domingo, 28 de junio de 2020

Apuntes sobre el Dispositivo de Seguridad GAP

El GAP el Grupo de Amigos Personales que le cubrió la vida y las espaldas al Presidente Salvador Allende durante la Unidad Popular.


PRESENTACIÓN

 

A la una de la madrugada del martes 11 de septiembre de 1973, los veinte jóvenes que permanecían de guardia en la casa de descanso presidencial, conocida como El Cañaveral, en el barrio alto de Santiago de Chile, finalizaban la tradicional partida de pool cuando escucharon la voz de “Bruno”, jefe del dispositivo de seguridad presidencial, denominado Grupo de Amigos Personales (GAP), quien les ordenaba acudir a los dormitorios. Las noticias que éste tenía acerca de la situación nacional no le causaban una preocupación extrema, ya que durante los últimos meses, especialmente desde el 29 de junio (el día del tanquetazo o tancazo), los rumores de golpe de Estado se habían convertido en rutina. A la misma hora, algunos kilómetros hacia el centro de la capital, en la casa de Tomás Moro N° 200, residencia oficial del Presidente Allende, “Carlos Álamos”, jefe de la sección escolta del dispositivo de seguridad presidencial, ordenó redoblar la guardia de la residencia y a los otros 20 jóvenes retirarse a sus cabañas para descansar. El día había sido agitado y tenso; la situación política era complicada, reflejándose en los rostros agotados del Presidente y sus colaboradores más cercanos, que hasta esa hora permanecían reunidos. Murmuraban sobre la negativa de la Escuadra a zarpar, desde su apostadero en el puerto de Valparaíso, para tomar parte en la Operación Unitas; también comentaban de algunos regimientos acuartelados y de sospechosos camiones militares que se deslizaban cargados de soldados.

Poco después, “Carlos Álamos” tomó el teléfono y marcó el número de El Cañaveral; cuando contestaron, pidió hablar con “Bruno”, su comandante. En la conversación hicieron un breve análisis de la situación, dispusieron los cursos de acción y las medidas de emergencia que podían implementar; finalmente coincidieron en que ellos y los hombres bajo su mando estarían a la altura de las exigencias. No sospechaban que en poco tiempo serían protagonistas de un acontecimiento trascendente en la historia chilena del siglo XX; ignoraban que sólo en algunas horas deberían emplear todos sus conocimientos para cumplir su misión: proteger, arriesgando sus vidas, si fuera necesario, la integridad del Presidente de Chile.

Posteriormente, “Carlos Álamos” recorrió las cabañas para comprobar que sus hombres dormían y se retiró a la suya para descansar. Durante el día había estado nervioso, presentía que algo podía pasar, se le veía preocupado. Durmió a saltos… Hasta que, a las 6:20 de la madrugada del martes 11 de septiembre de 1973, “Rodolfo” (Hugo García), oficial de guardia de la puerta principal de Tomás Moro N° 200, recibió una llamada urgente para Salvador Allende. La comunicación fue traspasada a “Roberto”, quien se la transmitió al Presidente de la República. Al parecer la llamada era del general subdirector del Cuerpo de Carabineros Urrutia Quintana; también podría haber sido de Miria Contreras (Payita), a quien, esa noche, le correspondía montar guardia en La Moneda. Diez minutos después, el Presidente llama hasta su habitación a “Rodolfo” y le indica que despierte a la guardia. Los hombres no respondieron a las insinuaciones de éste, pues, como siempre hacían bromas con el golpe de Estado, creyeron que era una más; tuvo que acudir el Presidente para convencerlos de que la broma, ese día, era realidad.

Inmediatamente 20 hombres se levantaron y se vistieron con rapidez. En ese mismo instante “Carlos Álamos” entraba presuroso en la habitación del Presidente. Mientras se vestía, en pocas palabras, Allende le hizo un resumen de la situación: le dijo que se había sublevado la Armada, que era posible que algunos cuerpos de la infantería de marina se dirigieran a Santiago. Luego ordenó que avisara a “Bruno”, que los hombres de la sección Guarnición ocuparan los puestos permanentes de combate en la residencia de Tomás Moro, que la escolta subiera a los autos, porque debían salir inmediatamente para La Moneda, y premonitoriamente subrayó: “lleven todas las armas”.

“Carlos Álamos” se comunica por la frecuencia de emergencia con “Bruno” en El Cañaveral, le informa de los últimos hechos y de las instrucciones del Presidente. A continuación explica a los GAP que la Armada había ocupado Valparaíso, que algunas tropas podían venir a la capital y que debían estar preparados para combatir. Dispuso que en la casa permanecieran algunos miembros de la guardia permanente para proteger a la familia. Finalmente, ordenó que “El Rafa”, responsable socialista de la sección Guarnición, trasladara una camioneta cargada con armas hasta la industria metalúrgica INDUMET, ubicada en calle Rivas N° 530, en la zona sur de la capital, lugar donde se concentraba el aparato militar del Partido Socialista, y se la entregara a “Agustín”, comandante en jefe de ese cuerpo.

Así, alrededor de las 7:00 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, tres automóviles Fiat 125 azules salieron raudos hacia el centro de Santiago. A bordo de los vehículos iban doce hombres que formaban parte de la sección Escolta del Grupo de Amigos Personales (GAP). Por las ventanas abiertas de los Fiat asomaban amenazantes los cañones de fusiles ametralladoras AKA-47. Los GAP acompañaban, decididos a exponer su vida, al Presidente Salvador Allende en su último trayecto. Éste, igual que siempre, ocupaba el asiento posterior del auto signado con el número “1”. Como acostumbraban, hicieron el recorrido a gran velocidad. Las calles se veían tranquilas, cerca de La Moneda observaron algunos soldados en uniforme de combate y con un extraño pañuelo anaranjado en el cuello. La guardia de carabineros estaba en su lugar y varias tanquetas policiales protegían la Plaza de la Constitución; había tranquilidad, aparente calma.

Al mismo tiempo, en El Cañaveral, “Bruno” designaba a los GAP que defenderían el lugar y a los 13 jóvenes que lo acompañarían, repartía las armas y tomaba las medidas necesarias para, sin saberlo, bajar por última vez a ocupar su lugar junto a Salvador Allende, en el Palacio de la Moneda.

En nuestro análisis discrepamos de otros estudios sobre la Unidad Popular que, para entregar una explicación global de este período de la historia chilena, han tomado como base los argumentos del principal consejero personal de Salvador Allende, el abogado español Joan Garcés, convirtiéndolos en un verdadero paradigma interpretativo con el que se clausura toda discusión. Según la interpretación de Joan Garcés, la Unidad Popular fue simplemente un gobierno socialista democrático que pretendía realizar las transformaciones que la nación requería respetando las mayorías parlamentarias. Quienes adhieren a esta línea interpretativa parecieran desconocer que el Presidente Salvador Allende era un socialista (no un neosocialdemócrata), disciplinado militante del Partido Socialista chileno, que perseguía la materialización de una revolución socialista en la tradición de Marx y de Lenin. Durante ese período, a nuestro juicio, importantes miembros de la coalición de gobierno, especialmente aquellos vinculados al Partido Socialista y sus grupos afines, visualizaban un escenario alternativo que les permitiera materializar la revolución, cuyo primer eslabón era resolver el problema del poder. Para ello necesitaban constituir diferentes órganos de autoridad (cordones industriales, asambleas populares, comandos comunales), una fuerza paramilitar que apoyara a los sectores leales de las Fuerzas Armadas, quienes, en caso necesario, proveerían el componente armado para enfrentar a los militares derechistas (golpistas).

En palabras de Adonis Sepúlveda: “El Partido Socialista no tenía —ni podía tener— una estrategia de combate para luchar solo. Su acción estaba encuadrada dentro de las medidas de defensa del gobierno. Pues bien, el Gobierno preparó planes de defensa, pero esos planes los dirigía [...] el general Pinochet, como Comandante en Jefe [...]. Los planes consultaban una defensa haciendo uso de las Fuerzas Armadas leales al gobierno, Carabineros, cuyos mandos superiores se estimaban leales, Investigaciones, partidos y trabajadores. Con todas estas fuerzas se respondería de contragolpe. Por eso no era mentira decir que en el momento oportuno habría armas: ellas vendrían del lado de las FF. AA. leales, y además, de las que el pueblo pudiese haber acumulado”.

Del mismo modo, desde la vertiente comunista del gobierno se confirma esta estrategia. En septiembre de 1972, el embajador de la URSS —A. V. Basov— escribe en su diario que ha tenido una reunión con los dirigentes Volodia Teitelboim y Luis Corvalán: “Volodia Teitelboim da cuenta de una conversación suya ‘con el jefe de contrainteligencia del Ejército, general Sepúlveda’. En ella se ‘llegó a un acuerdo sobre la coordinación de las fuerzas de seguridad y de los partidos del bloque popular [...] Se decidió a la vez movilizar a las fuerzas leales al gobierno [...] Se subentiende que para prevenir y contrarrestar un golpe militar. [...] Corvalán y Teitelboim no parecen tener dudas acerca de ‘la actitud leal del alto mando militar’, del ‘cuerpo de oficiales y [...] del general C. Prats’”. Dentro de esa estrategia, postulamos que el Grupo de Amigos Personales (GAP), la primera institución revolucionaria de la Unidad Popular, cumplía una importante función, como lo veremos a continuación.

La naturaleza del GAP, como se verá, desmiente el paradigma neosocialdemócrata de Allende, expuesto por Joan Garcés y otros después de él.

 

 

 I. LA FORMACIÓN DEL GAP

 

1.1. LOS PRIMEROS AMIGOS DE SALVADOR ALLENDE

 

A fines de 1969 se realizó el cónclave en que la coalición de izquierda Unidad Popular, que agrupaba a socialistas, comunistas, radicales y otras organizaciones menores, designó al senador Salvador Allende, de 62 años, por cuarta vez como su abanderado presidencial. Éste debía enfrentar a dos fuertes contendores: Jorge Alessandri Rodríguez, candidato del Partido Nacional, y Radomiro Tomic de la Democracia Cristiana.

La marcha de la campaña fue revelando que Allende acrecentaba sus posibilidades de alcanzar la primera magistratura. Esto acarreaba grados crecientes de polarización, que se denotaban en las concentraciones, marchas y otras actividades donde las aglomeraciones de gente y las rivalidades iban creando situaciones que ponían en riesgo la integridad física del abanderado izquierdista.

En ese momento, el candidato de la Unidad Popular tenía un automóvil Peugeot, que no era muy adecuado para trasladarse a las regiones agrarias, donde los caminos estaban en mal estado. Enrique Huerta Corvalán (“Kique”), amigo de la familia Allende, especialmente de Tati, poseía un taxi americano que no había usado, porque él había permanecido fuera de Chile. En una reunión, Tati comentó que su padre no disponía de un auto adecuado para la campaña, Enrique le dijo que él estaba dispuesto a prestar su automóvil. Allende dio su aprobación y Enrique Huerta comenzó a trabajar como su chofer.

En la mayoría de las actividades de la campaña electoral, el candidato de la Unidad Popular era acompañado por su secretario privado, Osvaldo Puccio (padre); en algunas oportunidades también iban con él, Jaime Suárez, Augusto Olivares (“Perro”), Eduardo Paredes (“Coco”). Estas personas tenían con Salvador Allende una amistad personal. Fueron ellos los que en forma artesanal comenzaron a efectuar un rudimentario servicio de protección personal.

Algunos amigos del candidato, como “Coco” Paredes y el “Perro” Olivares, eran fogueados cuadros socialistas. Manejaban las técnicas de chequeos y contrachequeos, que les permitían constatar si eran víctimas de seguimientos o de otras formas de vigilancia. Aunque las actividades electorales se realizaban con normalidad, a medida que se acrecentaban las posibilidades de una victoria allendista, en este grupo de amigos surgió el miedo a un atentado, principalmente durante los desplazamientos a provincias. La frase que constantemente repetían para mostrar su preocupación era: “Alguien tiene que cuidar a Allende que anda con el puro Enrique”. Así, ante el temor de un ataque, surgió la necesidad de crear una organización que brindara al candidato una efectiva protección personal. Tati era la más interesada en que se materializara ese grupo, ya que en sus viajes a La Habana había comprobado la eficiencia que tenían los cubanos en esa materia.

Cuando los cercanos de Allende analizaron la situación, coincidieron en que resultaba necesario contactar a los chilenos miembros del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN-B), ya que el Partido Socialista tenía muchos cuadros militarmente preparados en ese entonces en labores de apoyo logístico y de suministros a la guerrilla boliviana.

El Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN-B) fue creado por el comandante Ernesto Che Guevara en la sierra boliviana el 25 de marzo de 1967. Poco después y para colaborar en ese esfuerzo se creó la sección chilena. Su líder fue el periodista y militante del Partido Socialista, Elmo Catalán. Estaba formado por militantes del PS. Actuaba en la práctica como una fracción del partido. Los amigos más cercanos de Allende conocían a los “elenos” (miembros del ELN-B, sección chilena) desde la época en que éstos eran estudiantes de medicina. Tati había entablado una amistad sincera con ellos y en algunas ocasiones desarrollaba actividades en la unidad de apoyo logístico de la organización.

A mediados de 1970, desde las sierras bolivianas retornó al país un grupo de chilenos que habían participado en el foco guerrillero de Teoponte. Entre ellos destacaba un joven socialista llamado Francisco Gómez, cuyo nombre de batalla en el grupo era “Fernando”. Él había sido jefe de seguridad del oficial de Tropas Especiales del Ministerio del Interior de Cuba, Dariel Alarcón Ramírez (Benigno), uno de los sobrevivientes del grupo de guerrilleros que lucharon en Bolivia al mando de Ernesto Che Guevara. “Fernando” fue especialmente entrenado como guardaespaldas; era eximio tirador y experto en artes marciales. Junto a Benigno recorrieron Europa y Latinoamérica, realizando misiones confidenciales encargadas por la máxima dirigencia cubana, entre ellas, el traslado clandestino de ambos, hasta las sierras bolivianas, para continuar la insurgencia guerrillera del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia.

Estimamos que por la experiencia que poseía “Fernando” como escolta, fue comisionado por “Agustín” Arnoldo Camú, comandante del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, sección chilena, para trabajar con Allende, con el fin de implementar el primer servicio profesional de seguridad.

Al comienzo actuaban solamente “Fernando” y “Kique” (Enrique Huerta Corvalán), ayudados por los amigos del candidato que lo acompañaban en sus presentaciones de campaña. Luego se les sumaron:

1) “Carlos Álamos” (Jaime Sotelo), ex dirigente de los trabajadores del cobre del mineral de El Salvador. Militante del Partido Socialista. En 1966, éste había sido encarcelado por su participación en los sucesos que terminaron con la muerte de varios obreros del mineral. Cuando salió de prisión se unió a los “elenos”. Posteriormente viajó a Cuba donde fue entrenado en combate rural y urbano.

2) “Luisito” (Félix Vargas Fernández), de familia minera de Copiapó, miembro del Partido Socialista y eleno, combatió en Bolivia; tuvo activa participación en el rescate de los guerrilleros cubanos que escapaban después de la muerte del Che Guevara.

;">3) “Bruno” (Domingo Blanco Tarres). Militante del Partido Socialista. y

4) “Manuel” (Enrique Ramos), joven obrero, socialista y eleno, fue edecán civil del Presidente Allende. Los primeros miembros del GAP son elenos, muchachos aún, algunos pertenecían al Partido Socialista. Los cerebros del GAP fueron, además de la hija del Presidente (Tati), “Coco” Paredes, “Agustín” y Rolando Calderón.

Las primeras actividades de custodia fueron los círculos para evitar que en algún tumulto Allende resultara agredido; mantener vigilancia sobre el auto en el que se movilizaban; cuando permanecía estacionado, tratar de detectar si eran objeto de seguimientos, y controlar las comidas y bebidas degustadas.

Poco tiempo después aparecen en escena los militantes del MIR.

 

 

1.2. EL MIR PARTICIPA EN LA DIRECCIÓN DEL GAP

 

La revolución cubana en 1959 y la derrota electoral de Salvador Allende en 1964 impulsaron un proceso de radicalización de importantes sectores de la izquierda chilena.

En 1964, un grupo de jóvenes estudiantes de la Universidad de Concepción, militantes de la Federación Juvenil Socialista (FJS), se retiraron de la organización y formaron la Vanguardia Revolucionaria Marxista (VRM). Al año siguiente, los días 14 y 15 de agosto de 1965, se realizó el Congreso de Unidad Revolucionaria. Asistieron un centenar de delegados, los que aprobaron una serie de tesis políticas, eligieron un Comité Central de 21 miembros y designaron como jefe al Dr. Enrique Sepúlveda. Había surgido el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

En el punto quinto de la declaración fundacional se proponía “una audaz política revolucionaria capaz de oponer a esta cínica violencia imperialista una viril y altiva respuesta de las masas armadas...”. El nuevo movimiento era sumamente claro en sus postulados, se autodefinía como la vanguardia armada de las clases oprimidas; consecuente con ello iba a desarrollar su estrategia de enfrentamiento con la burguesía y el Estado.

En 1967, a los dos años de su fundación, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) realizó el Tercer Congreso para evaluar su desarrollo. En el evento la organización resultó depurada. El grupo que hasta ese momento tenía el control —el médico trotskista Enrique Sepúlveda como secretario general, Eugenio Cossio y Clotario Blest— fueron desplazados. Asumió la dirección un grupo de jóvenes de Concepción, encabezado por Luciano Cruz, Sergio Zorrilla, Edgardo Enríquez (“El Pollo”), Bautista von Schouwen (“Bauchi”), Jorge Fuentes Alarcón (“Trostko”), Andrés Pascal Allende (“El Pituto”), Humberto Sotomayor (“Tonio”), Nelson Gutiérrez (“El Guatón”) y Miguel Enríquez. Éste se constituyó en el dirigente más importante. Como responsable de las unidades clandestinas, asumió Arturo Villavela (“Coño”, “Coño Aguilar”). El control de la nueva organización por los jóvenes significó una aceleración en la implementación de la estrategia armada.

El año 1969 marcó la intensificación de la línea de enfrentamiento al gobierno democratacristiano de Eduardo Frei Montalva. Comandos de la organización realizaron asaltos a entidades bancarias, como a la sucursal del Banco del Trabajo, en el barrio de la Vega Central, a la que atacaron dos veces. El enfrentamiento se agudizó, especialmente desde la vejación que estudiantes del MIR le hicieron al periodista derechista Hernán Osses Santa María, del diario Las Últimas Noticias de la Tarde de Concepción. Este hecho permitió al gobierno iniciar una persecución contra el movimiento, el cual debió pasar a la clandestinidad.

Ese mismo año, surgen diferencias internas en la organización. Un grupo de ellos que critica la línea de acercamiento a los frentes de masas propuesta por la dirección, se retira del MIR. El grupo escindido constituye el Movimiento Manuel Rodríguez 2 (MR-2). Entre sus principales dirigentes se hallaban “El Rafa” y el periodista del diario del MIR, El Rebelde, Jorge Silva Luvecce. Después de los asaltos al Supermercado Portofino, en calle Irarrázaval, y a la Armería Italiana, esta organización es desarticulada y sus miembros encarcelados.

Poco antes de las elecciones del 4 de septiembre de 1970, mientras el MIR se encontraba en la clandestinidad, se realizó una reunión de capital importancia entre Miguel Enríquez y Salvador Allende. La reunión se efectuó en una casa de seguridad del Partido Socialista, que también usaba el MIR, ubicada en la zona oriente de Santiago. Para llegar a la residencia, Salvador Allende fue trasladado, en una operación de máxima seguridad, por diferentes autos a distintos puntos de la ciudad, pues, al parecer, temían a la reacción de la gente si se llegaba a saber que el candidato presidencial de la Unidad Popular se reunía con el más buscado por la policía chilena. Allí el candidato presidencial manifestó su molestia por las acciones armadas que realizaba el MIR, las que eran usadas por la prensa proclive a la derecha y causaban daño a la campaña de la izquierda. Miguel Enríquez sostuvo que ellos no hacían “recuperaciones” porque les gustaba, sino porque necesitaban el dinero para mantener la organización. Allende se comprometió a entregar al MIR 80.000 dólares (de la época), antes de finalizar el año 1970. A su vez, Allende le pidió a Miguel Enríquez que se hiciera cargo de su seguridad personal.

Cuando el MIR llegó a reforzar el grupo de seguridad de Salvador Allende, probablemente antes de que el Congreso ratificara el triunfo obtenido en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970, se creó una dirección colegiada con un representante del MIR y uno del Partido Socialista. A su vez se integraron al GAP los siguientes miembros del MIR: “Ariel Fontana” (Max Marambio), quien contaba con experiencia en ese tipo de actividades y asumió como jefe del dispositivo, en reemplazo del primer encargado, “Fernando”. Las principales razones de este hecho tienen que ver con que “Ariel Fontana”, debido a su origen, hijo de un diputado socialista, desde joven se había mezclado con una parte de la burguesía chilena, especialmente aquella vinculada a la izquierda. Eso le permitía tener un manejo de “situaciones” que la mayoría de los otros miembros no poseían. “Ariel Fontana” se las arreglaba para cumplir su misión de acompañar a Allende a todos los lugares, por ejemplo, a las guarniciones militares, la Escuela Militar o la Escuela Naval, y cuando los soldados que montaban guardia le impedían el paso, él con naturalidad y mucha autoridad los empujaba y entraba. Eso no lo podían hacer con facilidad otros miembros de la escolta presidencial. También se incorporaron al GAP los miembros del MIR Sergio Pérez, Nestor Gallardo Agüero “Bolche”, y los ex comandos de las Fuerzas Especiales del Ejército, Mario Melo Pradenas y Luis Barraza Rhul. Probablemente también se sumaron:

Sergio Pérez Molina, conocido como el “Chico”, casado con Lumi Videla. Después del golpe fue detenido por efectivos de la DINA y permanece desaparecido.

Nestor Gallardo Agüero (“Bolche”), estudiante de Valdivia, militante del MIR. Vivía en el pensionado de la Universidad de Chile. Después del golpe militar fue detenido y permanece desaparecido.

Mario Ramiro Melo Pradenas (27 años de edad en 1973), ex oficial de la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales del Ejército de Chile. En 1970, junto a un grupo de sus compañeros, fue expulsado del Ejército por faltas a la disciplina (hacer proselitismo marxista). Militante del Partido Socialista, se desempeñaba como asesor del Presidente Allende. El 29 de septiembre de 1973 fue detenido por efectivos de la FACH en la casa de una amiga. Fue visto por última vez en el recinto militar de Peldehue, permanece desaparecido.

Luis Alberto Barraza Rhul (27 años en 1973). Ex Suboficial de Ejército. Militante del Partido Socialista. Detenido el 29 de octubre de 1973 y trasladado a la Escuela de Paracaidistas y Fuerzas Especiales. Permanece desaparecido.

Jorge Vicente Piérola y Julio Martínez Lara. ex miembros de las Fuerzas Especiales y Paracaidistas del Ejército. Militantes del Partido Socialista. Fueron muertos después del golpe militar.

Estimamos que con las incorporaciones al GAP de soldados paracaidistas que habían sido expulsados del Ejército por ser reconocidos marxistas, Allende daba una nítida señal de que al interior de los cuerpos armados del Estado él podía contar con significativos apoyos. Al mismo tiempo, para los oficiales antimarxistas del Ejército era una advertencia de que no les sería fácil atentar contra su persona.

Las elecciones del 4 de septiembre se realizaron con absoluta normalidad y en ellas Salvador Allende alcanzó una victoria relativa. El período siguiente fue de incertidumbre sobre el futuro, puesto que, según el ordenamiento constitucional vigente, era el Congreso en pleno el que debía decidir entre las dos primeras mayorías relativas.

Para impedir que el Congreso se pronunciara a favor de Allende, que había obtenido la primera mayoría relativa, un grupo de extremistas vinculados a la derecha y al ex general Roberto Viaux trató de secuestrar al Comandante en Jefe del Ejército, general René Schneider. Éste, al oponer resistencia e intentar sacar el revolver de servicio, fue herido de muerte por la inexperiencia de los secuestradores.

Creemos que este hecho fue determinante para la constitución del Grupo de Amigos Personales (GAP). Ciertamente, si la derecha atacaba al Comandante en Jefe del Ejército, también podía atentar contra el Presidente. En el ataque a Schneider el GAP encontró su argumento fundacional: el Presidente socialista de Chile sólo podía entregar su seguridad a un grupo formado por gente de su confianza, que le fuera absolutamente leal.

 

1.3. EL ORIGEN DEL NOMBRE: UNA RESPUESTA DE ALLENDE

 

Los primeros GAP seguían al Presidente Allende a todas partes a bordo de una camioneta Volkswagen. Portaban revólveres, pistolas, escopetas y rifles Winchester, conseguidos por Osvaldo Puccio, por algunos amigos del Primer Mandatario y, las menos, por el MIR.

En una de las primeras salidas del grupo, mientras se hallaban en una población, un acucioso periodista que miraba atentamente a los jóvenes armados que no se separaban del Presidente, a los que se les notaba que no pertenecían a la Policía de Investigaciones, y que se rumoreaba eran miristas, le preguntó a Allende quiénes eran; y éste, en una de sus típicas respuestas, le contestó “son unos amigos personales”. Allí nació la denominación. Desde ese instante serían conocidos por la prensa como el Grupo de Amigos Personales (GAP). Ellos transitaban por las calles a alta velocidad, mostrando en forma amenazante los cañones de sus armas, sin los seguros, preparados a disparar a la menor sospecha de un atentado. El secreto en que se movían, sin que se conocieran sus nombres verdaderos ni su origen, les hizo famosos, amados y odiados.

