo, pero en ella influían significativamente el Presidente, su hija Tati y el doctor Eduardo “Coco” Paredes. Una vez reclutados, eran enviados a una de las tres reparticiones de la organización. Los que no eran seleccionados volvían a sus bases de origen, donde podían aplicar los conocimientos político-militares adquiridos.

 

2.2. LA LEGALIDAD Y FINANCIAMIENTO DEL GAP

 

El Grupo de Amigos Personales (GAP) era en sí una organización revolucionaria, porque ningún presidente de Chile ha contado con un grupo de similares características y, además, no tenía reconocimiento alguno dentro de la legalidad entonces vigente. Al comienzo se discutió una iniciativa legal para que sus miembros fueran contratados como funcionarios de la Policía de Investigaciones. Esta propuesta no se materializó. La legitimidad del grupo provenía solamente del apoyo que le daba de hecho el Presidente de la República. Durante la etapa del MIR, dependía exclusivamente de la Presidencia. Cuando el Partido Socialista tomó el control de la organización, pasó a depender del Partido y de la Presidencia.

Aunque no conocemos la forma exacta en que se financiaba y la cantidad de dinero que mensualmente gastaba, creemos que obtenía los recursos necesarios de la Presidencia de la República y del Partido Socialista; también es posible que el gobierno cubano le entregara dinero en alguna oportunidad. Los GAP solamente recibían un estipendio, pues eran enviados a la organización por el Partido Socialista en comisión de servicio.

 

2.3. LA ESTRUCTURA DEL GRUPO DE AMIGOS PERSONALES

 

Desde el comienzo la organización diseñó una estructura dividida en tres secciones específicas: la Escolta, el Grupo de Avance y la Guarnición.

La sección Escolta Presidencial era la más numerosa e importante de las divisiones con que contaba el dispositivo. Se componía de alrededor de 20 hombres, casi la mitad de todos los miembros que tenía el GAP. Su misión específica era proteger y conducir al Presidente Allende hasta los lugares donde realizaba sus actividades.

Para transportarlo, la sección Escolta disponía de varios automóviles marca Fiat, la mayoría azules; también contaba con algunos de otros colores, además de camionetas. Todos los vehículos tenían el carburador arreglado para correr a 200 kilómetros por hora. Puesta en marcha la Escolta, generalmente estaba formada por tres autos del GAP, más algunas patrulleras de Carabineros e Investigaciones. En ocasiones ponían un cuarto auto de un color diferente, cuya misión era distraer a los posibles atacantes. En el Fiat designado con el N° “1” viajaba el Presidente; iba acompañado por el jefe de Escolta y el edecán militar de turno; si éste no estaba, un miembro del grupo, llamado edecán civil, ocupaba su lugar. Esta persona permanecía cerca de Allende, jamás debía separarse de él; y en caso de un atentado debía interponer su cuerpo para recibir el primer impacto y posibilitar la reacción de los miembros de la seguridad. En el cumplimiento de su misión portaba una pistola y una subametralladora y no “conocía” los chalecos antibalas.

Poseían equipos de radiotransmisión y teléfonos móviles cuya batería la transportaban en la maleta del automóvil; para ese tiempo era un gran adelanto tecnológico. La central de comunicaciones estaba en Tomás Moro. Desde allí controlaban los despachos, que eran cifrados, usando números y letras. Las claves cambiaban cada cierto tiempo, para evitar que fueran conocidas por los enemigos.

El Grupo de Avance fue la más desconocida de las divisiones del GAP. Esta división, poco numerosa, al mando de “Mariano” (Francisco Argandoña), tenía la misión de anticiparse y tomar posesión de todos los lugares que visitaba el Presidente Salvador Allende. Debía coordinar con los servicios de Carabineros e Investigaciones todas las iniciativas que fueran necesarias para resguardar el lugar.

De las actividades del Grupo de Avance podemos relatar los hechos del 21 de mayo de 1971 en Valparaíso. En la mañana se efectuaba el tradicional desfile de homenaje a las glorias navales. Muy temprano la seguridad de la Intendencia regional fue alertada por una llamada anónima; la voz advirtió que elementos pertenecientes a Patria y Libertad habían instalado explosivos bajo el muelle Prat, los que serían detonados cuando Allende arribara al lugar. En la búsqueda de la bomba participaron miembros del Grupo de Avance del GAP y agentes de investigaciones, bajo las órdenes del Jefe de Seguridad de la Intendencia de la Provincia de Valparaíso y del almirante José Toribio Merino. La amenaza resultó ser falsa.

La tercera sección del Grupo de Amigos Personales era conocida como Guarnición. Estaba dividida en varios grupos de no más de seis personas. Cada una de las unidades tenía su propio responsable. Éste dependía directamente del mando central del dispositivo. Su misión era prestar servicios de guardia y protección a las residencias de Tomás Moro, El Cañaveral y el Palacio de la Moneda, donde vigilaban las oficinas de la Presidencia de la República. Para desarrollar sus actividades en la casa de Tomás Moro, construyeron varias casetas o garitas de vigilancia. Portaban armas de puño y en ocasiones fusiles o subametralladoras.

Punto central del dispositivo fue la compartimentación. Cuando los jóvenes ingresaban a la organización, les entregaban una credencial de la Presidencia de la República con su nueva identidad, y el seudónimo por el que serían designados en el GAP. Recibían instrucciones precisas acerca de no conocer a sus compañeros, no frecuentar sus casas, no mezclar a sus familiares. La idea era que tuvieran el menor contacto posible entre ellos, porque de esa manera ofrecían menos puntos débiles.

Estas medidas funcionaron bastante bien, ya que en realidad los miembros no llegaron a conocerse. Después del golpe de Estado, si llegaban a ser detenidos, resultaba imposible que delataran a sus compañeros. La compartimentación fue efectiva; ejemplo de ello son las dificultades que tienen los sobrevivientes, uniendo seudónimos y nombres reales, para identificar a sus camaradas.

