domingo, 6 de abril de 2014

Evidencia forense: Allende fue acribillado y rematado

A 40 años de su muerte y en momentos en que la Corte Suprema está por decidir el cierre definitivo del proceso que indaga en las causas de su deceso, una investigación histórica y forense contenida en el libro "Allende. Yo no me rendiré” (Ceibo, septiembre 2013) demuestra que el Presidente no se suicidó.
allende moneda
Un testimonio obtenido a contramano da cuenta que el general Javier Palacios le habría propinado el disparo en la frente al Mandatario, evidenciado en peritaje químico de 2011 que había sido mantenido oculto… hasta ahora.
El presidente Salvador Allende fue rematado con un disparo en la frente. Es lo que concluye el Informe Pericial Químico N° 261 (de 27 de mayo de 2011), elaborado por el perito químico Leonel Liberona Tobar.
En el ítem Conclusiones afirma textualmente: “En la muestra N° 3 (situada en la frente), se constató la presencia de plomo, bario y antimonio, cuyas concentraciones son compatibles con un orificio de entrada de proyectil balístico generado de corta distancia”.
Este disparo de entrada de proyectil en la frente se alinea perfectamente con el “orificio redondeado de salida de proyectil tallado a bisel externo” con el que quedó el cráneo de Allende tras el asalto a La Moneda, según consta en el informe de la autopsia Nº 2449/73. Esta fue realizada la noche del 11 de septiembre de 1973 en el Hospital Militar por el médico legista Tomás Tobar y el ginecólogo José Luis Vásquez.
Esta diligencia –como pudimos constatar en nuestra investigación- fue vigilada por militares armados encabezados por el teniente Manuel Vásquez Nanjarí, quien así lo reconoció en el “Caso Allende” (a fojas 1.101 y siguientes).
El informe de la autopsia de 1973 sólo pudo conocerse el año 2000. Venía anexado al libro “La Conjura. Los mil y un días del Golpe”, de la periodista Mónica González. Sobre la base de dicho informe el médico legistaLuis Ravanal preparó un metanálisis forense que fue publicado el 8 de septiembre de 2008 en El Periodista.
El doctor Ravanal planteó que el disparo con fusil necesariamente tuvo que haberse realizado después del disparo con arma corta “puesto que, de lo contrario, este no habría dejado orificio de salida”.
En enero de 2011 se abrió el proceso Rol 77-2011, “Caso Allende”. Esto ocurría tras una querella presentada por la fiscal de la Corte de Apelaciones Beatriz Pedrals.
Para discernir si en este caso correspondía que se hiciera una nueva autopsia, el ministro instructor de la causa Mario Carroza pidió una opinión al Servicio Médico Legal (SML). Estos designaron al tanatólogoGermán Tapia Coppa para que analizase tan importante materia.

Menos transparente aún fue lo realizado por el SML luego que el perito Tobar diera cuenta de la existencia de residuos de pólvora que se explicarían por un disparo hecho a corta distancia con arma de bajo calibre.

El 4 de abril de 2011, este legista emanó un informe forense en el que recomendó la exhumación de los restos de Allende. Dio argumentos similares a los planteados por el perito Ravanal en 2008: “si en un cadáver se reconoce estallido de cráneo al mismo tiempo que en uno de los fragmentos de la bóveda se evidencia un orificio de salida de proyectil (…) se debe mencionar que dicho orificio de salida se produce en un momento anterior al estallido de la cavidad. Esto es debido a que se requiere la integridad de la cavidad craneana para que un proyectil pueda generar una lesión característica de orificio de salida”.
Tras este informe del SML, Carroza ordenó realizar una nueva exhumación la que se verificó el 23 de mayo de 2011. En esta necropsia no se encontró el segmento de la parte posterior del cráneo en el que estaba contenido el citado orificio de bala. De hecho casi la mitad de los huesos del cráneo no estaban (Ver recuadro).
Como consecuencia de esto, los peritos convocados por el juez Carroza y el SML no pudieron saber la trayectoria de las balas y ni siquiera establecer la cantidad de éstas que impactaron el cráneo de Allende.
El perito balístico David Pryor lo reconoce de esta manera en su informe oficial: “Si hubo o no un segundo proyectil, ocurrió durante el mismo disparo, siguió con una diferencia de milisegundos una trayectoria similar pero no es posible confirmar o descartar esta posibilidad mediante el examen morfológico del material óseo conservado u otras técnicas de exploración actualmente disponibles”. Pryor tampoco pudo establecer el punto de entrada ni de salida de la bala, ni la trayectoria de la misma.
El forense Ravanal afirma a este respecto: “Si uno aplica el sentido común, y considera que los peritos del SML no encontraron orificio de salida; no contaron con gran parte de los huesos del cráneo, especialmente la base del cráneo por donde penetró la bala, uno no puede dejarse de preguntar: ¿Cómo pueden haber determinado si hubo más de un proyectil y cómo pudieron haber excluido la existencia de lesiones asociadas a proyectiles de bajo calibre como ese fragmento redondeado que no hallaron?”.
A pesar de la carencia de pruebas, el 13 de septiembre de 2013 el ministro Carroza determinó el cierre de la causa: “los hechos que significaron la muerte del presidente Salvador Allende Gossens provienen de un acto deliberado en el que, voluntariamente éste se quita la vida y no hay intervención de terceros, ya sea para su cometido como para su auxilio”.

El presidente Salvador Allende fue rematado con un disparo en la frente. Es lo que concluye el Informe Pericial Químico N° 261 (de 27 de mayo de 2011), elaborado por el perito químico Leonel Liberona Tobar.

