Bienvenid@s a mi Blog, creado para todos aquellos hacen suya la más maravillosa empresa del pensamiento humano: EL SOCIALISMO
miércoles, 20 de febrero de 2019
Ubicación del Socialismo Chileno
lunes, 18 de febrero de 2019
El Rey Midas
Las lecciones de la Comuna de Paris
¿Quién recuerda a Patrice Lumumba?
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miércoles, 30 de enero de 2019
¿Es socialista el Partido Socialista?
El PS carga con varios bacalaos políticos -entre ellos algunos socios del neoliberalismo, los rescatistas de Pinochet preso en Londres, los beneficiarios de platas negras de SQM, etc.-
sábado, 9 de septiembre de 2017
¿Qué es la masonería?
La francmasonería es una institución universal, iniciática, esencialmente filosófica y ética, filantrópica, progresiva, y progresista, integrada por personas de espíritu libre, unidos entre sí por el vínculo de la fraternidad, que se dedican a labrar su perfeccionamiento individual mediante el estudio y desarrollo de la ciencia y la cultura, la búsqueda de la verdad, la práctica de la virtud y el ejercicio de la solidaridad, con el objeto de lograr el progreso moral, intelectual, social y material de la humanidad.
Tiene por principios y exige de sus adeptos la tolerancia mutua, el respeto irrestricto de los Derechos Humanos y la libertad absoluta de conciencia. Invita a abordar por sí mismo las interrogantes fundamentales de la existencia, en armonía con la naturaleza y la sociedad de la cual cada masón es parte.
Desarrolla un método iniciático tradicional fundado en un rito, basado en las enseñanzas de la Sabiduría Antigua, para revelar los misterios de la conciencia humana, en un proceso de búsqueda personal, exaltando la virtud y dignidad del ser humano, promoviendo la solidaridad y la justicia social, y se establecen puentes para enlazar el pensar, el decir, el sentir y el actuar.
No prohíbe ni impone a sus miembros ninguna convicción religiosa y rechaza toda afirmación dogmática y todo fanatismo. Ella hace suya la divisa de Libertad, Igualdad y Fraternidad, y en consecuencia, combate la explotación del hombre por el hombre, los privilegios y la intolerancia.
La mayoría de los tratadistas vinculan el nacimiento de la masonería a las corporaciones medievales de albañiles, las primeras de las cuales se organizaron en Lombardía hacia el siglo X, y llegaron a tener gran auge en el siglo XIII. Por otra parte, los mismos autores de estas hipótesis reconocen que no han podido penetrar en el secreto de la masonería por falta de documentos en los archivos.
Es frecuente que se conciba la masonería como una organización única a nivel mundial, con una única estructura y orden para todos los francmasones del mundo.
Nada más lejos de la realidad. La masonería es una institución profundamente diversa, con distintas tradiciones históricas, sociales, culturales, así como geográficas, etc.
Las dos tradiciones fundamentales de la masonería son la Liberal (también conocida como adogmática, de origen francés, continental o laica) y la Regular (anglosajona, tradicional, conservadora o teísta).
Expresamos a continuación las diferencias claves entre ambas tradiciones:
La Masonería "Liberal"
o Adogmática
La corriente que se denomina Liberal o Adogmática tiene su principal exponente mundial en el Gran Oriente de Francia. Es la corriente de mayor tradición en la Europa continental y a ella se adscriben muchas obediencias en todo el mundo, en especial en Iberoamérica, incluyendo en particular a las Grandes Logias femeninas y mixtas. No se basa en un estándar de regularidad establecido, sino que mantiene como referente el reconocimiento compartido de unos valores, modelos rituales y organizativos que por tradición se consideran esencialmente masónicos. Las organizaciones masónicas son soberanas para suscribir Tratados de Amistad y Mutuo Reconocimiento con otras organizaciones que comparten sus mismos valores y costumbres. Sus principales características son:
- El principio de libertad absoluta de conciencia. Admite entre sus miembros tanto a creyentes, ateos, agnósticos, etc. y el juramento o promesa puede realizarse, según las logias, sobre el libro de la ley (las constituciones de la orden) o sobre un Volumen de la Ley Sagrada, en ambos casos junto a la escuadra y el compás.
- El reconocimiento del carácter regular de la iniciación femenina, las obediencias pueden ser masculinas, mixtas o femeninas.