Hacia el fin del gobierno de Allende, cuando la dotación había disminuido y las posibilidades de un golpe de Estado se acrecentaron, muchos miembros optaron por espaciar las visitas a sus familiares. Luisa Catalán, esposa de ”Pato”, afirma que él iba a su casa una vez al mes, a veces cada 90 días, y le decía que no quería comprometerla en sus actividades. Algunos miembros de la organización y sus familiares eran atendidos por los doctores de la Presidencia. Ellos realizaban los tratamientos en Tomás Moro, La Moneda o los hospitales públicos donde trabajaban. Los médicos no conocían la historia clínica ni los nombres reales de sus pacientes.

 

2.4. EL TANQUETAZO: EL GAP EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

 

El fin del gobierno de la Unidad Popular comenzó en la mañana del 29 de junio de 1973. Ese día podía haber sido uno más, sin embargo el destino quiso que fuera de capital importancia para la administración de Salvador Allende y la revolución chilena.

A las 8:55 de la mañana las informaciones llegan a la residencia de Tomás Moro N° 200, donde se encuentra el Presidente. Varios tanques, un portatanques y dos camiones con 40 hombres cada uno del Regimiento Blindado N° 2, que tiene su sede en la calle Santa Rosa, dirigidos por el coronel Roberto Souper, comandante del regimiento, se han sublevado y abren fuego contra el Palacio de la Moneda y el Ministerio de Defensa. La guardia de Carabineros al mando del teniente Guillermo Pérez les presenta batalla, generalizándose un enfrentamiento. El alzamiento forma parte de un intento de golpe de Estado en el que probablemente se han unido militares con el grupo subversivo de derecha Patria y Libertad.

El Presidente Salvador Allende, acompañado de sus edecanes, especialmente de Arturo Araya, jefe de la Casa Militar y capitán de navío, establece contactos con las fuerzas militares que se mantienen leales, con la finalidad de controlar prontamente el alzamiento. Las fuerzas del gobierno obedecen al Comandante en Jefe del Ejército, general Carlos Prats González.

El Comandante en Jefe, acompañado de su escolta, decide dominar personalmente la subversión para evitar el derramamiento de sangre. Se acerca a los tanques que disparan sobre La Moneda e, imponiendo su jerarquía, uno a uno les va ordenando que regresen a su regimiento. Todos obedecen excepto uno que se da a la fuga, perseguido por las fuerzas leales al gobierno.

Mientras eso acontece en el centro de la capital, en la residencia de Tomás Moro N° 200 el Presidente se desespera por bajar a La Moneda y sofocar personalmente el alzamiento. Los jefes del GAP se lo impiden. La estrategia de ellos es ganar tiempo para que las Fuerzas Armadas se encarguen de la situación, y si éstas no lo hacen, ir hasta La Moneda con una escolta bien constituida, que pueda abrirse paso. Allende es obligado a permanecer en su habitación, mientras “Bruno” y los demás jefes planifican el traslado. El Primer Mandatario ordena que un helicóptero acuda hasta su residencia para sobrevolar la zona de combate; la jefatura del GAP se opone y el vehículo es obligado a marcharse. Los responsables del GAP estaban convencidos de que si ellos se trabaran en combate, Allende también lucharía. Además, afirman que tenía muy buena puntería.

El Presidente era orgulloso de su condición de revolucionario, y le gustaba disparar, como queda de manifiesto en la siguiente anécdota: “Durante la visita de Fidel Castro realizaron un crucero en un barco de la Armada, en el viaje el Comandante comenzó a dispararles a unas aves, el Presidente inmediatamente pidió un fusil y comenzó a hacer lo mismo, y ‘no le iba en zaga’”.

Cuando ya no pudieron retener por más tiempo al Presidente, “Aníbal”, uno de los jefes del dispositivo, los reúne, les dice que todos se van a La Moneda y que necesitan cuatro voluntarios para el auto de vanguardia, que tiene la misión de abrir paso a la comitiva a como dé lugar. Se ofrecen “Aníbal”, los hermanos Isidro y Hugo García, y uno de sus compañeros que no hemos podido identificar.

Dilatar la salida del Presidente hacia el centro les permitió a los responsables del GAP preparar la escolta más numerosa y mejor armada de toda su historia. Efectivamente, hacia La Moneda salieron 50 compañeros comandados por “Bruno”, en una caravana de 10 vehículos, entre ellos varias camionetas de apoyo que llevaban montadas ametralladoras punto 30; también bajaron algunos autos de Carabineros dirigidos por el Subdirector de la institución, general Urrutia, y la escolta de Investigaciones. Los hombres portaban fusiles AKA-47, lanzacohetes RPG-7 y numerosas subametralladoras. En el auto “1” iban Allende, el general Urrutia y “Manuel”, su edecán civil. El Presidente portaba una pistola Walter y su fusil AKA-47, regalo de Fidel Castro, lo lleva “Manuel”; tiene orden de pasárselo ante cualquier imprevisto.

En el trayecto la comitiva encontró una patrulla de militares frente al edificio de Televisión Nacional. Los “compañeros” del auto de vanguardia los encañonaron y los mantuvieron así hasta que todo el grupo quedó fuera de su alcance. Los soldados eran leales, pese a ello los GAP no se confiaron, pues temen una traición.

Al llegar al centro de la capital la comitiva se divide en dos, un grupo se dirige al Palacio de Gobierno, para tomar posiciones de combate y asegurar la llegada del Presidente; el otro, en el que va Allende, parte hacia el cuartel del servicio de Investigaciones, ubicado en calle General Mackenna. Allí lo espera Alfredo Joignant, Director General, y un numeroso grupo de detectives de confianza.