El 12 de noviembre de 1970, poco después de haber asumido la dirección de la nación, el Presidente Allende decidió desistirse en los procesos por infracción a la ley de Seguridad Interior del Estado que afectaban a 30 militantes izquierdistas, los que habían sido aprehendidos, acusados de la realización de acciones guerrilleras durante el mandato de Eduardo Frei, y que hasta ese momento permanecían detenidos. La argumentación del Primer Mandatario fue que merecían el desistimiento presidencial, pues sólo eran jóvenes idealistas. Algunos de ellos, cuando salieron de la cárcel, se integraron al Grupo de Amigos Personales. Creemos que con estas nuevas incorporaciones quedaba completa la fisonomía de la organización en su primera etapa. Entonces era una escolta pequeña formada por socialistas y cuatro miristas, que en ningún caso sobrepasaba las 20 personas. Entre ellas:


“Ariel Fontana” (MIR, jefe del dispositivo)

Sergio Pérez (MIR)

Néstor Gallardo (MIR)

Jorge Silva L. (MIR)

Mario Melo (ex paracaidista, socialista)

Luis Barraza R. (ex paracaidista, socialista)

Julio Martínez L. (ex paracaidista, socialista)

Jorge Piérola (ex paracaidista, socialista)

“Mariano” (socialista)

“Fernando” (socialista)

“Luisito” (socialista)

“Manuel” (socialista)

“Kique” (socialista)

“Bruno” (socialista)

“Carlos Álamos” (socialista)

 

1.4. FIDEL CASTRO: LA INFLUENCIA CUBANA EN EL GAP

 

Hemos dicho que una de las personas que más se preocupaban por la seguridad del Presidente era Tati. Ésta era conocida en las más altas esferas del régimen cubano, no sólo como la hija de Allende, sino también como una verdadera revolucionaria. A través de sus contactos ella pidió el apoyo cubano para el Grupo de Amigos Personales (GAP). Esta ayuda se materializó de dos formas: el envío de oficiales del Ministerio del Interior (Minit) y del Ministerio de las Fuerzas Armadas (Minfar) de Cuba, expertos en materias de protección a personalidades, para asesorar a la escolta allendista y apoyar su trabajo en terreno; y la especialización en la nación caribeña de varios contingentes del GAP. “Preparamos alguna gente […] para la seguridad personal en la cual teníamos experiencia, porque habíamos tenido que defendernos […] de aquellos que querían liquidarnos. Y esa experiencia se la transmitimos al que pensamos que tenía enemigos, que podían tratar de atentar contra […] su vida.” Creemos que para la administración cubana esto era importante, pues le permitía penetrar en el entorno del Presidente, acrecentando su influencia en la nueva revolución, y a la vez preparar la seguridad de la visita que realizaría Fidel Castro durante 1971. Uno de los primeros cubanos en llegar a Chile para desempeñar esa tarea se apellidaba Riveros.

En esa época un grupo de diez personas, formado entre otros por “Bruno” y “Manuel”, se embarcaron hacia Cuba para especializarse en la tarea de proteger la vida del Presidente Allende y su entorno. El curso tuvo una duración de 15 días; principalmente realizaron entrenamientos de defensa personal y algunas cuestiones relativas a la seguridad. Con posterioridad, a fines de 1972 un grupo similar viajó para tomar el mismo curso.

La práctica de enviar gente a Cuba para entrenarla en actividades paramilitares y de seguridad personal parece haber sido bastante frecuente, incluso hasta fines del gobierno. En julio de 1973, un numeroso contingente de militantes del Partido Socialista aterrizó en La Habana. Allí se les comunicó que su misión era adquirir los conocimientos necesarios para integrarse a su vuelta al Grupo de Amigos Personales. Éstos se opusieron, ya que cuando partieron les informaron que iban a recibir preparación en tácticas de guerrilla rural y urbana. Cuando se produjo el golpe de Estado aún se encontraban en La Habana.

Por motivos de seguridad, la llegada a Chile de Fidel Castro sólo fue anunciada con dos días de anticipación, sin mencionar el lugar de arribo, reflejo de la preocupación por la seguridad de éste y por la de Salvador Allende. Para esa fecha ya habían retornado de Cuba, para integrarse al dispositivo de seguridad presidencial, los jóvenes que participaron en el primer curso de instrucción.

Fidel Castro envió un numeroso contingente para encargarse de su seguridad, así como del personal diplomático cubano que prestaba servicios en el país. Al mando del grupo venía Antonio de la Guardia, acompañado de varios miembros del cuerpo de Tropas Especiales, como las conocen allí, el equivalente de los boinas verdes norteamericanos. Ellos tomaron contacto con el Grupo de Amigos Personales y en conjunto crearon un plan de contingencia que les posibilitara cumplir exitosamente su misión.

El GAP fue dividido en dos escoltas, una debía estar con Allende y a la otra se le unirían los guardias de Fidel Castro, formando un grupo mixto.

En el trayecto que ambos mandatarios realizaron desde el aeropuerto Pudahuel, en un automóvil descubierto, constatamos que a bordo del automóvil observan atentamente “Carlos Álamos” y el oficial cubano Riveros. Estimamos que este hecho fue uno de los aspectos más significativos de todo el decurso histórico del Grupo de Amigos Personales (GAP). Fue su prueba de fuego, una muestra de confianza en la lealtad de sus miembros y en el profesionalismo y capacidad operativa de ellos. Es difícil que en otras ocasiones se haya repetido la coyuntura de que un líder tan celoso por su integridad, como Fidel Castro, permitiera que parte importante de su protección la realizaran hombres que no eran de su escolta. Además, es un buen indicador para visualizar las estrechas relaciones existentes entre los aparatos de seguridad de Allende y Castro.

En el resto de la extensa visita del mandatario cubano, no hemos recogido hechos particulares que hayan demandado acciones especiales de parte del aparato de seguridad de Salvador Allende. En las actividades donde no participaba el Presidente chileno, el resguardo de Fidel Castro estuvo a cargo de la escolta mixta. En la visita al puerto de Valparaíso, el gobierno crea, con militantes del Partido Socialista y de confianza de los partidos de la Unidad Popular, brigadas de seguridad, las que mezcladas con el público vigilaron el desarrollo de las actividades.

Al regresar a su país la escolta de Fidel, que había traído una cantidad mayor de armas que las que habitualmente transportaba, dejó una parte importante en Chile, retornando con el armamento mínimo para asegurar la integridad del comandante Castro. En el país quedaron lanzacohetes RPG-7, fusiles AKA-47, pistolas y subametralladoras, además de una gran cantidad de parque (balas). Creemos que esta donación fue uno de los mayores aportes de armas cubanas a la izquierda chilena en el período de la Unidad Popular. Parte de ellas pasó a integrar el arsenal del GAP; otra fue incorporada al stock del aparato militar del Partido Socialista. Es posible que, debido a la oposición de Allende, no le entregaron armas al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Sin embargo, como en esa etapa los miristas controlaban el grupo de la seguridad presidencial, también indirectamente tenían acceso a ellas y se las llevaron consigo tras su salida del GAP.

Posteriormente, cuando visitó Chile el Presidente de la República de Cuba, Osvaldo Dorticós, fue escoltado por agentes del GAP.

 

1.5. LA EXPULSIÓN DEL MIR

 

La forma en que “Ariel Fontana” trataba a los jóvenes del dispositivo fue causa de innumerables dificultades, principalmente con los militantes del Partido Socialista y con los de mayor experiencia en la función que cumplían. Los hombres dejaron de confiar en él, comenzaron a poner dificultades en el cumplimiento de las órdenes. Con la intención de superar con rapidez estas dificultades, el MIR envió a “Tonio” (Humberto Sotomayor), miembro de su Comisión Política, para que asumiera la dirección en reemplazo de “Ariel Fontana”.

La institucionalización de la guardia armada civil del Presidente Allende en la vida nacional le fue posibilitando al MIR la ejecución de una serie de actividades paralelas y encubiertas, bajo la apariencia de prestar protección al Primer Mandatario y sus residencias. La organización implementó verdaderos cursos de formación paramilitar. Las clases eran impartidas con la “ayuda de oficiales cubanos”.

Efectivamente, la dirección del GAP usaba las instalaciones construidas en El Cañaveral, donde tenía una pequeña cancha de entrenamientos, y los polígonos de tiro del Cuerpo de Carabineros en La Reina para impartir conocimientos guerrilleros, que incluían prácticas de tiro. Creemos que el uso de las instalaciones policiales era posible porque se trataba de la guardia del Presidente y Carabineros dependía directamente del Ministerio del Interior; además Carabineros era la institución armada más leal al Primer Mandatario. Ésta es una prueba de la ambigüedad legal en la que se desenvolvía el GAP.

Numerosos cuadros del MIR que no tenían ninguna relación con el GAP visitaron las instalaciones, recibiendo instrucciones sobre la utilización de armas y técnicas y tácticas conspirativas. Esto indica que el GAP en ese período era no sólo un dispositivo para la seguridad de Allende, sino que a la vez una escuela de formación de combatientes. En otras palabras, el GAP pudo ser el germen de un ejército revolucionario.

Una de las premisas fundamentales para que los grupos de seguridad puedan cumplir exitosamente con su trabajo es no tener flancos débiles. Desde esa perspectiva, la acción que el MIR en el GAP aumentaba el riesgo de infiltración en el entorno de Allende.

En esa etapa, algunos miembros del MIR empezaron a realizar acciones de “financiamiento privado”. Estas acciones eran asaltos cuyo dinero no ingresaba a los movimientos o partidos de izquierda, sino a los bolsillos de quienes las ejecutaban, es decir ex-miembros del GAP que después se fueron de la organización sin entregar las credenciales, efectuaron esas operaciones y “cuando los pillaban aparecían como gente vínculada al GAP”.

Un suceso que ilustra las acciones del dispositivo en esa etapa fue el acontecido el Viernes Santo de 1972, en el pueblo de Curimón, departamento de San Felipe, provincia de Aconcagua. Al atardecer, una camioneta Chevrolet, conducida en estado de ebriedad por Fernando Amaya Sepúlveda, GAP, ex oficial paracaidista del Ejército, quien portaba una credencial que lo distinguía como funcionario de la Presidencia de la República (seguridad presidencial, mecánico), se estrelló con un poste del alumbrado público. Amaya iba acompañado por Guillermo Pardo Tobar, ex comando del Ejército de Chile, Mario Pérez, de quien se desconocían mayores datos, y Óscar Delgado (“El Negro Puga”), también ex comando y paracaidista.

Luego del accidente los dos primeros fueron detenidos y en su poder se encontraron planos de instalaciones militares, una granada de ejército (de origen español), dos cargadores para fusil Garand con 15 proyectiles cada uno, dos cargadores para pistolas con ocho balas cada uno, dieciocho vainillas calibre 45 y 14 calibre 32. Mario Pérez y Óscar Delgado lograron escapar.

Creemos que participaban en la búsqueda del mayor Arturo Marshall, ex boina negra del Ejército, y, al parecer, también realizaban un estudio operativo de la zona. Marshall, según los rumores que circulaban entre los militantes de izquierda, se desempeñaba como instructor militar del frente nacionalista Patria y Libertad, y se pensaba que se escondía en el regimiento Yungay de San Felipe.

Pero todo el esfuerzo fue inútil, actuaron como irresponsables, se pusieron a beber, chocaron. Fueron detenidos, descubriéndose la naturaleza de la misión. Alertaron a la inteligencia del Ejército, que ya los conocía, y dejaron mal parado al GAP, comprometiendo al Presidente Allende. Luis Guastavino, diputado comunista por Valparaíso, sostuvo que era un hecho anormal, que debía ser investigado porque “cuando una acción de ultraizquierda se desarrolla […] esa acción termina sirviendo los intereses de la Derecha”. La crítica también se desató en la oposición, que podía comprobar cómo miembros o ex integrantes de la escolta de Allende, al “amparo” de ésta, realizaban acciones reñidas con la legislación vigente. De esa manera, se siembran dudas sobre la verdadera naturaleza y objetivos del Grupo de Amigos Personales.

En ese marco, el Partido Socialista decidió asumir el control definitivo y responsable de la guardia presidencial, ordenarla y profesionalizarla. Los principales argumentos socialistas fueron que si el Presidente era militante del partido, era lógico que ellos estuvieran a cargo de su seguridad; también se afirmaba que los miembros del GAP no podían operar en forma autónoma porque eran militantes socialistas; finalmente, se sostenía que el partido contaba con gente profesional, de absoluta confianza y de comportamiento intachable.