De esta manera se ratificaba la veracidad de la historia oficial construida por los militares golpistas desde el mismo once de septiembre en La Moneda.
El 24 de junio de 2013 la segunda sala de la Corte de Apelaciones de Santiago ratificó lo obrado por Carroza. Ahora resta como último recurso para evitar el cierre definitivo de esta causa, que la Corte Suprema se pronuncie respecto de un recurso de casación presentado en julio por los abogados de la parte querellante, Matías Coll y Roberto Celedón, que representan a la Asociación Nacional de Ex Prisioneros Políticos.
OCULTAMIENTO DE PRUEBA
En la autopsia de 2011, los miembros de una comisión internacional de expertos convocados por el SML para determinar las causas de la muerte de Allende, no se pronunciaron respecto de la evidencia que daba cuenta de la existencia un disparo hecho con arma corta.
El doctor Ravanal señala a este respecto en el libro “Yo no me rendiré”, que la comisión especial de expertos designada para este caso “se limitó exclusivamente a realizar análisis segmentarios de los aspectos que en sus respectivas áreas les competía: Acta de Exhumación, Informe Odontológico, Informe Antropológico, Informe de Evidencia Asociada (prendas de vestir), Informe Balístico, Informe Entomológico e Informe Genético”, pero que “absolutamente en ninguno de ellos se menciona o aborda el análisis causal relativo al ‘segmento de orificio redondeado tallado a bisel externo de aproximadamente 2 a 3 cm’ (descrito en la autopsia de 1973)”. La muestra N° 3 solo se menciona como una nota a pie de página como si se tratase de un aspecto sin importancia en la investigación.
Menos transparente aún fue lo realizado por el SML luego que el perito Liberona Tobar diera cuenta de la existencia de residuos de pólvora que se explicarían por un disparo hecho a corta distancia con arma de bajo calibre.
Después de conocer dicho informe químico, el SML –que es dirigido por el médico sin especialidad forensePatricio Bustos- citó a una reunión al perito Liberona Tobar que se concretó el 15 de julio de 2011 y que contó con la participación del juez Carroza.
Este encuentro fue reseñado por Liberona en el Informe Pericial Químico N° 380/2011, de 26 de julio. En el Punto 1 se sostiene: “Considerando los antecedentes obtenidos en la reunión el día 15.jul.011 en dependencias del SML, de Santiago, donde se aclaró que la muestra N° 3, fue levantada de la cara interna, zona inferior del sector izquierdo del hueso frontal orbital del occiso. Los resultados de las concentraciones de antimonio, bario y plomo señalados en el Informe Pericial Químico N° 261 de fecha 27.may.O11, son atribuibles a trayectoria o impacto de proyectil balístico”.
En relación con esto, el forense Luis Ravanal expresó que “se puede apreciar claramente que tras la reunión de aclaración llevada a cabo en el SML, el perito químico modificó su conclusión original, sustituyéndola por otra del todo inespecífica y ambigua. Claramente en este segundo informe, ya no se trataba de un ‘orificio de entrada de proyectil balístico generado de corta distancia’, modificación que evidentemente satisfizo a más de alguien”.
El doctor Ravanal cuestiona que se le haya tenido que aclarar a Liberona el lugar específico de donde provenía la muestra N° 3 en circunstancias que fue él mismo quien la recolectó como detalló en su primer informe (N° 261-2011).
De todos modos, esta modificación no logra ocultar que en la frente de Allende se encontraron residuos en cantidades que sugieren –o establecen- la existencia de un disparo hecho a corta distancia.
Foto de Herida en cráneo Allende - Pieza N° 3
“PALACIOS LO REMATÓ”
La descripción del disparo de bala presente en la frente es concordante con el testimonio brindado a este corresponsal -el 16 de agosto de 2013 vía videoconferencia- por el chileno residente en Milán, Julio Araya Toro y que aparece contenido en la investigación histórica y forense que forman parte del libro “Allende: Yo no me rendiré”.
Supimos de él revisando el expediente de la causa. A fojas 644, aparece una misiva enviada por él -en febrero de 2011- al ministro Carroza. Allí propuso transmitirle una confesión que el general Palacios le habría hecho a su padre y que dice relación con la forma en que realmente murió Allende. Carroza no le contestó. Nosotros sí nos contactamos.
Araya Toro (46 años) cuenta que su progenitor fue amigo desde la niñez con el general Javier Palacios. Ambos vivían en el mismo sector residencial del antiguo centro de Santiago donde residían las familias aristocráticas de principios del siglo XX. Ambos estudiaron en los Padres Franceses, asistían a la misma iglesia y jugaban en el mismo lugar: el Parque Cousiño. “Ya mayores tomaron diferentes caminos. Mi padre siguió la vida civil y el general Palacios ingresó a la Escuela Militar en 1941, pero continuaron frecuentándose a través de toda la vida”.
Luego de esta contextualización, Araya Toro entró en el quid del asunto: “Esta historia me la contó mi padre muchos años después del golpe, cuando nos encontramos con el general Palacios -en febrero de 1992- en el centro de Viña del Mar. En ese momento mi padre, al verlo caminando hacia él, le grita ‘¡Javier!’. A su vez, Palacios le contragrita ‘¡Jorge!’. Pero, antes de abrazarse, mi padre se dirige a mí y me dice: ‘te presento al general que asesinó al presidente Salvador Allende’. Palacios se desfiguró y le respondió: ‘no digas esas cosas porque la gente puede creer cualquier cosa’. Se saludaron, se abrazaron, conversaron diez minutos y después se despidieron. Entonces, mi padre me dijo: ‘te voy a contar la historia de lo que pasó el 11 de septiembre y cómo Palacios asesinó al presidente Allende y se tomó La Moneda’”.

"Al general Palacios (…) le llamó la atención este civil. Se fijó que portaba un reloj fino. Al sacarle la máscara antigases y el casco reconoce al Presidente Allende. En ese momento saca su pistola de ordenanza y dispara a quemarropa en su cabeza."