Cuando arriban a Investigaciones, Allende se apea del auto y dice a la escolta que nadie se baje; en ese momento el edecán del Presidente, comandante Arturo Araya, contradiciendo al Jefe de Estado, afirma: “No, todos se bajan con sus armas”. El edecán, que porta una metralleta P-40 del GAP, con su experiencia de militar, comprende la gravedad de la situación que enfrentan; en un claro gesto de compromiso con el proceso revolucionario de la Unidad Popular, asume el mando del grupo. Poco más tarde, cuando todavía hay disparos, la comitiva llega con el Presidente hasta La Moneda. Arturo Araya les ordena “que saquen sus armas y todo el mundo a protegerse”. La escolta obedece y cargan todos los implementos que poseen. En los días siguientes el hecho fue profusamente comentado por los militantes de izquierda.

El comportamiento del capitán Araya el 29 de junio sólo fue el reflejo de la actitud adoptada por muchos oficiales, suboficiales y tropa de todas las ramas de las Fuerzas Armadas que no obedecieron las instrucciones de los golpistas para marchar hacia La Moneda. Andrés Pascal Allende afirma que había más oficiales comprometidos en la sublevación y cuando éstos entregaron las órdenes de combate, oficiales, suboficiales y tropa se negaron a obedecer. Para él fue, sin lugar a dudas, la máxima demostración de apoyo al gobierno de la Unidad Popular al interior de las FF. AA. Creemos que además de los oficiales conocidos que respaldaban a la Unidad Popular (Prats, Sepúlveda Galindo, Urrutia), tenía particular importancia el general de Carabineros Rubén Álvarez, una de las primeras antigüedades de la institución. Seguramente él era el hombre más leal y confiable de la Unidad Popular y del Partido Socialista. Por qué Allende no lo nombró Director General —como se lo pidió la Unidad Popular— es un misterio y una de las claves de la caída del gobierno.

En el sofocamiento de este conato de golpe de Estado, el Grupo de Amigos Personales no tuvo una participación decisiva; sin embargo, del análisis detallado del hecho, los responsables de la seguridad del gobierno sacaron algunas conclusiones importantes: redoblaron la guardia nocturna permanente en el Palacio de Gobierno, aumentaron el número de médicos en La Moneda, adaptaron allí una clínica de emergencia y reforzaron la defensa incluyendo más ametralladoras y dos o tres bazucas. Al mismo tiempo, comprendieron que otro intento de golpe podría ser masivo, involucrando a un mayor numero de fuerzas militares y debían estar preparados para ello. Diez miembros del dispositivo, al constatar la magnitud de un enfrentamiento con fuerzas militares, desertaron del GAP. “Proteger al Presidente era honorable, pero para algunos no al punto de arriesgar tanto”.

 

2.5. EL ASESINATO DEL CAPITÁN ARAYA: INTENTAN CULPAR A “BRUNO”

 

Un mes después, otro hecho causaría enormes dificultades. La noche del 26 de julio hubo una recepción en la embajada de Cuba, con motivo de cumplirse un aniversario más del asalto al Cuartel Moncada. Allende concurrió acompañado por su escolta, esa noche a cargo de “Bruno”, y por el jefe de la Casa Militar, capitán de navío Arturo Araya. Momentos después de que el alto oficial regresara a su hogar, un grupo de personas realizó manifestaciones antigubernamentales y amenazas contra su vida. El marino salió al balcón de su hogar, portando la metralleta checoslovaca P-40, perteneciente al GAP, para enfrentar a los desconocidos. Estos abrieron fuego y lo hirieron de muerte.

El 27 de julio Chile se despierta con una gran interrogante: ¿quiénes mataron al capitán de navío Arturo Araya? Efectivos reforzados de la policía civil y uniformada realizan intensos patrullajes y rastreos en busca de los asesinos.

Allende está consternado. Para nadie era un misterio que Arturo Araya se había constituido en uno de sus más apreciados colaboradores y amigos.

El acontecimiento conmovió al país, Allende ordenó que el CONSUSENA, con la participación de los servicios de inteligencia de todas las ramas de las Fuerzas Armadas, más Carabineros e Investigaciones, formara una comisión para que investigue el hecho.

Algunos días después, la prensa de derecha informa con grandes caracteres que Carabineros había detenido a uno de los participantes en el asesinato; se trataba del obrero electricista del Servicio Agrícola Mecanizado (SEAM), filial de CORFO, José Riquelme Bascuñán, militante del Partido Socialista. Éste fue inculpado por el capitán de la Inteligencia de Carabineros Germán Esquivel. Riquelme habría “confesado” que el comando que asesinó al edecán Arturo Araya era dirigido por un señor Blanco (Domingo Blanco Tarrés, “Bruno”), miembro del GAP, acompañado por tres cubanos y otros militantes del Frente de Trabajadores Revolucionarios del MIR (FTR) y el Partido Socialista.

El revuelo causado por esta denuncia fue inmenso. De su asesinato se culpaba a la izquierda, en especial al GAP, el grupo de personas más cercanas al Presidente de la República. Para el Director General de Investigaciones la investigación policial fue concluyente: el comando de asesinos no pertenecía a la izquierda; en la misma forma se expresa el detective Arrieta; el ex GAP Isidro García afirma que la noche del asesinato de Araya, “Bruno” ejercía como jefe de escolta el Presidente; es decir, iban en el mismo auto. Creemos que con esta estrategia se pretendía desprestigiar a la organización de seguridad presidencial; se apuraba el proceso de separación entre las FF. AA. y el gobierno, y se privaba a la Unidad Popular del único oficial que podía liderar a la tropa de la Armada en defensa del gobierno. Además se hacía fracasar la adquisición por parte del Ejército chileno de armamento soviético. El general (r) Nikolai Leonov, ex vicedirector del Comité de Seguridad del Estado de la URSS (KGB), afirma que los barcos con armamento soviético (tanques), que había solicitado el general Prats y que venían en camino, recibieron la orden de virar debido a que en las altas esferas soviéticas “la reacción del Presidente Allende ante el asesinato de su edecán naval produjo una impresión muy negativa: él [Allende] no aprovechó ese momento para movilizar a las masas y salir a la calle”.