Allende y su entorno aceptaron con satisfacción y convencidos, y “Tonio”, así como la mayoría de los militantes del MIR, dejaron de formar parte del Grupo de Amigos Personales. Sin embargo, en una actuación inexplicable el MIR se llevó más de la mitad del arsenal de la organización. Entre las especies sustraídas había dos cañones sin retroceso, algunas ametralladoras de calibre punto 30, punto 50, fusiles AKA-47 y rifles del campo capitalista, FAL.

La relación de confianza política entre el MIR, la Unidad Popular y el Presidente Allende se había trizado. Este quiebre se advierte claramente en el enfrentamiento entre policías y pobladores en Lo Hermida el 5 de agosto de 1972. Miembros de la directiva mirista denunciaron que algunos detectives habrían torturado a pobladores detenidos en el hecho. La denuncia, dirigida específicamente en contra del socialista “Coco” Paredes, Director de Investigaciones, y Carlos Toro, comunista, Subdirector de Investigaciones, causó malestar en la coalición gobernante y en el Presidente Allende. Según Víctor Toro, sectores comunistas plantearon la necesidad de reprimir al MIR. La directiva mirista hizo presente que debían recordar que el MIR guardaba las armas del Grupo de Amigos Personales GAP.

Días después del enfrentamiento y de las acusaciones, el Presidente visitó la población Lo Hermida, pero algunos integrantes del MIR y de otros grupos como la USOPO, dirigidos por el comandante “Raúl”, trataron de impedir que ingresara. Un grupo del GAP penetró a la fuerza en la sede social y abrieron la puerta para que Allende entrara y hablara con los pobladores, a fin de conocer la versión que ellos tenían del suceso.

Sin embargo, Allende intentaba mantener buenas relaciones con el MIR, como lo señala un informe del Instituto de América Latina de la Academia de Ciencias de la URSS, que afirma que “Allende, a pesar de algunas de sus declaraciones respecto al MIR, donde los amenaza con represalias, aspira más bien a poner bajo su control a esta organización más que a debilitarla o a destruirla”.

 

 

II. LOS FIELES AMIGOS DE SALVADOR ALLENDE

 

2.1. EL GAP BAJO EL CONTROL DEL PARTIDO SOCIALISTA

 

El deber del Partido Socialista de Chile de dirigir la organización que tenía como misión garantizar la seguridad de su Presidente, y que poseía también la mayor cantidad de armas y recursos logísticos, se cumplió. Estimamos que a mediados de 1972 Marcelo Schilling fue designado coordinador entre el PS, la Presidencia de la República y el Grupo de Amigos Personales. Schilling, comisario político del GAP, en la nueva estructura tenía la misión de ordenar al dispositivo, darle unidad político-ideológica y entregarle la profesionalización requerida para cumplir su cometido. Debía evitar los errores y desatinos irresponsables del período mirista, para transformar el grupo de seguridad presidencial en una eficiente organización que garantizara totalmente la integridad del Presidente de Chile.

Nuevos miembros ingresaron al GAP, todos militantes socialistas, de absoluta confianza de la dirección partidaria y de la presidencia de la República. La dirección quedó constituida por “Bruno” como jefe máximo del dispositivo, “Carlos Álamos” se encargó de la sección Escolta Presidencial, “Mariano” (Francisco Argandoña) siguió como responsable del Grupo de Avance, “Kique” (Enrique Huerta) continuó al frente de la logística como Intendente del Palacio de La Moneda, y “Aníbal” (Juan José Montiglio Murúa) también asumió un puesto en la dirección.

Los responsables implementaron algunas medidas tendientes a reforzar la seguridad del dispositivo tales como facilitar el cambio de residencia de algunos miembros, a fin de concentrarlos en un área cercana a la casa del Presidente Allende en la calle Tomás Moro. Muchos fueron trasladados a las viviendas de un barrio modesto (conocidos como “poblaciones CORVI”), localizado sólo a algunas cuadras de la casa presidencial, hacia la montaña, en la comuna de La Reina. La reunión de los miembros del GAP en un lugar cercano permitía que la dirección tuviera un mejor control de las actividades que hacían en su tiempo libre, evitando los comportamientos peligrosos para la seguridad de la organización, licenciosos y alejados de las buenas costumbres; al mismo tiempo, la mayor cercanía les permitía acudir rápidamente a las llamadas de alarma; finalmente, se ahorraba dinero en transporte. El inconveniente principal de que estuvieran juntos fue un aumento en las posibilidades de romper la compartimentación.

Estimamos que bajo el control del Partido Socialista a través de “Bruno”, “Carlos Álamos”, “Mariano”, “Aníbal”, “Kique” y la jefatura política de “Gastón”, el Grupo de Amigos Personales adquirió su fisonomía definitiva, convirtiéndose en una organización dedicada a la custodia del Presidente de la República, su familia y las residencias. Los grados de eficiencia aumentaron, profesionalizándose sus miembros hasta convertirse en una efectiva organización paramilitar, cuyos militantes estaban capacitados para desarrollar las diversas tareas que la estrategia revolucionaria demandara.

Recibieron su entrenamiento en Chile, porque los que “viajaron a Cuba fueron pocos, no fue una cuestión masiva”. Ellos empezaron a practicar dirigidos por la gente que en esas materias sí tenía formación. Entre los instructores destacó Mario Melo, ex oficial paracaidista del Ejército chileno. También llegaron algunos cubanos para enseñarles el manejo de los autos, pero el GAP “tenía un chofer muy bueno, mejor que los caribeños”; vino otra gente que les ayudó a entrenar, pero básicamente los conocimientos los adquirieron en Chile. Lo que sabían no era mucho, pero destacaban nítidamente porque “eran super dedicados, muy rigurosos, eran muy buenos”. La mayoría de los entrenamientos, en esta etapa, igual que en la anterior, los realizaban en la pequeña cancha de obstáculos de El Cañaveral y en los cerros cercanos.

Cada dos meses, una veintena de jóvenes venidos de todo el país intentaban vencer las trabas para ingresar al grupo: debían ser miembros del Partido Socialista, haber tenido una militancia constante, poseer claridad de ideas, reunir las condiciones físicas necesarias y tener recomendaciones de algún dirigente del Partido. La selección se realizaba en El Cañaveral, a veces con la presencia de Allende. Estimamos que la decisión final para reclutar a los nuevos GAP la tomaba la jefatura del grupo, pero en ella influían significativamente el Presidente, su hija Tati y el doctor Eduardo “Coco” Paredes. Una vez reclutados, eran enviados a una de las tres reparticiones de la organización. Los que no eran seleccionados volvían a sus bases de origen, donde podían aplicar los conocimientos político-militares adquiridos.

 

2.2. LA LEGALIDAD Y FINANCIAMIENTO DEL GAP

 

El Grupo de Amigos Personales (GAP) era en sí una organización revolucionaria, porque ningún presidente de Chile ha contado con un grupo de similares características y, además, no tenía reconocimiento alguno dentro de la legalidad entonces vigente. Al comienzo se discutió una iniciativa legal para que sus miembros fueran contratados como funcionarios de la Policía de Investigaciones. Esta propuesta no se materializó. La legitimidad del grupo provenía solamente del apoyo que le daba de hecho el Presidente de la República. Durante la etapa del MIR, dependía exclusivamente de la Presidencia. Cuando el Partido Socialista tomó el control de la organización, pasó a depender del Partido y de la Presidencia.

Aunque no conocemos la forma exacta en que se financiaba y la cantidad de dinero que mensualmente gastaba, creemos que obtenía los recursos necesarios de la Presidencia de la República y del Partido Socialista; también es posible que el gobierno cubano le entregara dinero en alguna oportunidad. Los GAP solamente recibían un estipendio, pues eran enviados a la organización por el Partido Socialista en comisión de servicio.

 

2.3. LA ESTRUCTURA DEL GRUPO DE AMIGOS PERSONALES

 

Desde el comienzo la organización diseñó una estructura dividida en tres secciones específicas: la Escolta, el Grupo de Avance y la Guarnición.

La sección Escolta Presidencial era la más numerosa e importante de las divisiones con que contaba el dispositivo. Se componía de alrededor de 20 hombres, casi la mitad de todos los miembros que tenía el GAP. Su misión específica era proteger y conducir al Presidente Allende hasta los lugares donde realizaba sus actividades.

Para transportarlo, la sección Escolta disponía de varios automóviles marca Fiat, la mayoría azules; también contaba con algunos de otros colores, además de camionetas. Todos los vehículos tenían el carburador arreglado para correr a 200 kilómetros por hora. Puesta en marcha la Escolta, generalmente estaba formada por tres autos del GAP, más algunas patrulleras de Carabineros e Investigaciones. En ocasiones ponían un cuarto auto de un color diferente, cuya misión era distraer a los posibles atacantes. En el Fiat designado con el N° “1” viajaba el Presidente; iba acompañado por el jefe de Escolta y el edecán militar de turno; si éste no estaba, un miembro del grupo, llamado edecán civil, ocupaba su lugar. Esta persona permanecía cerca de Allende, jamás debía separarse de él; y en caso de un atentado debía interponer su cuerpo para recibir el primer impacto y posibilitar la reacción de los miembros de la seguridad. En el cumplimiento de su misión portaba una pistola y una subametralladora y no “conocía” los chalecos antibalas.

Poseían equipos de radiotransmisión y teléfonos móviles cuya batería la transportaban en la maleta del automóvil; para ese tiempo era un gran adelanto tecnológico. La central de comunicaciones estaba en Tomás Moro. Desde allí controlaban los despachos, que eran cifrados, usando números y letras. Las claves cambiaban cada cierto tiempo, para evitar que fueran conocidas por los enemigos.

El Grupo de Avance fue la más desconocida de las divisiones del GAP. Esta división, poco numerosa, al mando de “Mariano” (Francisco Argandoña), tenía la misión de anticiparse y tomar posesión de todos los lugares que visitaba el Presidente Salvador Allende. Debía coordinar con los servicios de Carabineros e Investigaciones todas las iniciativas que fueran necesarias para resguardar el lugar.

De las actividades del Grupo de Avance podemos relatar los hechos del 21 de mayo de 1971 en Valparaíso. En la mañana se efectuaba el tradicional desfile de homenaje a las glorias navales. Muy temprano la seguridad de la Intendencia regional fue alertada por una llamada anónima; la voz advirtió que elementos pertenecientes a Patria y Libertad habían instalado explosivos bajo el muelle Prat, los que serían detonados cuando Allende arribara al lugar. En la búsqueda de la bomba participaron miembros del Grupo de Avance del GAP y agentes de investigaciones, bajo las órdenes del Jefe de Seguridad de la Intendencia de la Provincia de Valparaíso y del almirante José Toribio Merino. La amenaza resultó ser falsa.

La tercera sección del Grupo de Amigos Personales era conocida como Guarnición. Estaba dividida en varios grupos de no más de seis personas. Cada una de las unidades tenía su propio responsable. Éste dependía directamente del mando central del dispositivo. Su misión era prestar servicios de guardia y protección a las residencias de Tomás Moro, El Cañaveral y el Palacio de la Moneda, donde vigilaban las oficinas de la Presidencia de la República. Para desarrollar sus actividades en la casa de Tomás Moro, construyeron varias casetas o garitas de vigilancia. Portaban armas de puño y en ocasiones fusiles o subametralladoras.

Punto central del dispositivo fue la compartimentación. Cuando los jóvenes ingresaban a la organización, les entregaban una credencial de la Presidencia de la República con su nueva identidad, y el seudónimo por el que serían designados en el GAP. Recibían instrucciones precisas acerca de no conocer a sus compañeros, no frecuentar sus casas, no mezclar a sus familiares. La idea era que tuvieran el menor contacto posible entre ellos, porque de esa manera ofrecían menos puntos débiles.

Estas medidas funcionaron bastante bien, ya que en realidad los miembros no llegaron a conocerse. Después del golpe de Estado, si llegaban a ser detenidos, resultaba imposible que delataran a sus compañeros. La compartimentación fue efectiva; ejemplo de ello son las dificultades que tienen los sobrevivientes, uniendo seudónimos y nombres reales, para identificar a sus camaradas.

Hacia el fin del gobierno de Allende, cuando la dotación había disminuido y las posibilidades de un golpe de Estado se acrecentaron, muchos miembros optaron por espaciar las visitas a sus familiares. Luisa Catalán, esposa de ”Pato”, afirma que él iba a su casa una vez al mes, a veces cada 90 días, y le decía que no quería comprometerla en sus actividades. Algunos miembros de la organización y sus familiares eran atendidos por los doctores de la Presidencia. Ellos realizaban los tratamientos en Tomás Moro, La Moneda o los hospitales públicos donde trabajaban. Los médicos no conocían la historia clínica ni los nombres reales de sus pacientes.

