sábado, 25 de septiembre de 2010

Operación Carlota, el Internacionalismo Cubano


Mientras las potencias occidentales han atormentado a los pueblos con la mas abominable forma de opresión que es el colonialismo, el racismo y el apartheid y continúan en nuestros dias con nuevas y mas sangrientas operaciones de recolonización, llevando la destrucción y la miseria a cualquier lugar de nuestro planeta, la Cuba Revolucionaria demostró que solo el Socialismo pudo ayudar a los pueblos que luchaban por su liberación de la siniestra mano del colonialismo y el apartheid. Fue el Internacionalismo cubano quien dio inicio a la gesta mas grandiosa y solidaria con las luchas de los pueblos oprimidos de Africa, iniciando la histórica OPERACIÓN CARLOTA.
Cuando en 1974 la Revolución de los Claveles en Portugal derrocó al gobierno fascista de Marcelo Caetano, se aceleró el proceso de descolonización de sus enclaves en Africa (Angola, Mozambique, Guinea Bissau, Sao Tomé y Cabo Verde).
En Angola, el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), única fuerza legítima combatiente por la independencia del pais, al mando de Agostinho Neto, asume el poder tras una larga lucha contra la opresión colonial. Pero la recien estrenada independencia se ve rápidamente amenazada por las fuerzas fascistas del FNLA, apoyadas por Zaire, y los mercenarios de UNITA al servicio de la racista Sudáfrica, todos financiados y apoyados por el Departamento de Estado Norteamericano, especialmente desde que el gobierno de EEUU pusiera a Henry Kisinguer a dirigir personalmente las acciones de la CIA en apoyo del FNLA y UNITA. La Casa Blanca pretendía con la derrota del MPLA resarcirse de la estrepitosa derrota que había sufrido en Vietnam.
Ante la amenaza cierta de que las fuerzas mercenarias tomaran la capital, Luanda, el MPLA pide con urgencia la colaboración militar de Cuba que envía voluntarios internacionalistas para ayudar a las tropas anticolonialistas a organizar la defensa: 480 hombres llegan en octubre de 1975 y, junto a ellos, miles de fusiles, morteros, antiaereos y cañones antitanque, así como el avituallamiento necesario para dotar a las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA), que los dias 2 y 3 de noviembre, junto a los voluntarios cubanos, intentaron detener la Columna Zulú blindada sudafricana que avanzaba desde Namibia hacia el norte, en dirección a Luanda. Fué ésta la primera resistencia organizada que encontraron los invasores sudafricanos que, a pesar de sufrir cuantiosas pérdidas, continuaron avanzando debido a su superioridad en medios. Sangre cubana y angolana se derraman juntas por primera vez.
También desde el Norte, fuerzas de UNITA, se dirigen hacia Luanda , la Capital de Angola.
Pero para los cubanos, formados en una consciente vocación internacionalista, había un solo camino: no dejar solo al pueblo angolano en esa hora crucial.
Con Fidel y Raul al frente, la dirección del Pais tomó la decisión de enviar las primeras tropas regulares, totalmente voluntarias, a combatir a los agresores sudafricanos. Empezaba así la Operación Carlota, que duraría hasta el 25 de mayo de 1991, cuando los últimos 500 internacionalistas cubanos regresaron a su Patria, tras demostrar con creces el espíritu solidario y la capacidad del pequeño pais Socialista para movilizar numerosos medios por la libertad de los pueblos.
La primera compañía del Batallón de Tropas Especiales cubanas llegó a Luanda el 9 de noviembre para comenzar al dia siguiente el combate, en el que los atacantes mercenarios al servicio del Apartheid reciben una aplastante derrota, en una gesta llena de heroismo como nunca hasta entonces se había conocido en el continente africano.