El nombre y la fotografía de “Bruno” aparecieron en todos los titulares de la prensa opositora. Así quedaba roto el secreto y la compartimentación del GAP, poniéndose en riesgo la seguridad del Presidente.

Pero, ¿quién era Domingo Blanco Tarrés? Era el jefe del Grupo de Amigos Personales. Descendía de una familia de inmigrantes ítalo-franceses; en 1973 tenía 32 años de edad, estaba casado y tenía una hija. Trabajaba como dependiente en el almacén de un familiar en la zona norte de la capital. Realizó estudios de medicina y allí tomó contacto con el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN), sección chilena. Antes de ingresar al GAP ya era un reconocido activista del Partido Socialista, tenía una larga experiencia como organizador de los pobladores; “era responsable”. Fue enviado por el Partido Socialista a Cuba, para recibir entrenamiento paramilitar, específicamente en materias de seguridad.

Desde el asesinato del comandante Araya, “Bruno” debió permanecer escondido durante un tiempo, mientras se aclaraba el crimen. Dejó de acompañar a Allende en sus salidas, dedicándose a mejorar las condiciones para la defensa de las residencias presidenciales, ante la inminencia de un nuevo intento de golpe de Estado.

A partir del 29 de junio de 1973, y especialmente desde el asesinato del capitán Araya (26 de julio), las actividades del Grupo de Amigos Personales se desarrollaron en alerta máxima. Salvador Allende les ordenó portar las armas con proyectil en la recámara. Todos los miembros ya visualizan una insubordinación militar. En esa etapa del proceso, en la izquierda existía consenso en que era inminente un golpe militar. Las organizaciones sólo discrepaban sobre las características que tendría; para el MIR se trataría de un golpe blanco que pondría en el gobierno a la Democracia Cristiana (testimonio de Andrés Pascal); Alfredo Joignant, entonces Director General de la Policía de Investigaciones, dice que en respuesta a un informe sobre un posible golpe de Estado que él le hizo llegar al Presidente, éste le respondió: “muy bueno su informe, pero dígales a los detectives que no especulen con un golpe blanco, porque a una izquierda fuerte se le da un golpe fuerte”.

Quizás lo más novedoso de esta etapa fue la petición del general Carlos Prats, Comandante en Jefe del Ejército, para que algunos hombres del GAP le prestaran protección personal. “Nos solicitó el apoyo porque dijo que confiaba en nosotros. Esto fue un halago, porque nos dimos cuenta que […] él veía que la labor que estábamos haciendo era seria, eficiente y leal”. Evidentemente, en agosto de 1973 el Comandante en Jefe ya no podía confiar en sus subordinados. Este quiebre, a nuestro juicio, permite en gran medida el fin del gobierno de Salvador Allende.

Poco antes de la materialización del golpe militar el GAP quedó disminuido; de ninguna manera sobrepasaba los 50 miembros. Al grupo de compañeros que habían desertado después del “tanquetazo” (29 de junio de 1973) se sumaron otras fugas, principalmente hacia Chuquicamata, donde ya estaba “Fernando” con otros ex miembros. Éstos se iban “por los altos salarios que allí les pagaban”. Aunque no poseemos testimonios de las actividades que allí realizaban, no es difícil pensar que tenían relación con materias de seguridad. A su vez, el Partido Socialista sacó del dispositivo e integró a su aparato militar a Wagner Salinas y a Francisco Lara; ambos debían prestar seguridad a los dirigentes del partido: eran los “gapitos”.

Por “gapitos” eran conocidos los militantes del Partido Socialista que estaban a cargo de la seguridad de los principales dirigentes del partido. Por ejemplo, Adonis Sepúlveda contaba con dos de ellos. Dormían en su departamento y portaban armas. Eran de una lealtad a toda prueba.

 

2.6. EL COMBATE EN LA MONEDA

 

A las 7:35 horas de la mañana del 11 de septiembre de 1973, los tres automóviles Fiat azules que transportan al Presidente de la República Salvador Allende y a una parte de la sección Escolta del Grupo de Amigos Personales, llegaron raudos hasta la puerta principal del Palacio de la Moneda en Santiago de Chile. Los choferes dejaron su carga y partieron a estacionar los autos en sus respectivos garajes; preparados para abandonar en cualquier momento el lugar. Allende bajó rodeado por sus hombres, portando un fusil AKA-47, con proyectil en la recámara. Viste una chaqueta de color gris, un jersey gris de cuello subido con figuras romboidales pardas, pantalón gris oscuro y zapatos negros: su tenida de combate. Protegido por su escolta entra a La Moneda y se dirige a su oficina en la segunda planta del inmueble. Inmediatamente ordena que los GAP tomen posiciones de combate en las alas del palacio que dan hacia la Plaza de la Constitución y la calle Morandé; además, exige que “Carlos Álamos” y dos hombres más estén siempre a su lado. Éstos no deben permitir que militares armados entren al despacho presidencial, pues teme una traición. Los GAP obedecen: emplazan dos ametralladoras punto 30. Y permanecen alertas.

La preocupación central de Allende es averiguar si cuenta con fuerzas militares que estén dispuestas a enfrentar a los marinos sublevados en Valparaíso. A esa hora es todo lo que el Presidente sabe.

Alrededor de las ocho de la mañana se acerca al Palacio de Gobierno la comitiva del Grupo de Amigos Personales que proviene de El Cañaveral y Tomás Moro; está compuesta por varios vehículos con alrededor de 14 personas. Al mando de “Bruno”, jefe de la organización, vienen a reunirse con sus compañeros para reforzar la defensa de La Moneda. Traen armas automáticas y parque (balas). Cuando llegan a la esquina de la Intendencia de Santiago, frente al palacio presidencial, “Bruno”, en un acto de imprudente confianza, pensando que los carabineros que montan guardia en el lugar son leales a la Unidad Popular, se acerca para inquirirles sobre la situación. De improviso, varios policías encañonan y reducen al grupo.