 

2.4. EL TANQUETAZO: EL GAP EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

 

El fin del gobierno de la Unidad Popular comenzó en la mañana del 29 de junio de 1973. Ese día podía haber sido uno más, sin embargo el destino quiso que fuera de capital importancia para la administración de Salvador Allende y la revolución chilena.

A las 8:55 de la mañana las informaciones llegan a la residencia de Tomás Moro N° 200, donde se encuentra el Presidente. Varios tanques, un portatanques y dos camiones con 40 hombres cada uno del Regimiento Blindado N° 2, que tiene su sede en la calle Santa Rosa, dirigidos por el coronel Roberto Souper, comandante del regimiento, se han sublevado y abren fuego contra el Palacio de la Moneda y el Ministerio de Defensa. La guardia de Carabineros al mando del teniente Guillermo Pérez les presenta batalla, generalizándose un enfrentamiento. El alzamiento forma parte de un intento de golpe de Estado en el que probablemente se han unido militares con el grupo subversivo de derecha Patria y Libertad.

El Presidente Salvador Allende, acompañado de sus edecanes, especialmente de Arturo Araya, jefe de la Casa Militar y capitán de navío, establece contactos con las fuerzas militares que se mantienen leales, con la finalidad de controlar prontamente el alzamiento. Las fuerzas del gobierno obedecen al Comandante en Jefe del Ejército, general Carlos Prats González.

El Comandante en Jefe, acompañado de su escolta, decide dominar personalmente la subversión para evitar el derramamiento de sangre. Se acerca a los tanques que disparan sobre La Moneda e, imponiendo su jerarquía, uno a uno les va ordenando que regresen a su regimiento. Todos obedecen excepto uno que se da a la fuga, perseguido por las fuerzas leales al gobierno.

Mientras eso acontece en el centro de la capital, en la residencia de Tomás Moro N° 200 el Presidente se desespera por bajar a La Moneda y sofocar personalmente el alzamiento. Los jefes del GAP se lo impiden. La estrategia de ellos es ganar tiempo para que las Fuerzas Armadas se encarguen de la situación, y si éstas no lo hacen, ir hasta La Moneda con una escolta bien constituida, que pueda abrirse paso. Allende es obligado a permanecer en su habitación, mientras “Bruno” y los demás jefes planifican el traslado. El Primer Mandatario ordena que un helicóptero acuda hasta su residencia para sobrevolar la zona de combate; la jefatura del GAP se opone y el vehículo es obligado a marcharse. Los responsables del GAP estaban convencidos de que si ellos se trabaran en combate, Allende también lucharía. Además, afirman que tenía muy buena puntería.

El Presidente era orgulloso de su condición de revolucionario, y le gustaba disparar, como queda de manifiesto en la siguiente anécdota: “Durante la visita de Fidel Castro realizaron un crucero en un barco de la Armada, en el viaje el Comandante comenzó a dispararles a unas aves, el Presidente inmediatamente pidió un fusil y comenzó a hacer lo mismo, y ‘no le iba en zaga’”.

Cuando ya no pudieron retener por más tiempo al Presidente, “Aníbal”, uno de los jefes del dispositivo, los reúne, les dice que todos se van a La Moneda y que necesitan cuatro voluntarios para el auto de vanguardia, que tiene la misión de abrir paso a la comitiva a como dé lugar. Se ofrecen “Aníbal”, los hermanos Isidro y Hugo García, y uno de sus compañeros que no hemos podido identificar.

Dilatar la salida del Presidente hacia el centro les permitió a los responsables del GAP preparar la escolta más numerosa y mejor armada de toda su historia. Efectivamente, hacia La Moneda salieron 50 compañeros comandados por “Bruno”, en una caravana de 10 vehículos, entre ellos varias camionetas de apoyo que llevaban montadas ametralladoras punto 30; también bajaron algunos autos de Carabineros dirigidos por el Subdirector de la institución, general Urrutia, y la escolta de Investigaciones. Los hombres portaban fusiles AKA-47, lanzacohetes RPG-7 y numerosas subametralladoras. En el auto “1” iban Allende, el general Urrutia y “Manuel”, su edecán civil. El Presidente portaba una pistola Walter y su fusil AKA-47, regalo de Fidel Castro, lo lleva “Manuel”; tiene orden de pasárselo ante cualquier imprevisto.

En el trayecto la comitiva encontró una patrulla de militares frente al edificio de Televisión Nacional. Los “compañeros” del auto de vanguardia los encañonaron y los mantuvieron así hasta que todo el grupo quedó fuera de su alcance. Los soldados eran leales, pese a ello los GAP no se confiaron, pues temen una traición.

Al llegar al centro de la capital la comitiva se divide en dos, un grupo se dirige al Palacio de Gobierno, para tomar posiciones de combate y asegurar la llegada del Presidente; el otro, en el que va Allende, parte hacia el cuartel del servicio de Investigaciones, ubicado en calle General Mackenna. Allí lo espera Alfredo Joignant, Director General, y un numeroso grupo de detectives de confianza.

Cuando arriban a Investigaciones, Allende se apea del auto y dice a la escolta que nadie se baje; en ese momento el edecán del Presidente, comandante Arturo Araya, contradiciendo al Jefe de Estado, afirma: “No, todos se bajan con sus armas”. El edecán, que porta una metralleta P-40 del GAP, con su experiencia de militar, comprende la gravedad de la situación que enfrentan; en un claro gesto de compromiso con el proceso revolucionario de la Unidad Popular, asume el mando del grupo. Poco más tarde, cuando todavía hay disparos, la comitiva llega con el Presidente hasta La Moneda. Arturo Araya les ordena “que saquen sus armas y todo el mundo a protegerse”. La escolta obedece y cargan todos los implementos que poseen. En los días siguientes el hecho fue profusamente comentado por los militantes de izquierda.

El comportamiento del capitán Araya el 29 de junio sólo fue el reflejo de la actitud adoptada por muchos oficiales, suboficiales y tropa de todas las ramas de las Fuerzas Armadas que no obedecieron las instrucciones de los golpistas para marchar hacia La Moneda. Andrés Pascal Allende afirma que había más oficiales comprometidos en la sublevación y cuando éstos entregaron las órdenes de combate, oficiales, suboficiales y tropa se negaron a obedecer. Para él fue, sin lugar a dudas, la máxima demostración de apoyo al gobierno de la Unidad Popular al interior de las FF. AA. Creemos que además de los oficiales conocidos que respaldaban a la Unidad Popular (Prats, Sepúlveda Galindo, Urrutia), tenía particular importancia el general de Carabineros Rubén Álvarez, una de las primeras antigüedades de la institución. Seguramente él era el hombre más leal y confiable de la Unidad Popular y del Partido Socialista. Por qué Allende no lo nombró Director General —como se lo pidió la Unidad Popular— es un misterio y una de las claves de la caída del gobierno.

En el sofocamiento de este conato de golpe de Estado, el Grupo de Amigos Personales no tuvo una participación decisiva; sin embargo, del análisis detallado del hecho, los responsables de la seguridad del gobierno sacaron algunas conclusiones importantes: redoblaron la guardia nocturna permanente en el Palacio de Gobierno, aumentaron el número de médicos en La Moneda, adaptaron allí una clínica de emergencia y reforzaron la defensa incluyendo más ametralladoras y dos o tres bazucas. Al mismo tiempo, comprendieron que otro intento de golpe podría ser masivo, involucrando a un mayor numero de fuerzas militares y debían estar preparados para ello. Diez miembros del dispositivo, al constatar la magnitud de un enfrentamiento con fuerzas militares, desertaron del GAP. “Proteger al Presidente era honorable, pero para algunos no al punto de arriesgar tanto”.

 

2.5. EL ASESINATO DEL CAPITÁN ARAYA: INTENTAN CULPAR A “BRUNO”

 

Un mes después, otro hecho causaría enormes dificultades. La noche del 26 de julio hubo una recepción en la embajada de Cuba, con motivo de cumplirse un aniversario más del asalto al Cuartel Moncada. Allende concurrió acompañado por su escolta, esa noche a cargo de “Bruno”, y por el jefe de la Casa Militar, capitán de navío Arturo Araya. Momentos después de que el alto oficial regresara a su hogar, un grupo de personas realizó manifestaciones antigubernamentales y amenazas contra su vida. El marino salió al balcón de su hogar, portando la metralleta checoslovaca P-40, perteneciente al GAP, para enfrentar a los desconocidos. Estos abrieron fuego y lo hirieron de muerte.

El 27 de julio Chile se despierta con una gran interrogante: ¿quiénes mataron al capitán de navío Arturo Araya? Efectivos reforzados de la policía civil y uniformada realizan intensos patrullajes y rastreos en busca de los asesinos.

Allende está consternado. Para nadie era un misterio que Arturo Araya se había constituido en uno de sus más apreciados colaboradores y amigos.

El acontecimiento conmovió al país, Allende ordenó que el CONSUSENA, con la participación de los servicios de inteligencia de todas las ramas de las Fuerzas Armadas, más Carabineros e Investigaciones, formara una comisión para que investigue el hecho.

Algunos días después, la prensa de derecha informa con grandes caracteres que Carabineros había detenido a uno de los participantes en el asesinato; se trataba del obrero electricista del Servicio Agrícola Mecanizado (SEAM), filial de CORFO, José Riquelme Bascuñán, militante del Partido Socialista. Éste fue inculpado por el capitán de la Inteligencia de Carabineros Germán Esquivel. Riquelme habría “confesado” que el comando que asesinó al edecán Arturo Araya era dirigido por un señor Blanco (Domingo Blanco Tarrés, “Bruno”), miembro del GAP, acompañado por tres cubanos y otros militantes del Frente de Trabajadores Revolucionarios del MIR (FTR) y el Partido Socialista.

El revuelo causado por esta denuncia fue inmenso. De su asesinato se culpaba a la izquierda, en especial al GAP, el grupo de personas más cercanas al Presidente de la República. Para el Director General de Investigaciones la investigación policial fue concluyente: el comando de asesinos no pertenecía a la izquierda; en la misma forma se expresa el detective Arrieta; el ex GAP Isidro García afirma que la noche del asesinato de Araya, “Bruno” ejercía como jefe de escolta el Presidente; es decir, iban en el mismo auto. Creemos que con esta estrategia se pretendía desprestigiar a la organización de seguridad presidencial; se apuraba el proceso de separación entre las FF. AA. y el gobierno, y se privaba a la Unidad Popular del único oficial que podía liderar a la tropa de la Armada en defensa del gobierno. Además se hacía fracasar la adquisición por parte del Ejército chileno de armamento soviético. El general (r) Nikolai Leonov, ex vicedirector del Comité de Seguridad del Estado de la URSS (KGB), afirma que los barcos con armamento soviético (tanques), que había solicitado el general Prats y que venían en camino, recibieron la orden de virar debido a que en las altas esferas soviéticas “la reacción del Presidente Allende ante el asesinato de su edecán naval produjo una impresión muy negativa: él [Allende] no aprovechó ese momento para movilizar a las masas y salir a la calle”.

El nombre y la fotografía de “Bruno” aparecieron en todos los titulares de la prensa opositora. Así quedaba roto el secreto y la compartimentación del GAP, poniéndose en riesgo la seguridad del Presidente.

Pero, ¿quién era Domingo Blanco Tarrés? Era el jefe del Grupo de Amigos Personales. Descendía de una familia de inmigrantes ítalo-franceses; en 1973 tenía 32 años de edad, estaba casado y tenía una hija. Trabajaba como dependiente en el almacén de un familiar en la zona norte de la capital. Realizó estudios de medicina y allí tomó contacto con el Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (ELN), sección chilena. Antes de ingresar al GAP ya era un reconocido activista del Partido Socialista, tenía una larga experiencia como organizador de los pobladores; “era responsable”. Fue enviado por el Partido Socialista a Cuba, para recibir entrenamiento paramilitar, específicamente en materias de seguridad.

Desde el asesinato del comandante Araya, “Bruno” debió permanecer escondido durante un tiempo, mientras se aclaraba el crimen. Dejó de acompañar a Allende en sus salidas, dedicándose a mejorar las condiciones para la defensa de las residencias presidenciales, ante la inminencia de un nuevo intento de golpe de Estado.

A partir del 29 de junio de 1973, y especialmente desde el asesinato del capitán Araya (26 de julio), las actividades del Grupo de Amigos Personales se desarrollaron en alerta máxima. Salvador Allende les ordenó portar las armas con proyectil en la recámara. Todos los miembros ya visualizan una insubordinación militar. En esa etapa del proceso, en la izquierda existía consenso en que era inminente un golpe militar. Las organizaciones sólo discrepaban sobre las características que tendría; para el MIR se trataría de un golpe blanco que pondría en el gobierno a la Democracia Cristiana (testimonio de Andrés Pascal); Alfredo Joignant, entonces Director General de la Policía de Investigaciones, dice que en respuesta a un informe sobre un posible golpe de Estado que él le hizo llegar al Presidente, éste le respondió: “muy bueno su informe, pero dígales a los detectives que no especulen con un golpe blanco, porque a una izquierda fuerte se le da un golpe fuerte”.