Luanda estaba salvada y, ese mismo dia, el Presidente Agostinho Neto, proclamaba en un multitudinario mitin, el nacimiento de la República Popular de Angola y el 27 de marzo de 1976 el último destacamento de los racistas sudafricanos cruzó el rio Cunene y se internó en la Namibia ocupada por el apartheid. De Cabinda a Cunene, la República Popular de Angola estaba libre de los invasores y sus fantoches. Todo parecía indicar que la guerra había terminado y que las FAPLA podrían asumir la defensa del inmenso territorio angoleño y que ya no haría falta mantener la ayuda altruista de los internacionalistas cubanos, 36.000 efectivos en defensa de la libertad de Angola.
Pero Sudafrica y EEUU nunca dejaron de hostigar Angola, pues sabian que la victoria popular ponía en peligro todos los regímenes fascistas de Africa Austral, y durante los 10 años siguientes las incursiones y ataques terroristas desde las bases sudafricanas en Namibia fueron aumentando.
En enero de 1988 el Estado Mayor de las FAPLA decide lanzar una fuerte ofensiva generalizada contra UNITA en su bastión de la provincia sureña de Cuando Cubango para desalojarles de territorio angoleño, pero la intervención directa de tropas racistas de Pretoria, las SDAF, con gran apoyo aereo pasó a la contraofensiva.
Otra vez, como en el año 1975 Fidel ( y a pesar ésta vez de la oposición de la URSS, donde la criminal "Perestroika" preparaba su traidor camino), envía generosamente un contingente de 40.000 internacionalistas, agregando ésta vez el decisivo envío de aviones MIG-21 y MIG-23, que aseguraron la supremacía aerea. De ésta manera, junto a los combatientes del SWAPO que luchaban contra el régimen racista de Namibia, las FAPLA consiguieron derrotar completamente a los ejércitos del odiado régimen del apartheid en la mítica batalla de Cuito Cuanavale, la mayor batalla de la historia del Africa Subsahariana.
La victoria en Cuito Cuanavale del FAPLA, junto a los internacionalistas cubanos y namibios del SWAPO, transformó la geopolítica del Africa Austral, obligando al régimen de Botha en Pretoria a negociar la independencia de Namibia, inició el camino hacia el fin del sistema segregacionista del apartheid en Sudáfrica.
Mientras las potencias "democráticas" que apoyaron activamente el oprobioso régimen del apartheid se permiten criminalmente agredir a Cuba y acusarla cínicamente de ser enemiga de la libertad, fue la Cuba Internacionalista , Socialista y solidaria la que dió su sangre por conseguir la libertad de los pueblos de Africa Austral del colonialismo mas execrable e inhumano.
La Operación Carlota (denominada así por el mando cubano en honor a una mujer africana que, en tierra cubana, encabezó siendo esclava dos sublevaciones contra la opresión colonial y que fué descuartizada por los verdugos que lograron apresarla en su segunda intentona rebelde), es el Internacionalismo de la Cuba Solidaria, que mostró al mundo la supremacía moral y combativa del Socialismo en su misión libertadora. Mientras las potencias "democráticas" que hoy acosan a Cuba, siempre quisieron sojuzgar a los pueblos, ella siempre luchó para liberarlos.
Al informar al Comandante en Jefe Fidel Castro que la Operación Carlota había concluido, el entonces Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Raul Castro afirmaba: "La gloria y el mérito supremo pertenecen al pueblo cubano, protagonista verdadero de esa epopeya, que corresponderá a la historia aquilatar en su mas profunda y perdurable trascendencia".