El máximo responsable del GAP y los refuerzos que comanda han sido apresados, paradójicamente, sin oponer resistencia. Esta parte del grupo no podrá cumplir el compromiso de reunirse con Allende. Con su detención, un porcentaje importante de la capacidad de combate del dispositivo ha sido anulada.

Enterado el Presidente de la situación, ordena, a quien reconoce como Director General de Carabineros, general José María Sepúlveda Galindo, que acuda a la Intendencia y libere a “Bruno” y a los compañeros presos. Éste realiza las gestiones, pero todos los esfuerzos resultan estériles. Los carabineros de la Intendencia no obedecen a Sepúlveda Galindo, sino a la nueva jefatura del general Mendoza. El factor clave del control de las fuerzas de Carabineros fue, al parecer, la captura que hicieron los golpistas del edificio de la Central de Comunicaciones de Carabineros (CENCO). Desde allí se entregaban por radio todas las instrucciones. La suerte del grupo quedaba sellada.

Poco después llegan para reforzar la defensa de La Moneda un grupo de 7 detectives, que forman parte de la escolta presidencial, van al mando de Juan Seoane, responsable de la escolta presidencial del servicio de Investigaciones.

Cerca de las ocho de la mañana, por cadena voluntaria de emisoras, encabezadas por radios Agricultura y Minería, precedida de marchas militares y de la canción nacional, la Junta Militar emite el Bando N° 1, por el cual deponen a la Unidad Popular. En La Moneda las dudas se disipan. Están en presencia de un golpe institucional de todas las Fuerzas Armadas y Carabineros unidos. La última esperanza que tiene Salvador Allende es averiguar si cuenta con alguna unidad militar que inicie el contragolpe y ponga en marcha la estrategia alternativa de la Unidad Popular. Temprano en La Moneda pensaban que el Regimiento Maipo de Valparaíso era leal al gobierno.

El PS estaba convencido de que en caso de un golpe vendría de inmediato un contragolpe militar. Así lo afirmó Eric Schnake en una reunión de la Unidad Popular el sábado 8 de septiembre en el Palacio de la Moneda. El panorama es desolador, ningún regimiento acude a defender a la UP. El Presidente sabe muy bien que las fuerzas paramilitares del Partido Socialista y del MIR, aunque se hallan acuarteladas y están en condiciones de combatir y cuentan con armamento moderno, sólo pueden desplegar su poder como apoyo a unidades del Ejército, pero de ninguna manera pueden enfrentarse a un levantamiento de todas las Fuerzas Armadas.

Sabemos que el grupo de elite del MIR, llamado Fuerza Central, ese día y los posteriores permaneció acuartelado, sin recibir órdenes para combatir. El escenario alternativo queda definitivamente trizado al no materializarse una división de los institutos militares. En palabras de Adonis Sepúlveda, “el camino del contragolpe falló porque el jefe de la posible defensa estaba dirigiendo a los atacantes. ¡He aquí una parte tragicómica de nuestra derrota!”

El autor de esta investigación ha escuchado decir insistentemente que el general Pinochet era considerado por Allende y sus partidarios más influyentes un leal y resuelto defensor del Presidente, en la línea del general Prats. De hecho, en el levantamiento del 29 de junio participó activamente, junto al general Prats, en el control de esa subversión. Más aún, fuentes que han pedido al autor no ser reveladas, indicarían que el general Pinochet había estado presente e intervenido dando instrucciones y disponiendo incluso la ubicación de grupos civiles armados y leales al Presidente, en los primeros días de septiembre. Esto explicaría no sólo las palabras ya citadas de Adonis Sepúlveda, sino que las expresiones de Allende el día 11 temprano: “¿Qué será del pobre Augusto?” No se pueden comprender las actitudes de los altos mandos del MIR y del Partido Socialista el día 11 de septiembre si no se tiene en cuenta esto.

El error de “Bruno”, por ejemplo, sólo se explica si uno supone que él confiaba en el Ejército y en Carabineros. Es claro que la inteligencia del gobierno no detectó más conspiración que la de la Marina. Si las FF. AA. se dividían, entonces los grupos armados revolucionarios —GAP, socialistas— combatirían junto a las fuerzas leales al Presidente Allende. Si, como había ocurrido en junio, la subversión era sofocada, se podía dar por superado el orden democrático burgués. Se abría entonces la puerta para avanzar en la creación de una institucionalidad revolucionaria.

Pero la batalla se había perdido antes de disparar el primer tiro. Con todo, el Presidente opta por combatir, en realidad ya lo tenía decidido: no entregaría el poder sin luchar; al menos, pensaba, sería un ejemplo para las generaciones futuras. Para intentar la última defensa de la Unidad Popular, formularon un plan que consistía en sacar al Presidente de La Moneda, llevarlo hasta los sótanos del Banco del Estado, hacerse fuerte allí, en espera de que obreros de los cordones industriales, sumados a los aparatos militares del PS y de la izquierda y a una hipotética fuerza militar leal, iniciaran el contragolpe. Para ello, un grupo del GAP se trasladó hasta el edificio del Ministerio de Obras Públicas, y desde sus pisos superiores abrieron fuego sobre los militares que atacaban el palacio. Pero la idea de sacar a Allende fue finalmente rechazada, pues el cerco sobre el centro de Santiago se había estrechado; era muy costoso o en realidad imposible salir de La Moneda y llegar al edificio del Banco del Estado. La decisión final de Allende fue permanecer allí y presentar batalla.