- El debate de las ideas y la participación social. Las logias debaten libremente incluso sobre cuestiones relacionadas con la religión o la política, siempre de manera no partidista o confesional, y frecuentemente se posicionan institucionalmente sobre cuestiones relacionadas con aspectos sociales relevantes, fundamentalmente en relación a la defensa de los Derechos Humanos y los valores de Libertad, Igualdad, Fraternidad y Laicidad.
La Masoneria Liberal o Adogmática, tiene como principio la tolerancia mutua, el respecto a los demás y de uno mismo, y la absoluta libertad de conciencia. Considerando que las condiciones metafísicas y religiosas son del dominio exclusivo de la apreciación de cada individuo rechaza cualquier afirmación dogmática. Cada francmasón interpretará la invocación al Gran Arquitecto del Universo según le dicte su conciencia con el mayor respeto hacia las diferentes interpretaciones y hacia los Hermanos que las sustentan.
El Gran Oriente de Francia es el mayor exponente de la tradición liberal en el mundo, y tiene logias fuera de las fronteras francesas, sobretodo en Europa. Uno de sus valores fundacionales es la Laicidad.
Las organizaciones masónicas liberales están abiertas a relacionarse con todas las Obediencias del mundo y a colaborar con todas ellas, respetando las tradiciones respectivas. Pese a que no existan relaciones diplomáticas formales entre las obediencias regulares y las liberales, por expreso deseo de las primeras, los masones a nivel particular mantienen relaciones de fraternidad y mutuo reconocimiento con todos aquellos masones que hayan sido debidamente iniciados y otorgados sus grados, con independencia de la tradición masónica a la que se adscriban o la Obediencia bajo la que trabajen.
La Fraternidad masónica siempre está por encima de cualquier diferencia, ya que así la masonería puede continuar siendo el centro de unión y medio para establecer amistad entre personas que, de otro modo, habrían permanecido distanciadas entre sí para siempre. (Constituciones de Anderson, 1723).
La Masonería "Regular"
o Anglosajona
La corriente que se denomina Regular o Anglosajona está encabezada por la Gran Logia Unida de Inglaterra y a ella se adscriben también las Grandes Logias de Escocia e Irlanda, buena parte de los EE.UU., los países de la Commonwealth, Iberoamérica y parte de la Europa continental, sobretodo en el norte. Se basan en el mantenimiento de la literalidad de la tradición masónica del siglo XVIII y en particular del texto de las Constituciones de Anderson y los dictados de la Gran Logia Unida de Inglaterra, que estableció a principios del siglo XX unos criterios de regularidad que deben cumplir las organizaciones masónicas que quieran ser reconocidas en esta tradición.
Los elementos fundamentales en que se basan son los siguientes:
- La creencia de sus miembros en un Ser superior y su voluntad revelada, como un requisito imprescindible para la iniciación masónica. No se admiten, por tanto, a ateos o a aquellos que no suscriban la existencia de un principio superior.
- El juramento o promesa debe realizarse sobre el llamado Volumen de la Ley Sagrada, generalmente la Biblia u otro libro considerado sagrado (el Corán, la Torá, etc). La presencia de este Volumen de la Ley Sagrada, la escuadra y el compás son imprescindibles en la logia.
- Están expresamente prohibidas las discusiones sobre política y religión, así como el posicionamiento institucional sobre estos aspectos.
- No se reconoce la iniciación masónica femenina ni se aceptan las relaciones diplomáticas masónicas con las logias que admitan mujeres entre sus miembros ni con las que no cumplan con sus criterios de regularidad anteriormente citados.
miércoles, 12 de julio de 2017
La izquierda israelí: entre héroes y traidores
El aviso, firmado por doce militantes de la izquierda, no podría haber sido más contracultural dentro de la sociedad judía israelí que lo leyó ese día, embriagada de gloria como estaba por los resultados de la guerra, que vieron a Israel superar de forma clara a los ejércitos árabes vecinos y tomar control de la Península del Sinaí y de la Franja de Gaza al sur (hasta ese momento bajo control egipcio), Cisjordania al este (de manos de los jordanos) y los Altos del Golán al norte (de los sirios). Esta expansión territorial incluyó de forma significativa la parte oriental de la ciudad de Jerusalén, que los jordanos habían conquistado en la Guerra de 1948, y que por lo tanto marcó el retorno judío al Muro Occidental del Templo (el llamado Muro de los Lamentos) y otros lugares de importancia histórica y religiosa judía.