Palacios se lo confesó durante una visita que hizo a la casa de Araya Gómez en la santiaguina comuna de Maipú, en marzo de 1974. “Llegó acompañado de una patrulla militar y vestido en tenida de guerra. Yo tenía siete años pero lo recuerdo perfectamente. Hablaron de sus familias y cosas triviales. Posteriormente, mi padre le hace notar su consternación por lo ocurrido durante los meses anteriores, a lo que Palacios respondió: ‘te tienes que sentir orgulloso de que un amigo tuyo pasara a la historia’.
“Mi padre le pregunta el por qué de esta aseveración. El General comenzó a hablar: su misión era rodear con tanques y tomarse La Moneda por tierra, ya que comandaba el regimiento Blindado Nº2 (el mismo del tanquetazo de junio de 1973). Ingresó por la puerta deMorandé 80 con soldados de infantería en el mismo instante en que bajaban las escalas las personas que estaban con Allende y a las cuales éste les había pedido que salieran. Los militares comenzaron a tirar a la gente hacia abajo por las escalas mientras ellos subían. El ambiente era un infierno ya que La Moneda ardía por el bombardeo y no se podía respirar por los gases lacrimógenos. En el segundo piso, Palacios fue recibido con ráfagas de metralletas de Allende y algunos de sus hombres que estaban en el salón Rojo. En ese momento, Palacios grita a los miembros del GAP (escolta de Allende) que se rindieran y fue Allende que respondió gritando: ‘¡soy el presidente de Chile y si te crees muy valiente ven a buscarme conchetumaire!’. Inmediatamente, los GAP y Allende comienzan a disparar y una bala de Allende hiere en la mano derecha a Palacios.
“Los hombres de Palacios, al ver a su general herido, avanzan disparando contra los miembros del GAP y éstos van cayendo por las balas de los militares, mientras Palacios es asistido por Armando Fernández Larios, que le pasó su pañuelo para detener la sangre de la mano herida. Entretanto, seguía la balacera más adentro, ya que los GAP iban replegándose. Dos militares que iban disparando hirieron en el estómago o el pecho a un civil que portaba una metralleta, un casco y una máscara antigases; el civil se plegó y cayó al suelo. A Palacios (…) le llamó la atención este civil. Se fijó que portaba un reloj fino. Al sacarle la máscara antigases y el casco reconoce al presidente Allende. En ese momento saca su pistola de ordenanza y dispara a quemarropa en su cabeza.
“Eran las 14:00 horas Palacios con sus hombres trasladan el cuerpo del presidente Allende al salónIndependencia. Comienzan entonces a preparar el montaje para decir que el presidente Allende se había suicidado”.
TESTIMONIO CONCORDANTE
Aunque no es posible garantizar la veracidad de este testimonio, es preciso subrayar que es coherente con la evidencia histórica y forense existente. Según el perito Ravanal “en este relato podemos encontrar numerosos elementos que son concordantes con los resultados autópsicos: mayores concentraciones de residuos de pólvora en la zona frontal y órbita izquierda; un orificio redondeado de salida de proyectil tallado a bisel externo en la parte posterior de la bóveda craneana, que se alinea perfectamente con una lesión en la zona frontal”.
Este relato de Jorge Araya guarda una notable similitud con lo expresado por el periodista y escritor Gabriel García Márquez, en su nota “La verdadera muerte de un Presidente” (1974) en la que relata el asalto a La Moneda y el enfrentamiento entre Allende y Palacios.

Aún no aparece el set de 29 fotos (ordenadas desde la A hasta la Z) que los peritos de la Policía Técnica de Investigaciones tomaron en el sitio del suceso. El General Palacios se quedó con el fusil AK-47 con el que –supuestamente- Allende se suicidó.