Zoya Kosmodemyanskaya, heroina de la Unión Soviética

Soldado del Ejercito Rojo, fue la primera mujer condecorada, tras su muerte, con el título de Heroe de la Unión Sovietica y con la Orden de Lenin, durante la Gran Guerra Patria. Fue simbolo de heroismo para los pueblos soviéticos en la Guerra Mundial. Su gesta ha sido plasmada en la literatura, periodismo, cinematografia, pintura, escultura y exposiciones en museos.

Kosmodemyanskaya se unió a las Juventudes Comunistas, Komsomol, en 1938 y, el 31 de octubre de 1941, a la edad de 18 años, junto con 2000 voluntarios , se integró en el destacamento partisano 9903 del frente occidental. Despues de un corto entrenamiento, Zoya fue destinada a la región de Bolokolamsk( Moscú) , donde su grupo participó con exito en el minado de caminos en territorio ocupado.

El 17 de noviembre fue publicada la Orden Nº 428 de "privar al ejército alemán de toda posibilidad de desplegarse en pueblos y aldeas, expulsar a los ocupantes germanos de cualquier zona poblada, casa o establo, para que solo puedan estar al frio del cielo raso" y con ese fin "destruir y quemar cualquier lugar donde los invasores puedan refugiarse".

Para el cumplimiento de ésa Orden, Zoya formó parte, junto a otros camaradas con la tarea de hostigar y quemar, en el plazo de 5 dias, 10 aldeas donde estaban establecidas tropas germanas. El armamento de Zoya era una pistola "Nagán" y varios cócteles Molotov. Tras diversas escaramuzas con el enemigo, su grupo se dispersó quedanzo Zoya aislada, decidiendo continuar sola y atacar tres casa y establos en Petrishevo donde se acuartelaban oficiales y soldados alemanes con sus caballos.

Pero los alemanes tenían montada una guardia de colaboracionistas traidores a su servicio, uno de los cuales, S.A. Sviridov la engañó y fue capturada (por su traición los nazis le premiaron con una botella de vodka).

Fue torturada durante dos dias de interrogatorios en los que la única información que dió fue su nombre de guerra "Tania". Por la mañana la llevaron a la calle donde ya habían construido la horca, con un cartel en el cuello que ponía "incendiaria de casas".

En el acta de identificación del cuerpo, de febrero de 1942 llevada a cabo por una comisión de representantes del VLKSM (Juventudes Comunistas Leninistas de toda la Unión ), de oficiales del Ejército Rojo, representantes del Comité Regional del PC de la URSS, del consejo y vecinos de la aldea de Petrishevo, tras estudiar las circunstancias de la muerte y en base a declaraciones de testigos de las torturas y de la ejecución, quedó probado que la Komsomola Kosmodemyanskaya, durante su ejecución realizo un llamamiento a sus conciudadanos: "No os rindais, hay que ayudar al Ejército Rojo. Nuestros camaradas vengarán mi muerte contra los fascistas. La Unión Soviética jamás será vencida". Dirigiendose a los soldados alemanes Zoya gritó: "rendiós antes de que sea tarde, podreis ahorcar a muchos de nosotros, pero nunca a 170 millones". Ésto ya lo dijo con la soga al cuello mientras oficiales alemanes la fotografiaban. Aún quiso dicir algo mas, pero en ese momento un oficial elemán quitó el cubo sobre el que se sostenía y quedó colgando. Agarró con sus manos la cuerda y los alemanes la golpearon hasta que expiró su aliento.

Su cuerpo fue dejado colgando un mes, siendo golpeado y vejado en varias ocasiones por soldados alemanes y colaboracionistas. El dia de año nuevo de 1942, un nazi borracho le arrancó parte de la ropa y mutiló su cuerpo congelado. Al dia siguiente el mando alemán, ante la inminente llegada de tropas soviéticas, ordenó descolgarla y enterrarla. Posteriormente, su cuerpo fue llevado por los soviéticos al cementerio de Novodievichi en Moscú.
El 16 de febrero de 1942 fue declarada Heroe de la URSS con la Orden de Lenin. Pero para nosotros es heroe de la humanidad.

El nombre de Kosmodemyanskaya lo llevan innumerables escuelas, barcos, calles de muchas ciudades , montañas, y dos asteroides. Innumerables memoriales escultóricos en todo el territorio soviético: Moscu, Leningrado, Minsk, Kiev, Stalingrado..

Merecen llevar su nombre todo tipo de colectivos, asociaciones, comités, celulas de partidos..

Su gesta es el reflejo de la lucha de toda una generación de trabajadores que supieron defender su pais, el primer Estado Socialista de la historia, frente a la invasión del fascismo internacional liderado y organizado por la Alemania nazi.

El heroismo de Zoya representa también el de tantos y tantos combatientes anónimos que perdieron su vida por la defensa de la URSS y la liberación de los pueblos de Europa de la barbarie nazi-fascista.

En 1991, solo 50 años despues de la muerte de Kosmodemyanskaya, un puñado de bandidos consiguió lo que las divisiones de la Wermatch no fueron capaces: derribar el Pais Soviético. La Alemania nazi no pudo con los soviets porque frente a su agresión se levantó un Partido Comunista que organizó a millones de trabajadores en su defensa.