Quizás lo más novedoso de esta etapa fue la petición del general Carlos Prats, Comandante en Jefe del Ejército, para que algunos hombres del GAP le prestaran protección personal. “Nos solicitó el apoyo porque dijo que confiaba en nosotros. Esto fue un halago, porque nos dimos cuenta que […] él veía que la labor que estábamos haciendo era seria, eficiente y leal”. Evidentemente, en agosto de 1973 el Comandante en Jefe ya no podía confiar en sus subordinados. Este quiebre, a nuestro juicio, permite en gran medida el fin del gobierno de Salvador Allende.

Poco antes de la materialización del golpe militar el GAP quedó disminuido; de ninguna manera sobrepasaba los 50 miembros. Al grupo de compañeros que habían desertado después del “tanquetazo” (29 de junio de 1973) se sumaron otras fugas, principalmente hacia Chuquicamata, donde ya estaba “Fernando” con otros ex miembros. Éstos se iban “por los altos salarios que allí les pagaban”. Aunque no poseemos testimonios de las actividades que allí realizaban, no es difícil pensar que tenían relación con materias de seguridad. A su vez, el Partido Socialista sacó del dispositivo e integró a su aparato militar a Wagner Salinas y a Francisco Lara; ambos debían prestar seguridad a los dirigentes del partido: eran los “gapitos”.

Por “gapitos” eran conocidos los militantes del Partido Socialista que estaban a cargo de la seguridad de los principales dirigentes del partido. Por ejemplo, Adonis Sepúlveda contaba con dos de ellos. Dormían en su departamento y portaban armas. Eran de una lealtad a toda prueba.

 

2.6. EL COMBATE EN LA MONEDA

 

A las 7:35 horas de la mañana del 11 de septiembre de 1973, los tres automóviles Fiat azules que transportan al Presidente de la República Salvador Allende y a una parte de la sección Escolta del Grupo de Amigos Personales, llegaron raudos hasta la puerta principal del Palacio de la Moneda en Santiago de Chile. Los choferes dejaron su carga y partieron a estacionar los autos en sus respectivos garajes; preparados para abandonar en cualquier momento el lugar. Allende bajó rodeado por sus hombres, portando un fusil AKA-47, con proyectil en la recámara. Viste una chaqueta de color gris, un jersey gris de cuello subido con figuras romboidales pardas, pantalón gris oscuro y zapatos negros: su tenida de combate. Protegido por su escolta entra a La Moneda y se dirige a su oficina en la segunda planta del inmueble. Inmediatamente ordena que los GAP tomen posiciones de combate en las alas del palacio que dan hacia la Plaza de la Constitución y la calle Morandé; además, exige que “Carlos Álamos” y dos hombres más estén siempre a su lado. Éstos no deben permitir que militares armados entren al despacho presidencial, pues teme una traición. Los GAP obedecen: emplazan dos ametralladoras punto 30. Y permanecen alertas.

La preocupación central de Allende es averiguar si cuenta con fuerzas militares que estén dispuestas a enfrentar a los marinos sublevados en Valparaíso. A esa hora es todo lo que el Presidente sabe.

Alrededor de las ocho de la mañana se acerca al Palacio de Gobierno la comitiva del Grupo de Amigos Personales que proviene de El Cañaveral y Tomás Moro; está compuesta por varios vehículos con alrededor de 14 personas. Al mando de “Bruno”, jefe de la organización, vienen a reunirse con sus compañeros para reforzar la defensa de La Moneda. Traen armas automáticas y parque (balas). Cuando llegan a la esquina de la Intendencia de Santiago, frente al palacio presidencial, “Bruno”, en un acto de imprudente confianza, pensando que los carabineros que montan guardia en el lugar son leales a la Unidad Popular, se acerca para inquirirles sobre la situación. De improviso, varios policías encañonan y reducen al grupo.

El máximo responsable del GAP y los refuerzos que comanda han sido apresados, paradójicamente, sin oponer resistencia. Esta parte del grupo no podrá cumplir el compromiso de reunirse con Allende. Con su detención, un porcentaje importante de la capacidad de combate del dispositivo ha sido anulada.

Enterado el Presidente de la situación, ordena, a quien reconoce como Director General de Carabineros, general José María Sepúlveda Galindo, que acuda a la Intendencia y libere a “Bruno” y a los compañeros presos. Éste realiza las gestiones, pero todos los esfuerzos resultan estériles. Los carabineros de la Intendencia no obedecen a Sepúlveda Galindo, sino a la nueva jefatura del general Mendoza. El factor clave del control de las fuerzas de Carabineros fue, al parecer, la captura que hicieron los golpistas del edificio de la Central de Comunicaciones de Carabineros (CENCO). Desde allí se entregaban por radio todas las instrucciones. La suerte del grupo quedaba sellada.

Poco después llegan para reforzar la defensa de La Moneda un grupo de 7 detectives, que forman parte de la escolta presidencial, van al mando de Juan Seoane, responsable de la escolta presidencial del servicio de Investigaciones.

Cerca de las ocho de la mañana, por cadena voluntaria de emisoras, encabezadas por radios Agricultura y Minería, precedida de marchas militares y de la canción nacional, la Junta Militar emite el Bando N° 1, por el cual deponen a la Unidad Popular. En La Moneda las dudas se disipan. Están en presencia de un golpe institucional de todas las Fuerzas Armadas y Carabineros unidos. La última esperanza que tiene Salvador Allende es averiguar si cuenta con alguna unidad militar que inicie el contragolpe y ponga en marcha la estrategia alternativa de la Unidad Popular. Temprano en La Moneda pensaban que el Regimiento Maipo de Valparaíso era leal al gobierno.

El PS estaba convencido de que en caso de un golpe vendría de inmediato un contragolpe militar. Así lo afirmó Eric Schnake en una reunión de la Unidad Popular el sábado 8 de septiembre en el Palacio de la Moneda. El panorama es desolador, ningún regimiento acude a defender a la UP. El Presidente sabe muy bien que las fuerzas paramilitares del Partido Socialista y del MIR, aunque se hallan acuarteladas y están en condiciones de combatir y cuentan con armamento moderno, sólo pueden desplegar su poder como apoyo a unidades del Ejército, pero de ninguna manera pueden enfrentarse a un levantamiento de todas las Fuerzas Armadas.

Sabemos que el grupo de elite del MIR, llamado Fuerza Central, ese día y los posteriores permaneció acuartelado, sin recibir órdenes para combatir. El escenario alternativo queda definitivamente trizado al no materializarse una división de los institutos militares. En palabras de Adonis Sepúlveda, “el camino del contragolpe falló porque el jefe de la posible defensa estaba dirigiendo a los atacantes. ¡He aquí una parte tragicómica de nuestra derrota!”

El autor de esta investigación ha escuchado decir insistentemente que el general Pinochet era considerado por Allende y sus partidarios más influyentes un leal y resuelto defensor del Presidente, en la línea del general Prats. De hecho, en el levantamiento del 29 de junio participó activamente, junto al general Prats, en el control de esa subversión. Más aún, fuentes que han pedido al autor no ser reveladas, indicarían que el general Pinochet había estado presente e intervenido dando instrucciones y disponiendo incluso la ubicación de grupos civiles armados y leales al Presidente, en los primeros días de septiembre. Esto explicaría no sólo las palabras ya citadas de Adonis Sepúlveda, sino que las expresiones de Allende el día 11 temprano: “¿Qué será del pobre Augusto?” No se pueden comprender las actitudes de los altos mandos del MIR y del Partido Socialista el día 11 de septiembre si no se tiene en cuenta esto.

El error de “Bruno”, por ejemplo, sólo se explica si uno supone que él confiaba en el Ejército y en Carabineros. Es claro que la inteligencia del gobierno no detectó más conspiración que la de la Marina. Si las FF. AA. se dividían, entonces los grupos armados revolucionarios —GAP, socialistas— combatirían junto a las fuerzas leales al Presidente Allende. Si, como había ocurrido en junio, la subversión era sofocada, se podía dar por superado el orden democrático burgués. Se abría entonces la puerta para avanzar en la creación de una institucionalidad revolucionaria.

Pero la batalla se había perdido antes de disparar el primer tiro. Con todo, el Presidente opta por combatir, en realidad ya lo tenía decidido: no entregaría el poder sin luchar; al menos, pensaba, sería un ejemplo para las generaciones futuras. Para intentar la última defensa de la Unidad Popular, formularon un plan que consistía en sacar al Presidente de La Moneda, llevarlo hasta los sótanos del Banco del Estado, hacerse fuerte allí, en espera de que obreros de los cordones industriales, sumados a los aparatos militares del PS y de la izquierda y a una hipotética fuerza militar leal, iniciaran el contragolpe. Para ello, un grupo del GAP se trasladó hasta el edificio del Ministerio de Obras Públicas, y desde sus pisos superiores abrieron fuego sobre los militares que atacaban el palacio. Pero la idea de sacar a Allende fue finalmente rechazada, pues el cerco sobre el centro de Santiago se había estrechado; era muy costoso o en realidad imposible salir de La Moneda y llegar al edificio del Banco del Estado. La decisión final de Allende fue permanecer allí y presentar batalla.

En un instante y cuando ya se había iniciado el intercambio de disparos y fuerzas de infantería y tanques avanzaban hacia La Moneda, Allende ordena a las mujeres que permanecen en el palacio, a los colaboradores que no tienen o no saben usar armas, que abandonen el lugar. Obliga a su hija Tati a marcharse para encontrarse con su esposo “Demid” en la Embajada de Cuba. Le dice que debe sobrevivir para encabezar los combates futuros del pueblo chileno. Al parecer, Allende esperaba que Tati continuara su obra como líder de la izquierda nacional.

Poco antes del bombardeo del Palacio de la Moneda, Elsa Pavez, esposa de “Carlos Álamos”, máximo jefe del GAP presente, logra comunicarse con él. Éste se muestra tranquilo, le pregunta si escucha los disparos y las explosiones que se producen en ese momento; le dice que se vaya a la casa de su mamá y cuide mucho al “muñeco”.

A las 11:55 horas el Palacio de la Moneda es bombardeado por aviones de la Fuerza Aérea de Chile. En el centenario edificio, agazapados, con máscaras de gases y cascos, en improvisados refugios, resisten el Presidente de la República, sus asesores, algunos detectives y 16 hombres del dispositivo de seguridad. El Presidente, protegido por una mesa, dispara contra las fuerzas militares varias ráfagas de su fusil AKA-47, y junto a “Carlos Álamos” tiran un misil RPG-7 contra un tanque.

Poco antes de las 14 horas del martes 11 de septiembre de 1973, Salvador Allende, al enterarse de que las fuerzas militares, comandadas por el general Palacios, han ocupado el primer piso del edificio, ordena a sus hombres que bajen; les dice, engañándolos, que él va al final. Los últimos que descienden por la escalera escuchan dos disparos y luego un grito de “Kique”, intendente de Palacio: “¡Allende ha muerto! ¡Viva Chile!” Éste toma el fusil en actitud de continuar la lucha. Ricardo Pincheira se lo arrebata, pues es un sacrificio inútil.

El grupo que abandona La Moneda con las manos en la cabeza, es obligado a formarse alineado, de pie, mirando el edificio por calle Morandé. Allí están “Carlos Álamos”, “Aníbal” y “Kique” con los 16 compañeros del dispositivo que defendieron la revolución chilena y al Presidente Salvador Allende hasta su muerte. Los GAP tienen dos heridos, que son trasladados a la Posta Central: han cumplido la misión. Además de los GAP, abandonan La Moneda los detectives de la escolta, asesores del Presidente y un grupo de médicos de la Presidencia de La República; también Miria Contreras, la única mujer que desobedeció las órdenes de Allende y permaneció en el lugar. Desde el edificio del Ministerio de Obras Públicas, los seis miembros del dispositivo que permanecen atrincherados continúan disparando sobre los militares, quienes responden. La frecuencia de los impactos va disminuyendo paulatinamente. Cuando los ecos de los disparos se apagan definitivamente, ha concluido la batalla de La Moneda. Allí un grupo de 40 hombres combatió varias horas contra fuerzas militares superiores. Ha caído la Unidad Popular y se ha esfumado, para siempre, la revolución chilena.

 

2.7. EL DÍA DESPUÉS

 

Así, los 16 miembros del Grupo de Amigos Personales, al mando de “Carlos Álamos”, “Aníbal” y “Kique”, permanecieron largas horas tirados en el suelo. Luego fueron llevados hasta el cuartel del Regimiento Tacna, donde los alojaron en las caballerizas del recinto. Ahí los mantuvieron atados de pies y manos, y fueron salvajemente golpeados y torturados. Desde allí se pierde su rastro. Es posible que fueran sacados el 13 de septiembre y trasladados hasta el recinto militar de Peldehue, donde habrían sido fusilados. Sin embargo, “Carlos Álamos”, igual que otros miembros del dispositivo, apareció inhumado en el Patio 29 del Cementerio General.