Sin embargo, la publicación resume sucintamente el ethos de la izquierda israelí desde aquel momento: la idea de que la retirada de los territorios conquistados en la contienda militar (tal como reza la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de noviembre de ese año y posteriores decisiones del organismo) es necesaria para la seguridad física e integridad moral del Estado de Israel, llamando por lo tanto a poner fin a la violenta ocupación que nació de la guerra y que continúa hasta el día de hoy. De esta forma, gran parte de la izquierda sostiene la necesidad de crear un Estado palestino como principio político, mientras luchan para denunciar los abusos de derechos humanos y violencia que conlleva el mantenimiento del status quo. La pregunta sobre qué hacer con estos territorios y si deben ser cedidos para crear un Estado palestino marca el principal clivaje político de la sociedad israelí y la diferencia principal del eje izquierda-derecha, tomando una mayor centralidad que las preguntas en torno a la distribución de la riqueza o la separación entre iglesia y Estado que suelen marcar esta distinción a nivel global.
Siguiendo esta definición inicial, la izquierda israelí construyó a lo largo de los años un amplio panorama de organizaciones sociales y partidos políticos, con claras diferencias en cuanto a cómo resolver el conflicto (algunas, por ejemplo, proponen la creación de un Estado palestino que conviva pacíficamente con el Estado judío, mientras que otras, históricamente más pequeñas, apoyan un único Estado binacional para judíos y árabes) pero marcadas con una identidad común que se autodenomina como el “campo de paz”. Este campo político incluye partidos políticos como Meretz (que se define como sionista y de izquierda) y la Lista Unida (frente no sionista de base electoral mayoritariamente árabe-israelí), organizaciones culturales y educativas, organismos de defensa jurídica y demás.
Las organizaciones de derechos humanos en Israel, que registran y denuncian violaciones por parte del Estado, también se ubican en el campo de paz al denunciar los males de la ocupación: dentro de este grupo se ubica el Comité Israelí Contra la Demolición de Casas (ICAHD), la Asociación de Derechos Civiles en Israel (ACRI) y el Centro de Información sobre los Territorios Ocupados (B’Tselem), entre otros. Incluso hay organizaciones de ex combatientes, como Shovrim Shtiká (en hebreo, “Rompiendo el Silencio”), que recauda testimonios de ex soldados israelíes que realizaron su servicio militar obligatorio en los territorios ocupados y graban su experiencia como protagonistas en violaciones a los derechos humanos como denuncia de la terrible realidad de la ocupación en territorios a los que la mayoría de los israelíes no van.
La izquierda tuvo sus éxitos, como presionar a fines de la década del ’70 al primer ministro Menajem Beguin a hacer la paz con Egipto a cambio de renunciar al Sinaí. En los años ‘90, la izquierda en el poder hizo la paz con Jordania y sintió muy cerca la paz tan esperada con los palestinos. Sin embargo, a pesar de la gran diversidad de sus organizaciones, la izquierda es hoy una minoría en Israel, habiendo disminuido en las últimas décadas dramáticamente su presencia en la Kneset, el parlamento israelí. Según una encuesta de 2016 del periódico Iediot Ajronot, el 67% de la sociedad israelí cree que no es posible hoy un acuerdo de paz con los palestinos. Según la organización Pnima, el 22,5% del público israelí cree que “la izquierda constituye un peligro para el país”.
Cincuenta años después de la guerra, la sociedad israelí está decididamente corrida a la derecha y se fortalecieron voces extremas en una época consideradas marginales, como la del diputado Oren Hazan del partido Likud, que el pasado 22 de julio expresó en un video difundido por internet ante el asesinato de una familia en un asentamiento judío en Cisjordania: “Si fuera por mí, iría a la casa del terrorista y lo asesinaría junto a su familia… Ellos entienden sólo la violencia… La Tierra de Israel es para el pueblo de Israel (judíos) y no para Ismael (árabes)”.
¿Cómo se generó tanto escepticismo por parte de los israelíes ante una solución diplomática y, por lo tanto, la reducción y el aislamiento de la izquierda israelí? En su libro El movimiento pacifista israelí: un sueño hecho añicos, la politóloga Tamar Hermann ofrece una explicación: la génesis de este proceso se habría producido -según ella, paradójicamente- en el momento de oro de la izquierda israelí, el gobierno de Itzjak Rabin entre 1992 y 1995. Rabin fue el primer mandatario israelí en reconocer a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) como interlocutor (antes eran vistos sólo como una organización terrorista) y firmó acuerdos iniciales (los Acuerdos de Oslo) que apuntaban a realizar concesiones territoriales con el fin de establecer un Estado palestino.