En un instante y cuando ya se había iniciado el intercambio de disparos y fuerzas de infantería y tanques avanzaban hacia La Moneda, Allende ordena a las mujeres que permanecen en el palacio, a los colaboradores que no tienen o no saben usar armas, que abandonen el lugar. Obliga a su hija Tati a marcharse para encontrarse con su esposo “Demid” en la Embajada de Cuba. Le dice que debe sobrevivir para encabezar los combates futuros del pueblo chileno. Al parecer, Allende esperaba que Tati continuara su obra como líder de la izquierda nacional.

Poco antes del bombardeo del Palacio de la Moneda, Elsa Pavez, esposa de “Carlos Álamos”, máximo jefe del GAP presente, logra comunicarse con él. Éste se muestra tranquilo, le pregunta si escucha los disparos y las explosiones que se producen en ese momento; le dice que se vaya a la casa de su mamá y cuide mucho al “muñeco”.

A las 11:55 horas el Palacio de la Moneda es bombardeado por aviones de la Fuerza Aérea de Chile. En el centenario edificio, agazapados, con máscaras de gases y cascos, en improvisados refugios, resisten el Presidente de la República, sus asesores, algunos detectives y 16 hombres del dispositivo de seguridad. El Presidente, protegido por una mesa, dispara contra las fuerzas militares varias ráfagas de su fusil AKA-47, y junto a “Carlos Álamos” tiran un misil RPG-7 contra un tanque.

Poco antes de las 14 horas del martes 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende, al enterarse de que las fuerzas militares, comandadas por el general Palacios, han ocupado el primer piso del edificio, ordena a sus hombres que bajen; les dice, engañándolos, que él va al final. Los últimos que descienden por la escalera escuchan dos disparos y luego un grito de “Kique”, intendente de Palacio: “¡Allende ha muerto! ¡Viva Chile!” Éste toma el fusil en actitud de continuar la lucha. Ricardo Pincheira se lo arrebata, pues es un sacrificio inútil.

El grupo que abandona La Moneda con las manos en la cabeza, es obligado a formarse alineado, de pie, mirando el edificio por calle Morandé. Allí están “Carlos Álamos”, “Aníbal” y “Kique” con los 16 compañeros del dispositivo que defendieron la revolución chilena y al Presidente Salvador Allende hasta su muerte. Los GAP tienen dos heridos, que son trasladados a la Posta Central: han cumplido la misión. Además de los GAP, abandonan La Moneda los detectives de la escolta, asesores del Presidente y un grupo de médicos de la Presidencia de La República; también Miria Contreras, la única mujer que desobedeció las órdenes de Allende y permaneció en el lugar. Desde el edificio del Ministerio de Obras Públicas, los seis miembros del dispositivo que permanecen atrincherados continúan disparando sobre los militares, quienes responden. La frecuencia de los impactos va disminuyendo paulatinamente. Cuando los ecos de los disparos se apagan definitivamente, ha concluido la batalla de La Moneda. Allí un grupo de 40 hombres combatió varias horas contra fuerzas militares superiores. Ha caído la Unidad Popular y se ha esfumado, para siempre, la revolución chilena.

 

2.7. EL DÍA DESPUÉS

 

Así, los 16 miembros del Grupo de Amigos Personales, al mando de “Carlos Álamos”, “Aníbal” y “Kique”, permanecieron largas horas tirados en el suelo. Luego fueron llevados hasta el cuartel del Regimiento Tacna, donde los alojaron en las caballerizas del recinto. Ahí los mantuvieron atados de pies y manos, y fueron salvajemente golpeados y torturados. Desde allí se pierde su rastro. Es posible que fueran sacados el 13 de septiembre y trasladados hasta el recinto militar de Peldehue, donde habrían sido fusilados. Sin embargo, “Carlos Álamos”, igual que otros miembros del dispositivo, apareció inhumado en el Patio 29 del Cementerio General.

El destino del grupo aún hoy es confuso. Por ejemplo, en octubre de 1973, detectives del Servicio de Investigaciones llegaron hasta el hogar de Elsa Pavez y su familia buscando a “Carlos Álamos”. Durante largo tiempo mantuvieron un punto fijo cerca de la residencia esperando que regresara. Los detectives tampoco sabían lo que había pasado con él y pensaban que aún estaba vivo y que era sumamente peligroso.

Del grupo encabezado por “Bruno” (jefe del Grupo de Amigos Personales, detenido en la esquina de la Intendencia), compuesto por más o menos catorce GAP, tres de ellos fueron ejecutados y sus cadáveres lanzados al río Mapocho. Según la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, “Bruno” habría sido trasladado al Centro de Detención Preventiva de Santiago por agentes del Estado, de allí fue sacado y permanece desaparecido. Otra versión es que fue fusilado en la Intendencia; lo único cierto, es que en ese lugar se pierden sus huellas. Sobre el resto del grupo apresado con él, nada se sabe.

Los seis GAP que combatieron durante el día, disparando desde el edificio del Ministerio de Obras Públicas, lograron escapar del cerco militar, mimetizándose con los empleados que abandonaban el lugar. Los soldados les pidieron las identidades, pero los dejaron salir.

Del enfrentamiento en la residencia presidencial en calle Tomás Moro, el entonces comisario político del GAP, “Luisito” (Félix Vargas Fernández), salió herido por una esquirla de mortero; logró sobrevivir algún tiempo en casas de amigos. Fue detenido por la DINA y llevado a Tejas Verdes, desde allí, en 1974, se perdió su rastro.

Dos ex miembros del grupo que estaban en Talca visitando a sus familiares, cuando se enteraron de los hechos, cumpliendo las instrucciones, trataron de llegar a la capital. Fueron detenidos por carabineros en la ciudad de Curicó, allí los fusilaron en los días posteriores; se trataba de Wagner Salinas Muñoz y Francisco Lara Ruiz. Otros que ya no formaban parte del GAP, como el ex paracaidista Mario Melo, asesor del Presidente, fue detenido por militares y permanece desaparecido.