El destino del grupo aún hoy es confuso. Por ejemplo, en octubre de 1973, detectives del Servicio de Investigaciones llegaron hasta el hogar de Elsa Pavez y su familia buscando a “Carlos Álamos”. Durante largo tiempo mantuvieron un punto fijo cerca de la residencia esperando que regresara. Los detectives tampoco sabían lo que había pasado con él y pensaban que aún estaba vivo y que era sumamente peligroso.

Del grupo encabezado por “Bruno” (jefe del Grupo de Amigos Personales, detenido en la esquina de la Intendencia), compuesto por más o menos catorce GAP, tres de ellos fueron ejecutados y sus cadáveres lanzados al río Mapocho. Según la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, “Bruno” habría sido trasladado al Centro de Detención Preventiva de Santiago por agentes del Estado, de allí fue sacado y permanece desaparecido. Otra versión es que fue fusilado en la Intendencia; lo único cierto, es que en ese lugar se pierden sus huellas. Sobre el resto del grupo apresado con él, nada se sabe.

Los seis GAP que combatieron durante el día, disparando desde el edificio del Ministerio de Obras Públicas, lograron escapar del cerco militar, mimetizándose con los empleados que abandonaban el lugar. Los soldados les pidieron las identidades, pero los dejaron salir.

Del enfrentamiento en la residencia presidencial en calle Tomás Moro, el entonces comisario político del GAP, “Luisito” (Félix Vargas Fernández), salió herido por una esquirla de mortero; logró sobrevivir algún tiempo en casas de amigos. Fue detenido por la DINA y llevado a Tejas Verdes, desde allí, en 1974, se perdió su rastro.

Dos ex miembros del grupo que estaban en Talca visitando a sus familiares, cuando se enteraron de los hechos, cumpliendo las instrucciones, trataron de llegar a la capital. Fueron detenidos por carabineros en la ciudad de Curicó, allí los fusilaron en los días posteriores; se trataba de Wagner Salinas Muñoz y Francisco Lara Ruiz. Otros que ya no formaban parte del GAP, como el ex paracaidista Mario Melo, asesor del Presidente, fue detenido por militares y permanece desaparecido.

Los GAP apresados fueron tratados con violencia y crueldad. El comportamiento de militares y carabineros se puede explicar —aunque en ningún caso justificar—, principalmente porque los soldados en todo momento esperaban una fuerte resistencia del gobierno. En la defensa se unirían civiles y militares de la Unidad Popular. Un sólo elemento lo denota: las tropas sublevadas adhirieron a su uniforme de batalla un pañuelo anaranjado en el cuello, cuyo objetivo era diferenciarlos nítidamente de los otros militares, que tenían el mismo uniforme, pero apoyaban a la Unidad Popular. Fue el temor de una resistencia feroz, casa a casa y barrio por barrio como se había anunciado en repetidas oportunidades, lo que detonó en los militares vencedores la violencia conocida.

 

 

ALGUNOS MIEMBROS DEL GAP

 

Antonio Aguirre Vásquez. Militante del Partido Socialista. En el combate de La Moneda fue herido, trasladado a la Posta Central, de allí fue sacado y permanece desaparecido.

Fernando Amaya. Ex comando, detenido y desaparecido.

Francisco Argandoña (“Mariano”). Jefe del Grupo de Avance. Sobrevivió.

Óscar Avilés Jofre. Combatió en La Moneda. Sus restos fueron ubicados en el Patio 29 del Cementerio General.

Luis Barraza Rhul. Suboficial del Ejército en retiro. Detenido desaparecido desde octubre de 1973.

Domingo Blanco Tarres (“Bruno”). Militante del Partido Socialista. Jefe del dispositivo. Detenido en la esquina de la Intendencia, permanece desaparecido.

Fidel Bravo Álvarez . Detenido desaparecido.

José Carreño Calderón. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Fue ejecutado el 19 de septiembre de 1973. Su cadáver fue sepultado clandestinamente en el Patio 29 del Cementerio General.

Manuel Castro Zamorano. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Manuel Céspedes Rivera (“Osvaldo”). Pertenecía a la guarnición. Combatió en Tomás Moro. Sobrevivió.

Julio Chacón Hormazabal . Fue detenido y permanece desaparecido.

Ezequiel Contreras Carrasco. Muerto en octubre de 1973.

Carlos Cortés (“El Patán” ). Chofer. Militante del Partido Socialista. Combatió desde el Ministerio de Obras Públicas. Sobrevivió.

Carlos Cruz Zavala. Militante del Partido Socialista. Detenido en la Intendencia junto a “Bruno”. Su cuerpo fue encontrado en el río Mapocho, en septiembre de 1973.

Óscar Delgado Marín . Militante del Partido Socialista. Ejecutado en septiembre de 1973.

Miguel Fuentes. Sobrevivió.

José Freire Medina. Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Luis Gamboa Pizarro. Militante del Partido Socialista. Desapareció desde El Cañaveral. Fue ejecutado el 19 de septiembre e inhumado clandestinamente en el Patio 29 del Cementerio General.

Néstor Gallardo Agüero. “Bolche”, Militante del MIR. Detenido desaparecido

Juan Garcés Portigliati. Militante del Partido Socialista. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Permanece desaparecido.

Isidro García (“Roberto”). Chofer. Combatió desde el Ministerio de Obras Públicas. Militante del Partido Socialista. Sobrevivió.

Hugo García. Militante del Partido Socialista. Sobrevivió, reside fuera del país.

Francisco Gómez (“Fernando”). Primer jefe del dispositivo. Sobrevivió, reside fuera del país.

Daniel Gutiérrez Ayala. Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Leonardo Henríquez (“Ignacio”). Pertenecía al Grupo de Avance. Sobrevivió.

Enrique Huerta (“Kique”). Primer GAP, intendente de Palacio. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Gonzalo Jorquera Leyton (“Ramón”). Militante del Partido Socialista. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Su cuerpo fue encontrado en el río Mapocho, en septiembre de 1973.

Óscar Lagos Ríos . Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Francisco Lara Ruiz. Militante del Partido Socialista. Muerto en la ciudad de Curicó, en septiembre de 1973.

Ricardo Loyola (“Daniel”). Sobrevivió.

Max Marambio (“Ariel Fontana”). El jefe de la primera etapa. Sobrevivió. Mario Melo Pradenas. Ex paracaidista, instructor del GAP. Detenido desaparecido desde octubre de 1973.

Edmundo Montero Salazar. Detenido junto a “Bruno” en la Intendencia. Permanece desaparecido.

Julio Moreno Pulgar. Militante del Partido Socialista. Telefonista y ordenanza de La Moneda. Combatió allí el 11 de septiembre. Permanece desaparecido.

Juan José Montiglio Murúa (”Aníbal”). Militante del Partido Socialista. Uno de los jefes. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Jorge Ojeda Jara. Militante del Partido Socialista. Fue detenido y llevado a Tejas Verdes, desde allí desapareció.

Manuel Ojeda Disselkoen. Muerto en la industria INDUMET, en septiembre de 1973.

Juan Agustín Orellana (“Patricio”). Operativo y escolta. Sobrevivió.

Javier Pacheco Monsalve (“Pato”). Muerto en octubre de 1973.

Sergio Pérez. Detenido y muerto en 1974.

William Ramírez Barría. Combatió en La Moneda. Detenido y permanece desaparecido.

Osvaldo Ramos Rivera. Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Fue herido y trasladado a la Posta Central, desde allí desapareció.

Enrique Ramos Rivera (“Manuel”). Edecán civil del Presidente. Sobrevivió.

Luis Rodríguez Riquelme (“Mauricio”). Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Su cadáver fue encontrado en el Patio 29 del Cementerio General.

Rafael Ruiz M. (“El Rafa”). Fue comisionado por la jefatura para llevar armas desde Tomás Moro a la industria INDUMET. Sobrevivió.

Wagner Salinas Muñoz . Ex boxeador. Militante del Partido Socialista. Muerto en la ciudad de Curicó en septiembre de 1973.

Marcelo Schilling (“Gastón” ). Militante del Partido Socialista. Comisario político. Sobrevivió.

Jaime Sotelo Ojeda (“Carlos Álamos” ). Militante del Partido Socialista. Jefe de la Escolta. Comandante de la batalla de La Moneda. Su cuerpo fue encontrado en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago.

Humberto Sotomayor. Fue enviado por esa organización para superar los inconvenientes del GAP. Sobrevivió.

Julio Tapia Martínez. Combatió en La Moneda. Militante del Partido Socialista. Permanece desaparecido.

Héctor Urrutia Molina. Combatió en La Moneda. Sus restos fueron ubicados en el Patio 29 del Cementerio General.

Óscar Valladares Caroca . Militante del Partido Socialista. Combatió en La Moneda. Permanece desaparecido.

Félix Vargas Fernández (“Luisito”). Último comisario político del dispositivo. Militante del Partido Socialista. Fue herido en Tomás Moro. Tiempo después fue detenido y llevado a Tejas Verdes. Permanece desaparecido.

Juan Vilches Yañez . Fue detenido. Permanece desaparecido.

Joaquín Walker Arangua. Fue detenido en septiembre de 1973. Permanece desaparecido.

Pablo Zepeda. Combatió en La Moneda. Sobrevivió.


 

 III. REFERENCIAS

 

 PUBLICACIONES

 

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Carvallo, Mauricio. “El Regreso de los GAP: La Vida por Salvador Allende”. El Mercurio, Domingo 12 de septiembre de 1999. Cuerpo D, pp. 1-10.

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Villegas, Harry. Pombo: Un Hombre de la Guerrilla del Che. La Habana: Editora Política, segunda edición, 1997.

Zamorano, Osvaldo. Entrevista a Pablo Zepeda, ex GAP, para su programa “Cuarto Poder”, de Radio Nuevo Mundo, edición del viernes 19 de mayo del 2000.


 

 ENTREVISTAS Y CONVERSACIONES

 

Alarcón, Fernando. Miembro de la Fuerza Central. (Nueva York, mayo de 1999.)

Alarcón Ramírez, Dariel (“Benigno”). Electricista, ex coronel del

Ministerio del Interior de la República de Cuba. Participó en la guerrilla del Che Guevara en Bolivia. (París, enero del 2000.)

Arrieta, Adolfo. militante del Partido Socialista. Durante la Unidad Popular se desempeñó como detective de la policía política del servicio de Investigaciones de Chile. (Santiago, diciembre de 1998.)

Ayala, Luis. Ex marinero de la Armada de Chile. (Liege, Bélgica, noviembre de 1999.)

Ayress, Nieves. Militante socialista, elena. Participó en la guerrilla de Teoponte en Bolivia. Fue detenida por la DINA y llevada a Tejas Verdes. (Nueva York, mayo de 1999.)

Blanco, María Soledad. Hija de “Bruno” (Domingo Blanco Tarrés). (Santiago, junio del 2000.)

Burgos, Elizabeth. Académica venezolana, experta en el tema de las guerrillas latinoamericanas. Múltiples conversaciones. (París, enero-febrero del 2000.)

Castillo, Guillermo. Ex marinero de la Armada de Chile. (Liege, Bélgica, noviembre de 1999.)

Catalán Pardo, Luisa. Esposa del GAP “Pato” (Javier Pacheco Monsalve). (Santiago, junio del 2000.)

Claros, Rodolfo. Ex marinero de la Armada de Chile. (Liege, Bélgica, noviembre de 1999.) “Juan Fernández”. Ex miembro del aparato de informaciones (contrainteligencia) del Partido Socialista en Valparaíso. (Valparaíso, marzo de 1999.)

García, Isidro. Ex GAP, chofer, militante del Partido Socialista. Participó en el combate de La Moneda, disparando desde el edificio del Ministerio de Obras Públicas.

Huerta, Félix. Doctor en medicina, militante del Partido Socialista y miembro del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (sección chilena). (Santiago de Chile, septiembre de 1995.)

Joignant, Alfredo. Militante socialista, ex Director General de la Policía de Investigaciones de Chile. (Santiago, agosto de 1998.)

Maginti, Jorge. Doctor en medicina, ex miembro de la Comisión Política del Partido Socialista. (París, noviembre de 1999.)

“Raúl Marcos”. Miembro del aparato militar del Partido Socialista. (Santiago, mayo de 1994.)

Pascal Allende, Andrés. Sociólogo, ex secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). (La Habana, Cuba, julio de 1999.)

Pavez, Elsa. Esposa de “Carlos Álamos” militante del Partido Socialista (Jaime Sotelo Ojeda). (Santiago, junio de 2000.)