Pero cincuenta años despues, ese partido , extenuado en tantas batallas externas e internas, debilitado por tanta presión y traición, ya no pudo cumplir con la tarea histórica que le correspondía. Pero la memoria y el ejemplo de tantos que dieron su vida por el socialismo, será estandarte de victoria para los millones que con sus presentes y futuras batallas irán forjando el porvenir.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Agitación Solidaria

Sumamente inquieto por la fuerza del levantamiento estudiantil de mayo de 1968, el gobierno francés decretó la expulsión del país de uno de sus principales líderes, de origen judío y pasaporte alemán, como extranjero indeseable. Los estudiantes franceses rayaron los muros de París y levantaron carteles con la consigna “todos somos judíos alemanes”. Es decir, renunciaron simbólicamente a su identidad francesa y aria para identificarse con el perseguido.-

Cuatro diputados de izquierda (Aguiló, Gutiérrez, Jiménez y Monsalve) han hecho algo similar al declarar una huelga de hambre en adhesión a la de los prisioneros mapuches sometidos a la Ley Antiterrorista, que sobrepasa ya los sesenta días. Ha caído sobre esos parlamentarios todo el peso de la crítica, a veces malévola, de quienes sostienen las reglas de comportamiento político que más favorecen la tranquilidad y vigencia plena del orden actual. Algunos les atribuyen deseos de figuración, otros los acusan de violar su privilegiado estatuto de miembros del Congreso, otros, en fin, consideran que su actuación linda en lo ridículo.-

Es interesante observar cómo el gesto de los cuatro diputados ha consumido ya una cantidad de tinta y papel que, proporcionalmente al tiempo de su huelga de hambre, supera con creces la tinta y papel gastados por la prensa oficialista para referirse a la huelga de los mapuche, ocultada con celo por largas semanas. Un punto a favor: los diputados han logrado una mucho mayor difusión en Chile y fuera de Chile para el acontecimiento principal, la huelga de los presos. –

También tiene importancia el debate surgido respecto al hecho que algunos parlamentarios utilicen su propio cuerpo como instrumento de lucha por sus ideas. Los argumentos que se esgrimen son dudosos razonamientos jurídicos o supuestas normas de conducta. ¿Quién, cuándo, dónde los establecieron? Simplemente el conformismo que ensombrece nuestra existencia social no espera ni desea que haya diputados que incurran en tamaña impropiedad, entiende que ser diputado es ser parte del orden vigente y que éste debe ser rigurosamente respetado. Otro punto a favor: la condición de diputado no conlleva la castración política a la que nos habituó el sistema binominal, el reglista sometimiento de los partidos por él beneficiados y la larga exclusión de sectores de izquierda. Un diputado es un político y los políticos de izquierda tienen una visión emancipadora (más libertad, más igualdad). Materializar esa perspectiva requiere actuar para emancipar y parte de esa actuación consiste en “agitar” (sacudir, remover, excitar, mover, estremecer, zarandear, batir, encrespar, blandir, ondear, vibrar, palpitar, latir, etc.). Aguiló, Gutiérrez, Jiménez y Monsalve están constituyendo otra forma de ser parlamentarios, distinta a la predominante durante los últimos veinte años.-

Actuar, sí. El antídoto que aplica la derecha es ridiculizar. La huelga de hambre mapuche se entiende, es digna (después de haberla silenciado durante sesenta días…), pero la de los diputados es ridícula. Para la derecha pensar en más libertad y más igualdad en una sociedad como la chilena y actuar en consecuencia puede parecer ridículo. Y, efectivamente, actuar contra la corriente, situarse en la minoría para construir mayorías, en un país como el nuestro dominado por los cuatro costados por los poderes de la derecha, debe tener para los partidarios del modelo político y económico, algo de risible. Pero es una burla preocupada, inquieta, que se ejerce como arma política y que no tiene fundamento. Tercer punto a favor: los cuatro diputados nos invitan a actuar, valorizan lo que significa actuar, frente a la hipocresía de los conformes y la inepcia de los indiferentes.-

Aguiló, Gutiérrez, Jiménez y Monsalve, mediante su acción de agitación solidaria, están restituyendo en parte el prestigio que corresponde a la función de ser representantes populares, dilapidada en estos años por la mayoría de los congresales.-

Jorge Arrate

12 de septiembre de 2010

Ayer mataron a Salvador Allende

Sería ingenuo no creer que el 11 de septiembre que el mundo recordará será el de las Torres Gemelas antes que el de Chile. El de las Torres tuvo una audiencia en simultáneo, un público atónito que asistía, compartiéndolo, en vivo y en directo, a uno de los acontecimientos más poderosos de la historia humana. No menos poderoso fue el de Chile, pero nos tenía más acostumbrados. Sin embargo, no bien se desplegó el terror pinochetista supimos que eso era nuevo, no tenía antecedentes. Lo mismo sucedió con el terror de la Junta argentina.