Ese último gobierno de Rabin (terminado el 4 de noviembre de 1995 cuando un judío ortodoxo de derecha lo asesinó por su oposición al proceso de paz), significó para la izquierda la llegada al gobierno de muchas de las demandas que durante décadas habían sido formuladas por fuera del poder. Aunque la idea dividió a la sociedad israelí en dos mitades, luego del asesinato de Rabin asumió la derecha y el proceso de paz de Oslo quedó congelado. La izquierda fue acusada de haber sido responsable, gracias a su inocencia sobre las aspiraciones del otro lado o su maldad o indiferencia ante la seguridad propia, del estallido de violencia conocido como la Segunda Intifada en el año 2000, por haber hecho concesiones que habrían fortalecido la posición palestina.
Debilitada ante un creciente escepticismo fogoneado por los actos de terrorismo, un primer ministro de centroizquierda, Ehud Barak (del Partido Laborista) famosamente declaró en 2000 que “no existe partner para la paz”, quizás clavando el último clavo en el ataúd de la izquierda en el poder. Desde entonces y hasta hoy, buena parte de la sociedad israelí ve en la izquierda personas inocentes y de buena voluntad, pero incapaces de entender la política real, desconectados de la complicada situación de seguridad de Israel que requiere de medidas militares drásticas y no siempre simpáticas, o ajenos a la naturaleza de la violencia árabe (yafei nefesh se los llama en hebreo, que vendría a ser “bellos de alma”). En algunos casos, otros políticos y organizaciones los han llamado shtulim (“topos” o “infiltrados”), sosteniendo que su agenda no es resguardar los intereses de Israel sino otros, extranjeros. Según esta última visión, no serían inocentes sino ajenos o directamente hostiles al bienestar de su país: ohavei aravim (“amantes de árabes”) es otro “insulto” que se esgrime en las redes sociales virtuales, frente a las manifestaciones e incluso por parte de algunos políticos de derecha empoderados por el clima actual.
Esta perspectiva -un tanto reminiscente del macartismo- no queda sólo en el mero discurso político, sino que avanza también en el plano legislativo. Cuando en octubre de 2016, Hagai El-Ad, presidente de la organización B’Tselem, se expresó ante una sesión del Consejo de Seguridad llamando a la comunidad internacional a presionar a Israel para que ponga fin a la ocupación, el embajador israelí ante la ONU lo acusó de «sumarse a los esfuerzos palestinos de terror diplomático contra Israel«. El líder de la coalición gubernamental en el Parlamento afirmó que El-Ad debería ver revocada su ciudadanía, mientras que en segunda instancia propuso una ley que penalizaría a los israelíes que critiquen a su país ante un organismo internacional con el potencial de imponer sanciones contra Israel. Un spot de la organización de derecha Im Tirtzú mostraba un palestino apuñalando a una víctima que no se ve en cámara al ocupar el lugar del televidente, mientras señalaba una voz en off: “Antes de que te apuñale el próximo terrorista, ya sabe que Hagai El-Ad, un infiltrado de la Unión Europea, llamará a Israel criminal de guerra” (la propaganda también menciona a otros dirigentes de izquierda).
Aunque algunas de estas medidas fueron canceladas cuando Estados Unidos criticó las violaciones a la libertad de expresión, existe en Israel una “Ley de Transparencia” que obliga a estas organizaciones a expresar de forma prominente en todas sus comunicaciones si la mayoría de sus fondos provienen del exterior. Aunque esta medida fue introducida como un acto para promover la transparencia, es bastante llamativo que afecta de forma desproporcionada a las organizaciones de izquierda, que reciben buena parte de sus fondos de la Unión Europea (UE), países de Europa de forma independiente y EE.UU. Hay otros avances legales contra los reductos tradicionales de la izquierda y centroizquierda: el mundo académico, el artístico y algunos medios de comunicación.
¿Cuáles son los principales desafíos que debe enfrentar la izquierda israelí si quiere volver a ser relevante? En la humilde opinión del autor, son estos:
• Cómo hacer que los israelíes vuelvan a creer en la paz y en la existencia de «un socio del otro lado». Cada vez que se producen actos de violencia, la derecha se fortalece y la izquierda se debilita. La derecha vende al público israelí seguridad, un argumento que apela a elementos más viscerales que la paz que ofrece la izquierda y que tantos israelíes ven como mero optimismo infundado.