Pero es el propio General Palacios quien da sentido al testimonio de Araya. Una semana después del golpe de 1973 declaró: “Allende estuvo disparando todo el tiempo porque tenía las manos llenas de pólvora. El cargador de la metralleta estaba vacío. Había numerosas vainillas en la ventana. A su lado también estaba un revolver. Y cuando pasé a identificarlo, tenía un casco y una máscara de gases”. Esta trascendental declaración es reproducida en la nota “Recuerdos del General Palacios”, Ercilla N° 1991, del 26 de septiembre de 1973.
Este testimonio es similar al brindado en el documental “Más fuerte que el fuego. Las últimas horas en La Moneda” (1978), en que sostiene que “hasta el último momento él (Allende) disparaba contra nosotros”.
La evidencia de que Allende combatió hasta el final –y no se rindió- fue refrendada por el corresponsal de Prensa Latina Jorge Timossien su nota “Las últimas horas de La Moneda” (13 de septiembre de 1973). Allí señala: “A las 13:52 minutos recibí una llamada desde Palacio. Era Jaime Barrios, asesor económico del Presidente, quien (…) me informó: ‘Vamos hasta el final. Allende está disparando con una ametralladora. Esto es infernal y nos ahoga el humo’”.
Cabe señalar que de acuerdo a la versión emanada por la Junta, Allende se habría suicidado entre las 13:30 y las 14 horas, como sostuvo la noche del “once” el prefecto de Investigaciones de Santiago, René Carrasco, a corresponsales extranjeros.
El fiscal norteamericano Eugene Propper, que investigó el doble asesinato del excanciller Orlando Leteliery de su secretaria Ronnie Moffit, acaecido en Washington en 21 de septiembre de 1976, describió en su libro Laberinto (1982), coescrito con el periodista Taylor Branch, cómo habría muerto Allende:
“Poco después de las 2 p.m., unidades de infantería logran invadir La Moneda. Pequeños grupos corren escaleras arriba en medio del humo, cubriéndose con fuego de metralletas. Un teniente chileno de pelo rubio, René Riveros, de pronto se encuentra frente a un civil armado vestido con un suéter con cuello tortuga. Riveros vacía la mitad de sus municiones en el Presidente de Chile, matándolo instantáneamente con una hilera de heridas que van desde la ingle a la garganta”.
Este relato se basó en el testimonio brindado por el oficial de la Escuela de Infantería condenado en el Caso Letelier, Armando Fernández Larios; y en información proporcionada por el jefe del FBI en Argentina, Robert Scherrer. El excorresponsal de Washington Post, en Santiago, John Dinges, nos expresó en 2011 que Scherrer, a quien consideraba “una fuente de oro”, le informó en 1979 lo mismo que a Propper: Riveros mató a Allende.
Cabe señalar que, después de “constatar” la muerte de Allende, Palacios lo comunica -a las 14:35- al generalSergio Nuño –ubicado en el Ministerio de Defensa-: “Misión cumplida: Moneda tomada, Presidente muerto”. En ningún momento dio a entender que hubo suicidio.
Palacios, que era director de Inteligencia del Ejército, reconoció –según consta en el documental “Más fuerte que el fuego”- que oficiales del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) entraron al salón donde murió Allende: “Le tomaron una fotos”, dijo. Sin embargo, es más verosímil que su participación haya tenido por objeto construir el suicidio. La Brigada de Homicidios sólo pudo entrar a las 16:20 horas, cuando el SIM ya había podido alterar todo el sitio del suceso.
Pocos después que Palacios informara de la muerte de Allende, un grupo de civiles golpistas difundió la noticia por onda corta desde el mismísimo Ministerio de Defensa: “Atención Chile. Atención a todo el mundo. Aquí Santiago Treinta y Tres. Este es Chile Libre. Allende ya es un cadáver. El capitán Roberto Garrido nos ha liberado de las garras del marxismo (…) Allende ha sido ajusticiado por nuestros soldados gloriosos”.
La Junta Militar intentó por todos los medios ocultar o destruir las evidencias que dieran cuenta de lo realmente sucedido con Allende en sus últimos instantes. La Primera Fiscalía Militar nunca entregó el expediente asociado al proceso abierto por la muerte de Allende donde estaba el Informe de Autopsia 2447 de 1973.
Aún no aparece el set de 29 fotos (ordenadas desde la A hasta la Z) que los peritos de la Policía Técnica de Investigaciones tomaron en el sitio del suceso. El General Palacios se quedó con el fusil AK-47 con el que –supuestamente- Allende se suicidó. Este no pudo ser periciado por los expertos policiales los que, sin embargo, aseguraron, tras una veloz inspección, que Allende se suicidó.
Tras nuestra mencionada investigación histórico forense sobre la muerte del Presidente Allende, que nos permitió constatar cientos de irregularidades, errores y omisiones, pudimos concluir que la teoría del suicidio, es una fabricación comunicacional, política, policial, forense e histórica realizada por los conspiradores constituidos en Junta Militar de Gobierno, y consolidada hasta nuestros días por poderes fácticos que gobiernan nuestra sociedad.
Recuadro 1
FOTOGRAFÍA CLAVE
CADAVER DE SALVADOR ALLENDE
A pesar de todo el esfuerzo hecho por la Junta Militar con el fin de ocultar las evidencias que mostraban lo realmente sucedido aquel once de septiembre en La Moneda, la verdad ha podido filtrarse hasta nuestros días.
En diciembre de 1973 alguien sustrajo la foto Nº 1416/73-A desde los archivos de Investigaciones, la que demuestra la falsedad de la versión oficial. El doctor Ravanal lo explica así en el mencionado libro coescrito con este corresponsal:
“Allí se puede ver un cadáver perfectamente alineado y en posición recta, como un tronco caído, lo que no es concordante con un individuo que en vida se pega un tiro de fusil bajo la mandíbula estando sentado, menos aun cuando ha ocurrido una destrucción masiva del encéfalo, lo que conlleva a una desconexión neurológica absoluta e instantánea, por lo que no cabría esperar que ocurriesen movimientos agónicos y/o reflejos en estas condiciones, que llevasen a las cuatro extremidades a alinearse con el eje principal del cuerpo, y extender totalmente las rodillas en la forma y magnitud que se aprecia en las imágenes y esquemas. Esta evidencia que el cadáver fue manipulado, dejándolo en una posición de arrastre sobre el sofá, por cuanto cuando un cadáver se arrastra por el tronco en posición ventral, las piernas se arrastran detrás de este extendiéndose las rodillas y apoyándose el peso en los talones”.
Ravanal destaca en relación con esta imagen otro aspecto que desmiente la construcción oficial sobre la muerte de Allende: “Nótese el aspecto limpio de las prendas de vestir en la zona anterior del cuello y tórax, donde se aprecia el diseño geométrico del chaleco de cuello alto, limpio, sin impregnación de sangre, solo se advierte un patrón de escurrimiento, que correspondería a líquidos sanguinolentos que fluyen pasivamente por efecto gravitacional postmortem, desde la zona frontal y anterior de la cara y cabeza, hacia abajo y derecha, en relación al ángulo de inclinación de la cabeza.
“La ausencia total de sangre en la zona anterior del tórax y cuello, es un claro indicador respecto a que al momento de producirse el disparo submentoniano, Allende no estaba vivo o se encontraba en otra posición, por cuanto de haberse encontrado con vida en posición sentada al momento de producirse el impacto submentoniano, la sangre habría escurrido en grandes volúmenes, masivamente hacia abajo, tal como lo demuestran dos videos de suicidios registrados en vivo y que le fueron acompañados al ministro Carroza durante la investigación, evidenciando la falta de sustento de los informes oficiales, que en el caso desafían a la fuerza de gravedad”.
Recuadro 2
LA MASCARADA
exhumación 1990 (1)
Para entender bien cómo se consolidó la versión oficial construida por la Junta Militar, hay que remontarse a 1990. La medianoche del 17 de agosto de aquel año se realizó en el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar la primera exhumación (en la foto) del cuerpo de Salvador Allende. Se hizo con el fin de verificar si efectivamente sus restos estaban ahí y con el objetivo de reemplazar la vieja urna de latón por una nueva. Todo esto con miras al funeral oficial que se realizaría el 4 de septiembre de ese año.
La operación fue hecha en total secreto, a hurtadillas. Fue dirigida por el ministro vocero de Gobierno, Enrique Correa. La familia Allende envió en su representación al doctor Arturo Jirón.
La operación fue realizada sin especialistas, con total desprolijidad. Pablo Salas, que filmó esta exhumación, contó detalles de lo sucedido a este corresponsal en 2011: “Cuando llegamos al Cementerio Santa Inés estaba todo oscuro (…) Y nadie sabía si Allende estaba o no en su tumba”. Comenta que cerca de las 10 de la noche comenzaron a abrir la cripta de la familia Grove-Allende: una bóveda bajo el suelo a la que se desciende por una escalera. Recuerda que había ocho nichos, ubicados cuatro a cada lado y uno sobre otro. “Al fondo, del lado izquierdo, se encontraba el nicho donde se supone estaba Allende”, relató.
El camarógrafo afirma que sólo cuando llegó el ministro Correa, los panteoneros empezaron a romper la cubierta de cemento que resguardaba al nicho, “la cual tendría unos tres o cuatro centímetros de grosor”.
Sostiene que después de ello, “se pudo ver un ataúd de metal que tenía una chapa muy delgada y completamente oxidada”. Los empleados intentaron sacar el ataúd y éste se comenzó a desarmar. “Cuando lo jalaron un poco más fuerte, el ataúd se rompió. De esa forma lo lograron abrir”.
Cuenta que en ese momento él bajó al fondo de la cripta junto con Jesús Inostroza, fotógrafo de la Presidencia de la República de Chile, y el doctor Jirón, quien fue enviado por la familia Allende Bussi con la finalidad de reconocer los restos del ex Mandatario. Jirón fue uno de los médicos que estuvo con Allende en el Palacio de La Moneda el día de su muerte.
Salas dice que para ver los restos de Allende, el doctor Jirón se tuvo que agachar y meter parte de su cabeza al nicho. “Miró y empezó a murmurar: ‘el zapato, los pantalones, el chaleco’. Como yo estaba filmando, mi necesidad era que el tipo dijera lo que veía. Entonces, de repente le pregunté: ¿Es la ropa que llevaba? Y él me dijo: Si, así es”.
Salas relata que “los sepultureros comenzaron a romper el ataúd con el propósito de tomar los restos de Allende e irlos poniendo en una caja de metal chica, de menos de un metro de alto por 40 ó 50 centímetros de ancho y largo. Entonces empezaron a tomar todos los restos de Allende y los empezaron a poner en esta cajita metálica”.
–”¿En qué estado se encontraba el cráneo?”, le preguntamos a Salas.
Él recuerda que el cráneo estaba “muy incompleto”. Sostiene que sólo había una parte de él. “Si un cráneo normal tiene el tamaño de un melón, lo que había ahí tenía el tamaño de una manzana”, comenta.
El camarógrafo cuenta que los empleados del cementerio tendieron un paño blanco y colocaron sobre él ropa, restos óseos, pedazos de piel y pelo que no habían metido a la caja metálica. Después sacaron de la cripta tanto la caja como el paño. A este último lo volvieron a revisar, tomaron de él algunos “huesitos” y los arrojaron a la caja metálica. “Todo lo demás quedó fuera. Esto es, los zapatos, los pantalones, el chaleco, lo que era reconocible”.
Salas cree que la ropa y algunos restos óseos que los empleados no metieron a la caja metálica, “se fueron a la basura porque cuando nos fuimos se quedó ahí, nadie se los llevó”. Esta afirmación sería corroborada por tres panteoneros que declararon -en 2011- en el marco de la investigación encabezada por el ministro Carroza.
El testigo señala que los zapatos de Allende estaban casi intactos; el pantalón era oscuro, casi negro; y el chaleco era de lana blanca con puntos negros.
Dice que cuando terminaron “de poner los restos de Allende en la cajita de metal, ésta se colocó dentro de un ataúd nuevo, de madera, bien bonito. Este ataúd fue sellado con soplete y luego fue puesto en el mismo nicho donde estaba el ataúd antiguo”.
No hubo nueva autopsia ni ningún procedimiento forense. Sin embargo, esa mirada de un minuto bastó para que la familia del Presidente Allende, el gobierno de Patricio Aylwin y la prensa confirmaran que los restos correspondían a Allende y que éste se había suicidado… aunque usted no lo crea.
La revista Análisis (N° 348, septiembre de 1990) publicó -destacado en portada- el reportaje “El suicidio de Allende” que fue clave en la masificación en el seno de la izquierda de la versión oficial:
“Hasta el 17 de agosto de este año (…) existían serias dudas de que Allende se hubiera suicidado (…) Sin embargo, el resultado de la exhumación y reducción de los restos del presidente Allende (…) demostró que el cadáver (…) tenía un orificio en el cráneo que puede corresponder a un disparo de tipo suicida. Los que vieron los restos de Allende y sumaron a ello los antecedentes que tenían, están en condiciones de afirmar que Allende se quitó la vida”.
El 4 de septiembre fue el funeral oficial. En dicha ocasión -según testimonió a este corresponsal del cineasta Miguel Littín- la comitiva oficial que trasladaba los restos de Allende se detuvo en una parte del trayecto entre el Cementerio Santa Inés de Viña del Mar y el Cementerio General de Santiago. Por un lapso de una media hora desapareció el vehículo que llevaba los restos de Allende sin que nadie diera explicaciones de lo sucedido. En la comitiva participaba el ministro de Interior Enrique Krauss.
Littín levantó un acta notarial de este suceso por si moría antes de poder contarlo. Este cineasta chileno, actualmente está en la última etapa del rodaje de su film, en que muestra cómo fueron las últimas horas de Salvador Allende. Se espera que ahí cuente la verdad sobre su muerte.
Por Francisco Marín 
El Ciudadano Nº147, octubre 2013