Ignoro si se ha reflexionado sobre un punto (sin duda, sí; pero merece ser ofrecido otra vez al análisis): el acontecimiento de las Torres y el de Chile no sólo comparten la fecha, sino mucho más. El país de las Torres (el Imperio) fue el causante directo del septiembre chileno. Chile nada tuvo que ver con la caída de las Torres. Pero Estados Unidos hizo el golpe de Pinochet, lo inventó a Pinochet y lo asesinó a Allende. Era parte de la política que se había otorgado para manejar las cosas en eso que llaman su “patio trasero”.

Desde que llegó a la presidencia, Ke-nnedy, que era un furioso anticomunista, advirtió que –durante el llamado período de la Guerra Fría– las acciones bélicas directas no tendrían lugar entre los dos bloques hegemónicos. Había, en ellos, un exceso de técnica bélica que lo impedía. El terror nuclear recomendaba una excesiva prudencia que los dos colosos ejercieron celosamente. Las luchas, entonces, se dieron en otras latitudes.

Demoraron en advertir que en América latina los comunistas se habían posesionado de Cuba, brillante tarea de esos barbudos que habían seducido y engañado a la CIA diciéndose democráticos, y que la CIA creyó que apenas venían a tirarles abajo a ese sargento Fulgencio Batista, un sanguinario impresentable, que había hecho de Cuba un prostíbulo y un garito para la mafia. Apoyaron a los muchachos de Fidel, que les dieron una enorme y pésima sorpresa: su líder se definió y definió a su movimiento como marxista-leninista. Decidieron aprender la lección: nunca más un Castro en América latina. Porque Estados Unidos decía no pretender apropiarse del mundo como los soviéticos, pero en verdad ya casi lo dominaba o ésa era su meta. Con justa razón, el profesor Chalmers Johnson consideró que había más simetría entre las políticas de la Unión Soviética y de los Estados Unidos de lo que los norteamericanos deseaban reconocer: “Si en el transcurso de la Guerra Fría la Unión Soviética intervino manu militari en Alemania Oriental (1953), Hungría (1957) y Checoslovaquia (1968), los Estados Unidos articularon el golpe en Irán (1953), la invasión de Guatemala (1954) y de Cuba (1961), ocuparon militarmente la República Dominicana (1965) e intervinieron en Corea (1950) y en Vietnam (donde sustentaron dictaduras y mataron a un número más grande de personas que la Unión Soviética en sus exitosas intervenciones)” (Chalmers Johnson citado por Luis Alberto Moniz Bandera en su notable ensayo: La formación del Imperio Americano). En una comparación inevitablemente odiosa y desagradable, posiblemente la CIA sea y haya sido una organización más cruel, más asesina y, sobre todo, más responsable de la llegada de regímenes genocidas al poder que la KGB soviética. Medio mundo o más no diría esto por la prepotencia, la supremacía que tienen los medios en la formación de la subjetividad de las personas. El cine, por ejemplo (gran herramienta de propaganda de EE.UU.), siempre ha mostrado a un agente de la KGB como alguien más siniestro que uno de la CIA, que, con frecuencia, es el héroe de la película. Jack Ryan, sin ir más lejos, tuvo la pinta y el carisma de Harrison Ford. ¿Quién, en la KGB, podía competirle? Pero un serio problema se le aparece a la Administración Nixon. En 1970, el socialista Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular, gana de modo inobjetable las elecciones en Chile. Pese a que Allende propone una “vía pacífica” –o una “vía democrática”– al socialismo, Richard Nixon lo odia desde el primer día. Y desde ese día se propone echarlo del gobierno. Aquí debo mencionar dos documentales formidables con los que trabajo estas cuestiones y deben (creo) ser consultados: uno es casi una autobiografía de Robert McNamara y se titula La niebla de la guerra, el otro es una pequeña obra maestra de Chistopher Hitchens, Los juicios de Henry Kissinger. En éste, Hitchens nos muestra la pasión que pone Kissinger en dejar contento a su jefe, Nixon, y demostrarle que se puede hacer con un país lo que Estados Unidos desee. No aún con Chile, porque Allende acaba de ganar muy limpiamente “y nosotros respetamos la democracia”. Nixon acepta este dogma, pero tiene claro que –en caso de llegar a imponer una dictadura– siempre es mejor una dictadura no-comunista que una comunista (ver: Luis Alberto Moniz Bandeira, La formación del Imperio Americano, p. 278). Seguramente compartían este criterio las empresas que le hicieron saber acerca de la gravedad del asunto: la ITT, la Pepsi Cola y el Chase Manhattan Bank. Todas se comunicaron con el presidente de la CIA, Richard Helms. También lo hizo Nixon, en una reunión relámpago: se sentó, tomó un vaso de agua, dijo un par de cosas y se fue. Destinó 10 millones de dólares para la tarea de desestabilizar al “hijo de puta” –así le decía: SOB—, pidió acción inmediata, dejar de lado al embajador, poner los mejores hombres en la tarea y en 48 horas deteriorar la economía. A partir de ese punto empezaría el trabajo en serio.