• Cómo escapar a la trampa del dinero extranjero. Mientras que muchas de estas ONG necesitan dinero de organismos internacionales e incluso de gobiernos extranjeros (particularmente, Alemania y países nórdicos) para financiar a su personal y mantener su visibilidad, esto fortalece la acusación de que representan intereses extranjeros.
• Cómo superar la fragmentación. Existen muchas divisiones dentro de la izquierda al no existir una postura unificada frente al sionismo, derecho al retorno palestino, Movimiento Internacional de Boicot a Israel (BDS), futuro destino político de Jerusalén, etc. Como resultado, no existe una movilización unificada.
• Cómo salir de la burbuja. La izquierda continúa siendo vista como un movimiento eminentemente laico, ashkenazí (de judíos de origen europeo), adinerado y centrado en Tel Aviv o los kibutzim. La sociedad israelí es mucho más diversa e incluye sectores culturales que fueron conquistados por la derecha, como los judíos mizrajim (originarios de países árabes e islámicos).
• Cómo encontrar el mensaje correcto. La ocupación de los territorios palestinos puede ser enmarcada como un problema ético, político (el creciente aislamiento de Israel en el mundo), económico (los costos necesarios para sostener la ocupación y sus impactos negativos sobre las poblaciones y regiones más vulnerables de Israel) y hasta demográfico (el problema de mantener un Estado judío que, en pocos años y si se sostienen las actuales tendencias de crecimiento, controlará un territorio habitado por una mayoría árabe, parte de la cual no tiene ciudadanía ni derecho de voto). Identificar el mensaje que más resuene puede servir para una izquierda que en las últimas décadas parece ser más bien reactiva y sin la capacidad de marcar agenda en el debate público.
A pesar de estos desafíos, la marcha convocada en mayo pasado por la organización Shalom Ajshav (“Paz Ahora”), uno de los referentes más antiguos de la izquierda, que congregó a 15.000 personas en Tel Aviv bajo el lema de “Dos Estados para Dos Pueblos”, evidencia que este sector continúa vivo y que puede convocar si se dan las circunstancias correctas. Las posibilidades de que se avance hacia una solución política al conflicto árabe-israelí o, por el contrario, comience una masacre más, dependerá en buena medida en la evolución de este movimiento y de las ideas que lo sustentan.
Kevin Ary Levin - Sociólogo, docente y analista de Oriente Medio. Espartaquista
domingo, 3 de julio de 2016
Socialismo y Masonería
Uno de los exponentes de esa pluralidad es la vertiente racionalista laica, integrada por miembros de la Orden Masónica, que se han sentido convocados por el socialismo a través del tiempo, o que en las filas del socialismo han explorado el camino de la masonería. Entre ellos, sobresale con su brillo singular, la figura de Eugenio Matte Hurtado, sin dejar de lado las no menos relevantes personalidades de Grove, Bianchi, Martínez y González Rojas en el esfuerzo fundacional, y la de Salvador Allende en parte sustancial de la historia del Partido Socialista (PS).
Necesario es destacar al primero de los nombrados, por su trascendente significación masónica y socialista, que lo llevó a ocupar un lugar que aún no ha sido plenamente reivindicado por los historiadores. Matte, un sobresaliente tribuno republicano, ocupó el mas alto rango masónico -el título e investidura de gran maestro- a los 32 años de edad, una excepción en una institución donde el tiempo jerarquiza por sobre las circunstancias, responsabilidad a la que renunció para actuar protagónicamente en el proceso político que culminó con la fundación del Partido Socialista.
No cabe duda que los veinte primeros años del ps están marcados por una participación masónica relevante, que comienza a declinar hacia los años 60, a medida que se produce, por un lado, la radicalización ideológica del socialismo, y por otro, por una tendencia de introversión institucional de la Orden Masónica.
Problemas de política interna, dentro de las luchas de poder direccional, determinaron que, en muchos momentos, la condición masónica fuera una anatema que condicionaba la calidad militante. Incluso, en más de una oportunidad se votaron mociones que buscaban una opción terminal obligatoria, donde el militante debía perder esa condición en el caso de mantenerse dentro de las filas de la francmasonería.