sábado, 8 de marzo de 2014

Nace la República Glacial

En Chile los glaciares constituyen las principales reservas de agua para el futuro, pero actualmente no existe ninguna regulación que los proteja. Debido a este vacío legal la organización Greenpeace anunció la creación de “La República Glaciar”: Un país donde sus ciudadanos se comprometen a proteger estas enormes masas de hielo; fuentes de agua y vida.

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Los glaciares y los casquetes polares son las principales reservas de agua dulce en el planeta y por ende el principal seguro que poseen los ecosistemas y las comunidades humanas para su subsistencia. Los glaciares son reservas estratégicas pues no sólo aportan agua a las cuencas hídricas en verano, sino que son la única fuente de recarga de ríos, lagos y napas subterráneas en las zonas áridas y en períodos de sequía.

En el último tiempo, debido a los impactos asociados al calentamiento global, la atención pública sobre los glaciares se ha intensificado mundialmente. A nivel nacional la preocupación se ha centrado en la contaminación y destrucción de glaciares por algunos emprendimientos mineros; alcanzando gran visibilidad e interés ciudadano a partir del proyecto Pascua Lama, en la cuenca del río Huasco, en la Región de Atacama, el cual ha provocado importantes daños en los glaciares que se encuentran en el área de impacto del proyecto.
En Chile, se estima que el 70% de la población se abastece de recursos hídricos provenientes de glaciares ubicados en las zonas alto andinas. Evidencias como ésta en todo el mundo muestran la importancia y urgencia de proteger los glaciares como fuentes estratégicas de agua dulce para mantener los ecosistemas; la seguridad del suministro para los asentamientos humanos, el riego agrícola y la generación hidroeléctrica.
Sin embargo, en Chile no existe legislación para proteger los glaciares. Ellos no están considerados en el Código de Aguas ni en la legislación sobre Parques Nacionales; y tampoco en los instrumentos de ordenamiento territorial como ocurre en países como España, Francia, Canadá, Perú, Ecuador o Colombia. Peor aún, en Chile los glaciares no están detenidos, y ni siquiera se nombran en el marco jurídico vigente; es decir, son un patrimonio natural fuera de la Ley.
Con el objetivo de promover la creación de leyes que garanticen la protección de los glaciares en el país, la organización Greenpeace dio a conocer la creación de la “República Glaciar“, un lugar donde cualquier persona puede ser “ciudadano”, y así apoyar la protección de estas reservas de agua.
Participa y entérate de más detalles de la campaña aquí.