Los GAP apresados fueron tratados con violencia y crueldad. El comportamiento de militares y carabineros se puede explicar —aunque en ningún caso justificar—, principalmente porque los soldados en todo momento esperaban una fuerte resistencia del gobierno. En la defensa se unirían civiles y militares de la Unidad Popular. Un sólo elemento lo denota: las tropas sublevadas adhirieron a su uniforme de batalla un pañuelo anaranjado en el cuello, cuyo objetivo era diferenciarlos nítidamente de los otros militares, que tenían el mismo uniforme, pero apoyaban a la Unidad Popular. Fue el temor de una resistencia feroz, casa a casa y barrio por barrio como se había anunciado en repetidas oportunidades, lo que detonó en los militares vencedores la violencia conocida.

 

 

ALGUNOS MIEMBROS DEL GAP

 

Antonio Aguirre Vásquez. Militante del Partido Socialista. En el combate de La Moneda fue herido, trasladado a la Posta Central, de allí fue sacado y permanece desaparecido.

Fernando Amaya. Ex comando, detenido y desaparecido.

Francisco Argandoña (“Mariano”). Jefe del Grupo de Avance. Sobrevivió.

Óscar Avilés Jofre. Combatió en La Moneda. Sus restos fueron ubicados en el Patio 29 del Cementerio General.

Luis Barraza Rhul. Suboficial del Ejército en retiro. Detenido desaparecido desde octubre de 1973.

Domingo Blanco Tarres (“Bruno”). Militante del Partido Socialista. Jefe del dispositivo. Detenido en la esquina de la Intendencia, permanece desaparecido.

Fidel Bravo Álvarez . Detenido desaparecido.

José Carreño Calderón. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Fue ejecutado el 19 de septiembre de 1973. Su cadáver fue sepultado clandestinamente en el Patio 29 del Cementerio General.

Manuel Castro Zamorano. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Manuel Céspedes Rivera (“Osvaldo”). Pertenecía a la guarnición. Combatió en Tomás Moro. Sobrevivió.

Julio Chacón Hormazabal . Fue detenido y permanece desaparecido.

Ezequiel Contreras Carrasco. Muerto en octubre de 1973.

Carlos Cortés (“El Patán” ). Chofer. Militante del Partido Socialista. Combatió desde el Ministerio de Obras Públicas. Sobrevivió.

Carlos Cruz Zavala. Militante del Partido Socialista. Detenido en la Intendencia junto a “Bruno”. Su cuerpo fue encontrado en el río Mapocho, en septiembre de 1973.

Óscar Delgado Marín . Militante del Partido Socialista. Ejecutado en septiembre de 1973.

Miguel Fuentes. Sobrevivió.

José Freire Medina. Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Luis Gamboa Pizarro. Militante del Partido Socialista. Desapareció desde El Cañaveral. Fue ejecutado el 19 de septiembre e inhumado clandestinamente en el Patio 29 del Cementerio General.

Néstor Gallardo Agüero. “Bolche”, Militante del MIR. Detenido desaparecido

Juan Garcés Portigliati. Militante del Partido Socialista. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Permanece desaparecido.

Isidro García (“Roberto”). Chofer. Combatió desde el Ministerio de Obras Públicas. Militante del Partido Socialista. Sobrevivió.

Hugo García. Militante del Partido Socialista. Sobrevivió, reside fuera del país.

Francisco Gómez (“Fernando”). Primer jefe del dispositivo. Sobrevivió, reside fuera del país.

Daniel Gutiérrez Ayala. Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Leonardo Henríquez (“Ignacio”). Pertenecía al Grupo de Avance. Sobrevivió.

Enrique Huerta (“Kique”). Primer GAP, intendente de Palacio. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Gonzalo Jorquera Leyton (“Ramón”). Militante del Partido Socialista. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Su cuerpo fue encontrado en el río Mapocho, en septiembre de 1973.

Óscar Lagos Ríos . Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Francisco Lara Ruiz. Militante del Partido Socialista. Muerto en la ciudad de Curicó, en septiembre de 1973.

Ricardo Loyola (“Daniel”). Sobrevivió.

Max Marambio (“Ariel Fontana”). El jefe de la primera etapa. Sobrevivió. Mario Melo Pradenas. Ex paracaidista, instructor del GAP. Detenido desaparecido desde octubre de 1973.

Edmundo Montero Salazar. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Permanece desaparecido.

Julio Moreno Pulgar. Militante del Partido Socialista. Telefonista y ordenanza de La Moneda. Combatió allí el 11 de septiembre. Permanece desaparecido.

Juan José Montiglio Murúa (”Aníbal”). Militante del Partido Socialista. Uno de los jefes. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Jorge Ojeda Jara. Militante del Partido Socialista. Fue detenido y llevado a Tejas Verdes, desde allí desapareció.

Manuel Ojeda Disselkoen. Muerto en la industria INDUMET, en septiembre de 1973.

Juan Agustín Orellana (“Patricio”). Operativo y escolta. Sobrevivió.

Javier Pacheco Monsalve (“Pato”). Muerto en octubre de 1973.

Sergio Pérez. Detenido y muerto en 1974.

William Ramírez Barría. Combatió en La Moneda. Detenido y permanece desaparecido.

Osvaldo Ramos Rivera. Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Fue herido y trasladado a la Posta Central, desde allí desapareció.

Enrique Ramos Rivera (“Manuel”). Edecán civil del Presidente. Sobrevivió.

Luis Rodríguez Riquelme (“Mauricio”). Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Su cadáver fue encontrado en el Patio 29 del Cementerio General.

Rafael Ruiz M. (“El Rafa”). Fue comisionado por la jefatura para llevar armas desde Tomás Moro a la industria INDUMET. Sobrevivió.

Wagner Salinas Muñoz . Ex boxeador. Militante del Partido Socialista. Muerto en la ciudad de Curicó en septiembre de 1973.