Kissinger tenía un buen concepto de la habilidad política de Allende: por todos los medios exhibiría que no era un satélite soviético, a lo Castro, ni siquiera un gobierno abiertamente comunista. Pero no estaba dispuesto a mostrar que le creía. En suma, entre Nixon y Kissinger deciden hundir a Allende desde el primer día de su llegada al poder. Así se hace la historia. En tanto, en América latina se festejaba el gran paso de la llegada al gobierno por elecciones libres y democráticas de un gobierno socialista (aunque fuese con un margen leve: la Unidad Popular sólo alcanzó el 36,2%), en las oficinas de la CIA o en el despacho más privado de Nixon la tarea de destrucción ya estaba en camino. Precisamente en Los juicios de Kissinger, el halcón Alexander Haig (que anduvo por aquí tratando de arreglar la guerra de Malvinas) lanza una exclamación con la fuerza de un escupitajo iracundo: “¿Otro Castro en América latina? ¡Por favor!” O sea, ni locos. Allende debía caer.

Haig es un activo soldado de esa causa. En mi novela Carter en New York, Joe Carter le cuenta a un amigo moribundo el modo en que Haig (Alexander Higgins en la novela) se despide de Allende antes de subir al avión que lo llevará a los States, cumplida ya su tarea. Explica: “El problema –ahora– es el Islam. Pero a los 24 años conocí al senador republicano Alexander Higgins. El hombre era un genio. Uno de los grandes cerebros que –allá por 1973– liquidó al gobierno socialista de Salvador Allende. Y que –no hacía mucho, entre un trago y otro– le había confesado ciertas cosas. ‘Sabes, Carter, Allende tenía la beatitud de un arcángel. Mas, ¿qué podía hacer yo? Sólo reconocerlo, pero no evitar mi trabajo por sentimentalismos peligrosos, que te mienten o te ciegan. La última vez que estreché su mano, poco antes del golpe que acabó con su vida, abandonaba yo la República de Chile, todo estaba ya hecho. Acerqué mi cara a la suya y en voz muy baja pero audible para él y para mí, le dije: ‘Es usted un hombre puro. Comunista o no. Cuando le caiga encima el caos que le hemos preparado recuerde estas palabras de uno de sus enemigos. Es usted un hombre bueno, equivocado pero honesto y valiente. Estrecho su mano con orgullo, doctor Allende. Y es la última vez que lo hago’. Me miró a través de esos anteojos doctorales, de académico, de hombre culto. Dijo: ‘¿Por qué si tanto me respeta está al lado de quienes buscan mi destrucción?’ ‘Doctor, es muy simple: otra Cuba, en América latina, no. No podemos permitir eso.’ ‘¿Y quiénes son ustedes para permitir o no lo que un pueblo ha elegido democráticamente?’ ‘Los Estados Unidos de América. Y ustedes nuestro patio trasero. No queremos más problemas por aquí. Trate de salvarse. Huya.’ ‘Nunca. Usted no me respetaría si yo huyera. Me respeta porque sabe que lucharé hasta el fin.’ ‘Lo sé. Lo que nunca sabré es por qué luchará hasta morir por una causa tan infame.’ Allende me clavó sus ojos. Diablos, cuando miraba feo podías temblar si no eras duro, si te escaseaban los cojones. Dijo: ‘Lo que nunca sabré es cómo usted dice respetarme y es un mercenario al servicio de un imperio de asesinos’. ‘Doctor, no nacimos para entendernos. Estamos a punto de dejar de respetarnos. Y si me quedo uno o dos minutos más junto a usted acabaré por hacer el trabajo que en breve harán sus verdugos.’ ‘Parece conocerlos.’ ‘Los hemos entrenado nosotros, doctor.’ ‘¿Quién es el principal cabecilla?’ ‘¿No lo sabe? ¿Ni eso sabe?’ No dijo palabra. Todo estaba tan irrefutablemente tramado que no me importó darle el nombre del general que le habíamos destinado como verdugo. ‘Pinochet.’ ‘¿El general Pinochet?’, se asombró. Y, muy seguro, dijo: ‘El general Pinochet es mi amigo’. ‘Doctor Allende, parto de Chile con una duda: si es usted increíblemente bueno o increíblemente tonto.’ ‘Pues yo lo despido con una certeza: usted es un perro, una escoria humana que insulta la esencia del hombre.’ ‘Lamento desilusionarlo, doctor: pero a esa esencia, de nosotros dos, la encarno yo mejor que usted. Le dejo una enseñanza antes de irme: usted, como comunista, cree que esa esencia es buena y bastará que ella triunfe para que los hombres sean libres. Nosotros creemos que es mala. Que es egoísta y sólo el dinero le importa. Por eso los matamos y los seguiremos matando y les ganaremos todas las guerras. Piénselo.’” (Carter en New York, ed. cit. pp. 105/106/107).