8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora

“es un eslabón en la larga y sólida cadena de la
mujer en el movimiento obrero”.
Alejandra Kollontay
¿Por qué un eslabón?

Uno de los antecedentes que registran la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado fue, en la segunda mitad del siglo XVIII, la competencia de la manufactura. Así lo testimonia Alejandra Kollontay: La competencia de la manufactura precipitó a la quiebra a los pequeños artesanos y a los obreros a domicilio, obligándoles a que vendieran su propia fuerza de trabajo a las grandes empresas, así como la de su mujer y de sus hijos. A finales del siglo XVIII y a principios del siglo XIX, la “cuestión de las mujeres” se concentró sin embargo esencialmente en el salario de las mujeres y su derecho a un “trabajo decente”. Durante tres siglos, las corporaciones, con sus privilegios y la severidad de sus decretos, procuraron que la mujer estuviera excluida de los oficios artesanos. (…) Desde que perdió la posibilidad de ejercer una profesión artesanal, se convirtió más fácilmente en presa del fabricante (…)
El ejemplo de Francia nos puede ilustrar la forma como se fue desarrollando el trabajo a domicilio y la incorporación de la fuerza de trabajo femenino, con la existencia de numerosas pequeñas empresas de manufactura con sólo diez o veinte obreros/as, en las que se ocupaban del tejido y el hilado; la presencia de mujeres era mayoritaria, hasta que la producción de seda pasó a la producción industrial. La imposición de la fábrica fue en detrimento del trabajo a domicilio y la manufactura.
Las consecuencias de este fenómeno se observó en vísperas de la revolución francesa:
Los arrabales de París se inundaron de mendigos y prostitutas, de una multitud de mujeres sin trabajo que padecían miseria y hambre. No es extraño que en los motines de julio de 1789 (1), las mujeres se comprometieran de manera particularmente vehemente contra el dominio y la explotación de los ricos. (…) “si buscamos trabajo no es para liberarnos de los hombres, sino para edificarnos una existencia propia en un ámbito modesto”, “libertad ilimitada de trabajo”

Los habitantes de los arrabales de París, se manifestaban y gritaban juntos: “Libertad de trabajo”

La autora aclara que la libertad de trabajo significaba la eliminación definitiva del feudalismo, la consolidación y el predominio de la burguesía y la liquidación de los privilegios de las corporaciones

Existen muchos testimonios, aunque no coinciden en la fecha, sobre la participación de las mujeres, como la redacción de un manifiesto revolucionario contra el dominio y la tiranía de la casa real, por parte de las mujeres de Angers.

Rose Lacombe, Lousion Chabry y Renée Audou se destacaron en la toma de la Bastilla. Las pescaderas del mercado mandaron especialmente una delegación a los Estados Generales, para “animar a los diputados y recordarles las reivindicaciones de las mujeres”. “No olviden al pueblo”, gritaban.

En su exilio en París, A. Kollontay tuvo acceso a documentos y otras fuentes sobre la actuación de Rose Lacombe durante la revolución francesa, los cuales no sólo relataban su actuación sino que caracterizaban su personalidad:

Ella era quien estaba verdaderamente al frente de las mujeres de los arrabales de París. Era de una gran modestia, a la vez que muy combativa, poseía una poderosa voluntad y un gran sentido de la organización. Por otra parte, estaba dotada de una voz melodiosa y de un rostro agradable. Su discurso en la galería de la Asamblea Nacional en el que defendió la revolución contra el ejército de la segunda coalición y reclamó del poder una democracia.

Enemiga declarada de la monarquía fue herida en la mano durante el sitio del palacio (Versalles). La asamblea nacional le entregó como a Theroigne, la “corona cívica”. Desde 1793, era miembro del grupo jacobino del partido montañés y llevaba el gorro rojo del movimiento revolucionarios de los sans-culttes bajo la dirección de Jean Paul Marat.

Rose Lacombe resultó peligrosa cuando quiso proseguir su lucha contra los contrarrevolucionarios y Robespierre la empezó a detestar por su participación en el del Club de las ciudadanas revolucionarias. Esta institución fue fundada originariamente por Rose Lacombe y la lavandera Pauline Léonie; luego, por dos mujeres de los arrabales de París. Realizaba tareas de educación en el espíritu de la revolución. Llegó a ocupar, con una multitud de parisinas sin trabajo y sin pan, la galería de la Asamblea Nacional y preguntar qué pensaba hacer el gobierno para atenuar la miseria escandalosa de las trabajadoras.

Tras la caída de los jacobinos, las organizaciones fueron reprimidas. En 1797 Rosa fue detenida y se retiró más tarde de la política.

“No reclamaba derechos especiales para las mujeres, sino que exigía de ellas una mayor vigilancia y las incitaba a que defendieran sus intereses en calidad de miembros de la clase obrera.”

Dominique Godineau (1990) en el texto Hijas de la libertad y ciudadanas revolucionarias, señala que llamaban “las agitadoras” a las mujeres que hemos hecho referencia por cumplir el papel de amotinadas. “Son las mujeres las principales agitadoras, las cuales contagiando su frenesí al espíritu de los hombres, los inflaman con sus opiniones sediciosas y provocan en ellos una violencia sin límites”, observa un policía durante la insurrección de mayo de 1795. Estas participaban en salones, tribunas o clubes como el Club de ciudadanas revolucionarias.

En síntesis el autorreconocimiento como ciudadanas y la crítica a las condiciones de vida en general y como mujeres en particular las movilizaba a la insurrección.

El trabajo femenino en el período de expansión de la gran industria capitalista
Se pueden observar varios fenómenos que se modifican en relación con el desarrollo de la manufactura:

- trabajo a domicilio;
- trabajo doméstico;
- trabajo femenino y masculino;
- relaciones familiares;
- puestos de trabajo y roles diferenciados.

Una de las reflexiones sobre esta relación la encontramos en el texto citado de A. K. cuando dice:

El trabajo doméstico conservaba en aquella época un valor importante y completaba la economía nacional, en la medida en que la industria estaba aún poco desarrollada. Pero en realidad, el trabajo casero no contaba para la economía nacional. A pesar de esta tarea relativamente, la mujer no era útil ni a la sociedad ni al estado. Su trabajo no servía sino a su propia familia. Y el ingreso nacional no se calculaba en función del trabajo de cada miembro de la familia, sino solamente en función del resultado del trabajo, es decir en función del ingreso global de la familia lo cual hacía de la misma la unidad básica de la economía.