Marcelo Schilling (“Gastón” ). Militante del Partido Socialista. Comisario político. Sobrevivió.

Jaime Sotelo Ojeda (“Carlos Álamos” ). Militante del Partido Socialista. Jefe de la Escolta. Comandante de la batalla de La Moneda. Su cuerpo fue encontrado en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago.

Humberto Sotomayor. Fue enviado por esa organización para superar los inconvenientes del GAP. Sobrevivió.

Julio Tapia Martínez. Combatió en La Moneda. Militante del Partido Socialista. Permanece desaparecido.

Héctor Urrutia Molina. Combatió en La Moneda. Sus restos fueron ubicados en el Patio 29 del Cementerio General.

Óscar Valladares Caroca . Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Félix Vargas Fernández (“Luisito”). Último comisario político del dispositivo. Militante del Partido Socialista. Fue herido en Tomás Moro. Tiempo después fue detenido y llevado a Tejas Verdes. Permanece desaparecido.

Juan Vilches Yañez . Fue detenido. Permanece desaparecido.

Joaquín Walker Arangua. Fue detenido en septiembre de 1973. Permanece desaparecido.

Pablo Zepeda. Combatió en La Moneda. Sobrevivió.


 

 III. REFERENCIAS

 

 PUBLICACIONES

 

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Zamorano, Osvaldo. Entrevista a Pablo Zepeda, ex GAP, para su programa “Cuarto Poder”, de Radio Nuevo Mundo, edición del viernes 19 de mayo del 2000.


 

 ENTREVISTAS Y CONVERSACIONES

 

Alarcón, Fernando. Miembro de la Fuerza Central. (Nueva York, mayo de 1999.)

Alarcón Ramírez, Dariel (“Benigno”). Electricista, ex coronel del

Ministerio del Interior de la República de Cuba. Participó en la guerrilla del Che Guevara en Bolivia. (París, enero del 2000.)

Arrieta, Adolfo. militante del Partido Socialista. Durante la Unidad Popular se desempeñó como detective de la policía política del servicio de Investigaciones de Chile. (Santiago, diciembre de 1998.)

Ayala, Luis. Ex marinero de la Armada de Chile. (Liege, Bélgica, noviembre de 1999.)

Ayress, Nieves. Militante socialista, elena. Participó en la guerrilla de Teoponte en Bolivia. Fue detenida por la DINA y llevada a Tejas Verdes. (Nueva York, mayo de 1999.)

Blanco, María Soledad. Hija de “Bruno” (Domingo Blanco Tarrés). (Santiago, junio del 2000.)

Burgos, Elizabeth. Académica venezolana, experta en el tema de las guerrillas latinoamericanas. Múltiples conversaciones. (París, enero-febrero del 2000.)

Castillo, Guillermo. Ex marinero de la Armada de Chile. (Liege, Bélgica, noviembre de 1999.)

Catalán Pardo, Luisa. Esposa del GAP “Pato” (Javier Pacheco Monsalve). (Santiago, junio del 2000.)

Claros, Rodolfo. Ex marinero de la Armada de Chile. (Liege, Bélgica, noviembre de 1999.) “Juan Fernández”. Ex miembro del aparato de informaciones (contrainteligencia) del Partido Socialista en Valparaíso. (Valparaíso, marzo de 1999.)

García, Isidro. Ex GAP, chofer, militante del Partido Socialista. Participó en el combate de La Moneda, disparando desde el edificio del Ministerio de Obras Públicas.

Huerta, Félix. Doctor en medicina, militante del Partido Socialista y miembro del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (sección chilena). (Santiago de Chile, septiembre de 1995.)

Joignant, Alfredo. Militante socialista, ex Director General de la Policía de Investigaciones de Chile. (Santiago, agosto de 1998.)

Maginti, Jorge. Doctor en medicina, ex miembro de la Comisión Política del Partido Socialista. (París, noviembre de 1999.)

“Raúl Marcos”. Miembro del aparato militar del Partido Socialista. (Santiago, mayo de 1994.)

Pascal Allende, Andrés. Sociólogo, ex secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). (La Habana, Cuba, julio de 1999.)

Pavez, Elsa. Esposa de “Carlos Álamos” militante del Partido Socialista (Jaime Sotelo Ojeda). (Santiago, junio de 2000.)

Ramos, Enrique. Ex GAP, militante del Partido Socialista. Formó parte de la escolta, fue edecán civil de Salvador Allende. (Santiago, junio de 2000.)

Sepúlveda, Adonis. Senador, subsecretario General del Partido Socialista. (Santiago, invierno de 1994).

Soto, Óscar. Doctor en medicina, ex militante del Partido Socialista y miembro del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (sección chilena), médico personal de Salvador Allende. (Segovia, España, octubre de 1999.)

Toro, Víctor. Poblador. Miembro del Comité Central del MIR. (Nueva York, mayo de 1999.) Toro, Carlos. Ingeniero, militante del Partido Comunista, ex subdirector de la Policía de Investigaciones. (Santiago, abril de 1999.)

Vargas, Bernardo. Ex dirigente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, militante socialista, hermano de “Luisito”. (Santiago, junio del 2000.)

“El Viejo Alberto”, “Félix” (nombre de batalla; desconocemos su verdadero nombre). Ex militante del Partido Socialista. (La Habana, agosto de 1999.)

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Este artículo describe la formación y desarrollo de la primera institución estrictamente revolucionaria del presidente socialista Salvador Allende: su dispositivo de seguridad, denominado Grupo de Amigos Personales (GAP), desde su origen (1970) hasta el combate de La Moneda. A través de estas páginas se pueden apreciar las diferentes fases de la organización, la diversidad de sus funciones y las íntimas relaciones entre, por un lado, los partidos y movimientos de la izquierda chilena y, por otro, Cuba.

 

* Cristián Pérez, Candidato a magister en historia, Universidad de Santiago de Chile