El otro decisivo factor que derrocó a Allende fue “el decano de la prensa chilena”, el centenario periódico El Mercurio. Agustín Edwards, su director, viajó hasta las oficinas de Nixon y volvió con dos millones de dólares para la tarea democrática a emprender. Desde sus páginas inflamadas de patriotismo anticomunista, El Mercurio llamó a la lucha a las conchetas chilenas, que son temibles. Inauguraron la moda de las cacerolas.

Todo está dicho. Allende se refugia en La Moneda y dice que no habrá de huir. Ahí se queda. Se hunde con su barco. Tiene puesto un casco de guerra y sostiene una metralleta. Da un último discurso: “Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Don Agustín Edwards, director del “decano de la prensa chilena”, habrá brindado con buen champán. Las conchetas, felices. Los obreros, perseguidos y asesinados. Allá, en el Norte, la CIA, Nixon y Kissinger, satisfechos. Allende se suicidó o lo mataron. Pero estuvo en su puesto hasta último momento. El 11 de septiembre que América latina recuerda y llora es éste. El otro, el de las Torres, ni sabemos quién lo hizo. Y, emperradamente, como le habría gustado a don Salvador, seguiremos creyendo que alguna vez, más tarde o más temprano, se abrirán las grandes alamedas. Y el primero en pasar por ellas será don Salvador Allende. Una enorme pancarta con su cara de hombre bueno, que soñó un sueño tal vez imposible, pero que él sostuvo hasta el final. Así, pocos, Salud, héroe, mártir, ejemplo perenne. En usted se encarnó lo mejor de la condición humana.

Por José Pablo Feinmann para Página 12

El nivel de alfabetización del pueblo belaruso es uno de los más altos en el mundo

MINSK, 8 sep (BelTA). – El nivel de alfabetización del pueblo belaruso es uno de los más altos en el mundo y constituye el 99,7% entre los adultos y el 99,8% entre los jóvenes, comunicaron a BelTA en el Ministerio de Educación de Belarús. Según el nivel de alfabetización, Belarús adelanta a todos los países de la CEI y posee uno de los índices más altos de alfabetización entre los jóvenes en el mundo.

La educación es una de las direcciones prioritarias de la política estatal de Belarús. En el estado belaruso funcionan cerca de 4 mil escuelas estatales, liceos, colegios, institutos politécnicos, que satisfacen completamente las necesidades de los ciudadanos belarusos, relacionadas con la obtención de la enseñanza secundaria. En los últimos años la república pasa a la enseñanza superior de masas.

El derecho de los ciudadanos de Belarús a recibir la enseñanza está garantizado por la Constitución. La educación general básica es obligatoria. En total más de 2 millones de estudiantes asisten a las escuelas, institutos politécnicos, centros docentes superiores, incluso 372 mil niños de edad preescolar, más de 950 mil alumnos, más de 100 mil estudiantes de los institutos politécnicos, más de 430 mil estudiantes de los centros docentes superiores.

Belarús alcanzó anticipadamente el objetivo formulado en la Declaración del Milenio, relacionado con la garantía de la enseñanza primaria. Cada uno tiene derecho de recibir la enseñanza superior en los centros docentes superiores a base del concurso.

Hoy en día la sociedad festeja el Día Internacional de la Alfabetización. La fiesta se celebra desde el año 1967.