La otra reflexión sobre la relación trabajo doméstico, a domicilio y trabajo del hombre y de la mujer y desarrollo de la gran industria, la realiza el historiador inglés E. Hobsbwam, quien al diferenciar la protoindustrialización de la industrialización posterior – la transformación económica no necesariamente para mejor- fue el crecimiento de la industria doméstica para la venta de productos en mercados más amplios.

En la medida en que esa actividad siguió desarrollándose en un escenario que combinaba el hogar y la producción externa, no modificó la posición de la mujer, aunque algunas formas de manufactura doméstica eran específicamente femeninas (por ejemplo, la fabricación de cordones o el trenzado de la paja) y por lo tanto otorgaba a la mujer rural la ventaja, relativamente rara, de poseer un medio para ganar algo de dinero con independencia del hombre.

Las consecuencias para estas relaciones no sólo eran económicas, sino que también significaban una “erosión de las diferencias convencionales entre el trabajo del hombre y la mujer” y fundamentalmente la “transformación de la estructura y la estrategia familiar. (…) Los mecanismos complejos y tradicionales para mantener un equilibrio durante la siguiente generación entre la población y los medios de producción de los que dependían, controlando la edad y la elección de los cónyuges, el tamaño de la familia y la herencia.”

En las postrimerías del siglo XIX la industria doméstica estaba en retroceso frente a la manufactura en gran escala y el autor así caracteriza lo nuevo:
“La segunda y gran consecuencia de la industrialización sobre la situación de la mujer fue mucho más drástica: separó el hogar del puesto de trabajo. Con ello excluyó en gran medida a la mujer de la economía reconocida públicamente -aquella en la que los individuos recibían un salario – y complicó su tradicional inferioridad al hombre mediante una nueva dependencia económica. 
(…) El objetivo básico del sustentador principal de la familia debía ser conseguir los ingresos suficientes como para mantener a cuantos de él dependían (…)

Los ingresos de los otros miembros de la familia eran considerados suplementarios y ello reforzaba la convicción tradicional de que el trabajo de la mujer (y por supuesto de los hijos) era inferior y mal pagado” (…)

Sobre la situación de la mujer el historiador afirma que “es poco lo que puede decirse sobre ellas que no pudiera haberse afirmado en la época de Confucio, Mahoma o el Antiguo Testamento. La mujer no estaba fuera de la historia, pero ciertamente estaba fuera de la historia de la sociedad del siglo XIX.”

Volviendo a Francia, la fase de la primera industrialización (1830-1890) se realizó de manera diseminada geográficamente. La investigadora, Marie-Agnés Barrère-Maurisson (1999), caracteriza la función y las relaciones familiares: la familia era la unidad de producción; de tipo patriarcal, como tipo dominante. La diferencia con el período de industrialización se dio por la ubicación en grandes centros urbanos. Al acceder la mujer al trabajo asalariado “comienza a salir de la familia; por lo que se produce el estallido de la unidad familiar y la emergencia de la familia obrera. El tipo familiar corresponde a partir de este momento a la familia como unidad de salario y vemos aparecer la familia denominada conyugal.”

Cuando las obreras de la fábrica Cotton Textile Factory de Nueva York , en el año 1908, solicitaban jornada laboral de diez horas, descanso dominical e igual salario por igual trabajo y la respuesta al reclamo fue el incendio de la fábrica y la muerte de las 129 obreras, quedó demostrada la brutalidad de la patronal.

Es pertinente recordar que las jornadas laborales se extendían más de 12 horas, con bajos salarios, viviendas muy precarias, enfermedades y tasa de mortalidad elevada e inestabilidad en el empleo.

A la concepción de ingreso suplementario se agregaba la desvalorización del trabajo de las mujeres, consideradas inferiores y equiparadas a los niños, pagarles menos que a los hombres.

En los años 1850, las obreras lucharon por las reivindicaciones siguientes:

1. Acceso a los sindicatos en las mismas condiciones que los colegas masculinos.
2. A trabajo igual, salario igual.
3. Protección del trabajo femenino (esta reivindicación apareció a finales del siglo XIX.
4. Protección general de la maternidad.

Entre 1871 y 1901, por ejemplo, en la rama industrial en Inglaterra, la proporción de hombres aumentó en un 23% y la proporción de las mujeres en un 25%, lo mismo sucedía en Alemania. Durante la Primera guerra mundial, el 30% de las mujeres alemanas trabajaba en 30 ramas industriales.

La mirada, que considera la situación de la mujer en la sociedad determinada por su papel en la producción (2), sirve para concluir sobre su visión sobre el reconocimiento de los derechos sociales y cívicos, así es como lo analiza A. Kollontay:

Mientras la mayor parte de las mujeres permanecían en el hogar, ocupadas en tareas improductivas para el conjunto de la sociedad, todos los intentos y las iniciativas femeninas para obtener libertad e igualdad estuvieron condenadas al fracaso. Estos intentos no tenían ninguna base en la economía. Sin embargo, la producción industrial en las fábricas, que engullían a miles de obreras, modificó considerablemente el orden de las cosas (…)

El siglo XX señaló un viraje decisivo en la historia de la mujer. (…) En la época de la manufactura, las trabajadoras eran esencialmente viudas, solteras o mujeres abandonadas por sus maridos. En el siglo XIX, cerca de la mitad de las mujeres que trabajaban eran casadas. ¿por qué? Evidentemente el salario del marido no alcanzaba (…)

En otros términos, las reivindicaciones de la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres aparecieron “después de que la mujer introdujese sus fuerzas productivas de trabajo en la economía nacional”. Esta afirmación es en abierta polémica con las de las feministas de esa época que no consideraban esta variable.

Esta contradicción, también fue observada al señalar que “las feministas intentaron ingenuamente trasladar la lucha por los derechos de la mujer del terreno estable de la lucha de clases al terreno de la lucha entre los sexos.

Temas y debates que continúan.

En realidad la división del trabajo y la propiedad privada encadenaron a la mujer a su propio hogar y desde entonces fue considerada un complemento y el apéndice del marido. De allí, que las mujeres pujen por la posibilidad de liberarse de esta relación , en cada época de un modo particular.