Allende, destinatario directo de tales propuestas, las enfrentó en una lucha doctrinal de alto vuelo que definió la naturaleza complementaria de ambos caminos, en tanto uno tocaba la condición individual -intrínsecamente personal- y el otro tenía que ver con lo colectivo -lo específicamente social- lo que fue sintetizado en su frase ya célebre: "Soy socialista porque soy masón, y soy masón porque soy socialista".
Analizados ahora los factores que incidieron, en su momento, en tales actitudes antimasónicas, está claro que tuvieron mucho, que ver en su configuración las luchas de posiciones dentro del partido y, en algunas ocasiones, los prejuicios propios del desconocimiento o por relaciones encontradas entre militantes masones y no masones, donde la cuestión de las identidades fue un canal de referencia para determinadas tomas de posiciones.
Uno de los factores que ha influido en la anatematización de que son objeto los masones es el desconocimiento de los elementos constituyentes de su condición. Muchas veces las imágenes que se han construido corresponden a reflejos distorsionados por diversas razones. ¿Cuáles son sus objetivos?, ¿cuáles son sus prácticas?, ¿cuáles son sus doctrinas?, son interrogantes que han ido construyendo más mitos que realidades.
ESPECULACION FILOSOFICA
La masonería -en tanto orden filosófica- surge a principios del siglo XVIII, en Inglaterra y Francia, principalmente, difundiéndose por Alemania, Italia, demás países europeos y EEUU. Influyen en su conformación diversos elementos, pero el más relevante en términos de lo social, lo constituye el movimiento por la tolerancia religiosa, luego de cruentos períodos de persecuciones y de confrontaciones por la fe, entre los seguidores de la autoridad del Papa y el protestantismo. Allí se encuentra su acento anglo-escoses, proveniente de los gremios de constructores del Medioevo, en cuyas filas participaban hombres de distintas culturas, credos y nacionalidades, que les exigía un ambiente de tolerancia y fraternidad. Del afluente latino-francés proviene la tendencia laicista, que promueve la desvinculación de los clérigos de la cosa pública. Del afluente cultural de la humanidad se recoge el pensamiento y las prácticas de las escuelas iniciáticas, especialmente de las culturas mediterráneas de la antigüedad, con sus contenidos filosóficos, explayados en sus distintas disciplinas. Todo ello en función del perfeccionamiento del hombre, en tanto individualidad puesta al servicio de la superación social.
Si se pudiera hacer una síntesis global de "lo masónico", tal vez podríamos decir que ello consista en una especulación filosófica qué pone acento en: la tolerancia, lo no dogmático, la libertad social e individual, ¡a igualdad, la fraternidad humana y el laicismo. No existen ni objetivos de grupo ni intereses más allá de la proyección axiológica en la sociedad de los principios enumerados.
CERCANIA GENERICA
Esto es lo que ha aunado a destacados chilenos en más de 150 años en torno a la institución masónica, sobre la base de la pluralidad ideológica, religiosa, política y de intereses específicos, desde la fundación de las primeras logias, que dieron vida a la Gran Logia de Chile, entidad reguladora de todas las logias constituidas en el país y, por lo mismo, su dirección superior.
La lucha por las leyes laicas y la participación en la Orden de prominentes políticos, profesionales, intelectuales, gobernantes, legisladores, miembros de las FFAA, etcétera dieron prestigio e influencia a la francmasonería, que se ligó indisolublemente a la cotidianeidad republicana, reconociéndosele conducción ética en una serie de aspectos, en muchos de los cuales, por problemas de diversa concepción, se produjeron contiendas de influencia y competencia con la Iglesia Católica, especialmente a principios del siglo XX.
Uno de los hechos que se advierte en la masonería actual, es que una parte importante de sus componentes, en tanto individuos, muestran una simpatía o cercanía con el socialismo desde una percepción predominantemente genérica, que no se expresa aún en términos militantes. Seguramente esto tiene algunas causas que deben auscultarse con dedicación. Probablemente ello tendría relación con ciertas latencias del pasado, o con las propias consecuencias del largo período de división o con la falta de mensajes nítidos en relación con las especificidades masónicas o con la falta de imágenes representacionales. Es una cuestión que debe diagnosticarse para, en consecuencia, obrar en función de políticas que revaliden una parte vital del socialismo, tanto por lo que el mundo masónico significa en la pluralidad de Chile, como para resguardar un patrimonio de la propia pluralidad del PS.