El tema fue estudiado desde distintas perspectivas, por ejemplo:

La óptica que ubica a las mujeres en relación con el trabajo dentro de ámbitos familiares (3) y tomado como objeto social (4) traduce:

- en primer lugar, las evoluciones familiares, del empleo y de las estructuras productivas;
- igualmente la transformación del sistema económico y social, sus sectores de actividad, sus instancias, incluyendo las jurídicas;
- Constituye un parámetro de lectura para comprender también cómo se opera por ejemplo, la gestión de las carreras de los hombres y de las mujeres, de los despidos, en función de la situación matrimonial (…) incluso para autorizar un acercamiento entre la precarización del empleo y la fragmentación de la familia, etc.

Otro de los temas recurrentes es el del trabajo doméstico. La tarea de crear condiciones para reponer la fuerza de trabajo de los obreros fue valorada por las patronales, como es el caso de H. Ford, quien contemplaba entre los requisitos para la admisión de éstos, ser casado y no vivir en pensión.

El trabajo no remunerado del ama de casa, también participa de tareas productivas, al transformar insumos en alimentos y otras innumerables tareas de servicio, aunque sigue vigente la preocupación por su consideración en el cómputo de las cuentas nacionales.

En el ámbito laboral, cuando se hace referencia a la jornada de trabajo, es frecuente que las mujeres aludan a la “otra jornada”, la tarea doméstica y de crianza de hijos/as, sin remuneración. Los varones lo hacen en menor medida
La doble jornada de trabajo es la marca de la sociedad patriarcal por un lado y la deficiente organización del sistema público para la atención de la primera infancia, la cual es asumida en general por las mujeres. La sociedad patriarcal instituyó relaciones sociales con roles específicos para uno y otro sexo y aunque en el transcurso del siglo XX se produjeron muchos cambios, esta sociedad desigual sostiene y reproduce inserciones laborales diferentes para mujeres y varones, persistiendo la doble opresión de las mujeres.

La práctica social de este rol llevó a la especialización en las tareas de cuidado, tanto es así que se puede observar en el ámbito laboral, que las que trabajan en oficios y profesiones que implican el cuidado del otro son las empleadas domésticas, maestras, enfermeras, niñeras, etc..

Otro fenómeno que se observó en la década 1980-1990, es el nuevo status de la mujer y su incorporación al trabajo, a la par que se producía la creciente incorporación de contingentes femeninos al mundo obrero.

La demanda social más general relacionada con su nuevo status adquiere una proyección organizativa diferente (comida, cuidado de niños y ancianos, cuidado de la casa, atenciones personales, etc.)

En síntesis los temas (5) que nos convoca este día son varios:

- Relación de la economía, el desarrollo social y cultural y la inserción laboral de las mujeres.

- La doble opresión, clase y género.
- La relación entre la producción y la reproducción.
- El sentido de las tareas domésticas y el cuidado de los infantes.
- La relación clase -género o la contradicción entre los sexos.
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Ester Kandel es investigadora de la Fundación de investigación social y política -FISYP. Autora de: 
- División sexual del trabajo – Ayer y hoy – Una aproximación al tema, Dunken, 2006. 
- Ley de trabajo de mujeres y menores – Un siglo de su sanción -La doble opresión: reconocimiento tácito, Dunken, 2008.

Notas:

1) “Las mujeres del pueblo” en las provincias del Delfinado y de Bretaña fueron las primeras en atacar a la monar-quía. Fueron seguidas por las mujeres de Angulema y de Chenonceaux. Participaron en las elecciones de los diputados para los Estados Generales y su voto fue reconocido unánimemente. El lunes 5 de octubre de 1789 marcharon sobre Versalles unas cinco o seis mil mujeres, encabezadas por las mujeres del mercado; detrás de ellas los hombres, los más jóvenes disfrazados de mujeres. Cubiertas de todo, empapadas de lluvia y de sudor, agotadas, borrachas, en su mayoría verduleras que amenazaban a gritos a María Antonieta.(…) Citado en Las mujeres en la Revolución Francesa – Comisión de las comunidades europeas – N° 33.
2) Parte de esta visión es considerada por la investigadora francesa cuando analiza la relación entre el trabajo y la familia: Las causas del surgimiento de una relación entre las estructuras económicas y las estructuras familiares están ligadas al gran crecimiento del trabajo femenino en nuestras sociedades industriales a fines de los años sesenta y a principios de los setenta.
3) En todas las sociedades tradicionales, sin excepción, existe un reparto estricto de las tareas entre el hombre y la mujer, de tal manera que pareja aparece como la célula económica básica. Así es como en la familia de los “homínidos”, la caza obliga a las madres a quedarse con los hijos pequeños, ocuparse del mantenimiento del fuego y también de recolección de frutos, tareas que no exigen desplazamientos importantes. De esta manera, la división sexual del trabajo y de la familia se muestra como las dos partes de un mismo fenómeno; y el casamien-to constituye un contrato de cuidado mutuo, además de una regulación de las prestaciones sexuales”. P. 15
4) Op. Cit.
5) En los artículos que figuran en la bibliografía hemos señalado las reivindicaciones que preocupan a la mayoría de las mujeres.

Bibliografía:

- Barrère-Maurisson, Marie-Agnés, La división familiar del trabajo, La vida doble, Asociación Trabajo y Sociedad, Argentina, enero de 1999.
- Kandel, Ester, 8 de marzo – Como hace 100 años: Día Internacional de la mujer trabajadora, Argenpress, 24 de febrero de 2010.
- Kandel, Ester, Este y aquel 8 de marzo – Día Internacional de la mujer trabajadora, Argenpress, 31 de enero de 2013.
- Kollontay, Alejandra, Mujer, historia y sociedad, – Sobre la liberación de la mujer, Edición Fontamara, Barcelona, 1982.
- Godineau, Dominique, Hijas de la libertad y ciudadanas revolucionarias, en Historia de las mujeres, Colección dirigida por G. Duby y M. Perrot, Grupo Santillana, 2000.
- Hobsbwam, Eric, La era del imperio 1875-1914, Crítica- Grijalbo Mondadori, S.A. 1998.
- Re Mónica, Valorización financiera en Argentina y mercado de trabajo femenino 1976-2011: Desarrollo y teoría feminista, Doctorado en Desarrollo Territorial, Gambina, J, Elorz, E.