Ramos, Enrique. Ex GAP, militante del Partido Socialista. Formó parte de la escolta, fue edecán civil de Salvador Allende. (Santiago, junio de 2000.)

Sepúlveda, Adonis. Senador, subsecretario General del Partido Socialista. (Santiago, invierno de 1994).

Soto, Óscar. Doctor en medicina, ex militante del Partido Socialista y miembro del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia (sección chilena), médico personal de Salvador Allende. (Segovia, España, octubre de 1999.)

Toro, Víctor. Poblador. Miembro del Comité Central del MIR. (Nueva York, mayo de 1999.) Toro, Carlos. Ingeniero, militante del Partido Comunista, ex subdirector de la Policía de Investigaciones. (Santiago, abril de 1999.)

Vargas, Bernardo. Ex dirigente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, militante socialista, hermano de “Luisito”. (Santiago, junio del 2000.)

“El Viejo Alberto”, “Félix” (nombre de batalla; desconocemos su verdadero nombre). Ex militante del Partido Socialista. (La Habana, agosto de 1999.)

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Este artículo describe la formación y desarrollo de la primera institución estrictamente revolucionaria del presidente socialista Salvador Allende: su dispositivo de seguridad, denominado Grupo de Amigos Personales (GAP), desde su origen (1970) hasta el combate de La Moneda. A través de estas páginas se pueden apreciar las diferentes fases de la organización, la diversidad de sus funciones y las íntimas relaciones entre, por un lado, los partidos y movimientos de la izquierda chilena y, por otro, Cuba.

 

* Cristián Pérez, Candidato a magister en historia, Universidad de Santiago de Chile


viernes, 28 de junio de 2019

El GAP de Salvador Allende



¿Quiénes fueron? ¿Cómo actuaban? ¿Qué pasó con ellos?

Fue el propio Presidente de la República quien –sin quererlo- bautizó con la sigla de GAP a ese equipo de hombres que se convirtió casi en una leyenda. Desde mediados de su campaña electoral, que lo llevó a ocupar la primera magistratura de la nación el 4 de Septiembre de 1970, el GAP acompaño y tuvo como principal y única tarea durante los mil días de su gobierno el velar por su vida.
El dispositivo de seguridad presidencial –por el que pasaron unos 120 hombres, todos jóvenes militantes en su mayoría del Partido Socialista y algunos del MIR- fue tema recurrente de la prensa opositora a Allende y sirvió para llenar páginas, grandes titulares o acusadoras fotos de la vida ”delictual” a diarios y revistas. Después del golpe militar, la revista ”Vea” publicó un reportaje sobre la historia de delitos del GAP, el que acompañó con numerosas fotografías que intentaban demostrar la veracidad de las acusaciones. La prensa internacional en esos días recibía y recogía radiofotos enviadas por sus corresponsales en Chile de lo que había sido el combate en La Moneda. En la mayoría de ellas, junto a Allende aparecían estos hombres civiles y jóvenes que cumplieron con su mission hasta el ultimo minuto: defender la vida del “compañero Allende”.
(marzo de 1971)
Analisis recogió el testimonio de uno de los sobrevivientes del GAP, para intentar responder a muchas interrogantes sobre quiénes eran estos hombres que fueron caratulados en la época y despúes del golpe militar como ”grupo armado extremista”, por lo cual algunos de ellos fueron fusilados sumariamente a partir del mismo 11 de Septiembre.
”A diferencia de lo que son hoy día los servicios de seguridad, cuyo objetivo es la destrucción, nuestra misión era la de protección de un hombre que encarnaba las esperanzas de un pueblo y que era el único que garantizaba que ese proceso iniciado el 4 de septiembre siguiera adelante. Nuestro único délito fue dejar de pensar en nosotros como individuos, y estar dispuestos a dar la vida por Allende”, dijo Eugenio Cáceres, ”chapa” utilizada por el ex integrante del GAP.
En su libro “Un cuarto de siglo con Allende”, Osvaldo Puccio, su ex secretario privado reseña lo que fue el nacimiento del GAP, cuando aún estaba en pleno apogeo la campaña electoral y la Izquierda veía con preocupación la actitud asumida especialmente por la Derecha, que temía un triunfo del candidato de la UP. En una de las concentraciones, la masa quiso acercarse al candidato, el que se vió en serios apuros para continuar hacia el escenario ubicado en la Avenida Bulnes. Puccio, Eduardo “Coco” Paredes y Rodolfo Ortega, amigos de Allende, asustados porque la multitud en su favor podia aplastar al futuro Presidente, discutieron y decidieron en ese momento que era necesario pensar en un equipo de protección, con gente de absoluta confianza, pero que tuviera preparación. “Encontramos al compañero Fernando Gómez, militante del Partido Socialista, quien empezó a acompañar al doctor a pesar de que a éste no le gustó”, cuenta Puccio.
También se dieron cuenta de que era necesario vigilar los autos que se utilizaban cuando estos permanecían estacionados, pues se corría el riesgo de que sufrieran sabotajes. Los vehículos eran todos de los propios amigos de Allende que los facilitaban para la campaña y que el triunfo era más evidente, Puccio, Paredes y Ortega tomaron conciencia de que “para cuidar el Chicho” se requería de más hombres, ya que a esas Alturas, Gómez trabajaba en permanente tensión unas 18 horas.
“Me informé, cuenta Puccio, que había un hombre que era miembro de las fuerzas especiales del Éjercito que había sido dado de baja. Conversando con este joven me di cuenta que tenia una sólida preparación política y una extraordinaria preparación militar”. Se trataba del ex oficial Mario Melo, militante del MIR, quien comenzó a trabajar desde ese momento como escolta de Allende.
A esta “tropa” de dos personas, más los “amigos del doctor” se sumó Enrique Huerta, también socialista, y cinco hombres más que puso el MIR a disposición de Allende el mismo 4 de septiembre, después de una conversación telefónica entre Miguel Enriquez, secretario general de esa organización, y el propio Puccio, Enriquez estimaba que la vida de Allende corría peligro, pues suponía que la Derecha evitaría su triunfo y se hacía prioritario defender su vida.
Max Joel Marambio (“Ariel Fontanarosa”), Mario Superby, Humberto Sotomayor, Sergio Peréz Molina, Arnoldo Ríos, todos miembros del MIR, llegaron a la casa de Allende ubicada en Guardia Vieja a las 10 de la mañana. “Pero solo pudieron entrar en funciones a las tres de la tarde. No tenían ropa apropiada, eran hombres que habían trabajado semiocultos en las poblaciones (…). El día de la elección, Allende no podía aparecer con personas desarrapadas”, cuenta Puccio. En medio del nerviosismo de ese día, hubo también que preocuparse de comprarles ropa.
“Pero el GAP como tal nació como consecuencia del atentado a Schneider. Este hecho mostró cuáles eran las intenciones de la Derecha y la necesidad real de que la tarea de proteger al Chicho pasaba a ser prioritaria para quienes queríamos que continuara el proceso. El primer acto público donde el Chicho apareció como Presidente electo, el funeral de Schneider, fue la primera tarea importante del GAP en tanto tal. En ese momento el jefe del dispositivo ya era Max Marambio y se comenzaba a trabajar en lo que debía ser su organización”, cuenta Cáceres.
 
 
LA CASA DE TOMÁS MORO
 
Antes del 4 de septiembre, el Partido Socialista puso a disposición del dispositivo de seguridad a un importante número de sus militantes. Los requisitos para la selección de ellos eran la confianza política y la preparación que éstos tuvieran en autodefensa y su disposición de dar la vida por Allende.
Allí se incorporaron al GAP Domingo Bartolomé Blanco Tarrés “Bruno”, (quien a partir del año 72 asumió la jefatura cuando el MIR retiró a su gente) y Jaime Sotelo Barrera, “Carlos Alamos”, junto a otros militantes provenientes de la Seccional Pudahuel del Partido Socialista.
A partir del 4 de noviembre, el GAP comenzó a organizarse internamente, de acuerdo a las diferentes tareas que se debían asumir. Sus integrantes, en su mayoría jóvenes estudiantes universitarios y pobladores aceptaron vivir desde ese momento una disciplina rígida que significó muchas veces guardias de 48 horas, dejar en Segundo plano su vida privada (muchos eran casados y con hijos) y estar alertas las 24 horas del día en su misión central: proteger la vida del Presidente.
El GAP tuvo diversos equipos de trabajo con tareas “compartimentadas”, cuenta Cáceres. Un grupo era la escolta presidencial y su misión era rodear con anillos de protección a Allende en cada una de sus salidas. Otro grupo, a cargo de “Bruno” (en un primer momento), era el que se encargaba de planificar las salidas del Presidente, el camino que recorrería y los autos en que viajarían. Existía un tercer equipo que era de seguridad y estaba a cargo de Juan José Montiglio, “Anibal”. Era uno de los más numerosos y estaba a cargo del resguardo de las casas oficiales, sitios y lugares que frecuentara el Presidente. También había otro equipo de servicios, que se encargaba del abastecimiento del GAP; y finalmente uno de Informaciones, que estaba a cargo del jefe del GAP por su importancia y que tenía como finalidad recolectar antecedentes sobre supuestos atentados contra Allende. Estaban además, en permanente contacto con Carabineros e Investigaciones.
“La gente que permanecía de guardia vivía en Tomás Moro. Cuando uno estaba” -franco- debía estar igual comunicado con sus respectivos jefes. Y esto se hacía con una llamada telefónica. También debíamos estar atentos a la radio por si ocurría cualquier hecho que requeriera de nuestra presencia allá. No teníamos ni busca-personas, ni walkie-talkie, ni tampoco había una radio en Tomás Moro. Todos esos implementos sofisticados, a lo “James Bond”, sobre todo para esa época, eran caros, de fabricación norteamericana y no había presupuesto para eso”, cuanta Cáceres.
Los miembros del GAP recibían una asignación para sus gastos, pero su alimentación y vestuario corrían por cuenta del ítem de gastos de representación de la Presidencia. “Esto no era mucho, y Allende nunca pudo obtener que el Congreso aprobara un Proyecto de ley a través del cual legislar su dispositivo, lo que hubiera permitido tener un presupuesto. Todos los compañeros que trabajaban en el GAP eran miembros de sus partidos y cumplían una actividad profesional. No tenían una vida lujosa ni la pasaban en farras, ni tampoco eran de “segunda clase” para el Chicho, como dijo entonces y después. Era una tarea partidaria que cumpliamos con gusto y conscientes de su importancia”, acota Cáceres.
Quienes permanecían de turno, vivían en una edificación especial en Tomás Moro. El resto lo hacía en sus casas. Todos utilizaban internamente una “chapa”, pero en su vida “civil” tenían su documentación en regla. Ninguno era ilegal.
 
 
LOS FIAT 125
 
Una de las cosas que más llamaba la atención del transeúnte en aquella época, era el despliegue y las verdaderas piruetas automovilísticas que realizaban los GAP en los diferentes trayectos que hacía Allende hacia o desde La Moneda. Los vehículos utilizados por él y su escolta eran de una marca común, FIAT, pero el modelo se puso de moda justamente en esos años: los 125. Generalmente bajaban por Costanera a gran velocidad y cambiándose de lugar en la caravana. Todo esto, sin disminuir su carrera y sin darse topones entre ellos. “El Objetivo era evitar que se supiera en cuál auto iba el Presidente, estar alertas a cualquier señal de peligro y llegar al final del trayecto con él sano y salvo”, dice Cáceres.
Los vehículos tenían los motores arreglados, pero no contaban con radio. Antes de partir, cada chofer debía tener bien memorizada la planificación del trayecto, saberse cuáles eran las señales de alarma y, por supuesto, tener los nervios de un buen chofer. “Toda la gente que entraba al GAP pasaba por un entrenamiento como chofer, que hacían los que ya sabían el asunto, en las Vizcachas”. Después de unos 60 días se seleccionaban los mejores, lo demás lo iba haciendo la experiencia. Aunque resulte repetitivo, cada uno en su puesto tenia plena conciencia de que cualquier error podia comprometer la vida de Allende”, recuerda el ex GAP. En cada auto iban tres o cuatro personas. Y Allende viajaba en uno de ellos, generalmente leyendo el diario o bromeando con el encargado de la escolta “Carlos Alamos”.
 
 
EL COMPAÑERO PRESIDENTE
 
“Cuando uno lo conocía y se relacionaba con él era como estar con un amigo. Siempre estaba preocupado por nuestra situación personal, tenia además muy buena memoria, entonces si se encontraba con uno le preguntaba por su vida. Para la Pascua del 70 nos regaló a todos por parejo una máquina de afeitar Phillips Shave. Además, siempre estaba en onda de broma o de echar tallas. Pero también era estricto si alguno rompía la disciplina del GAP o cometía algún error que atentara contra la vida interna. Allí, sencillamente, pedía al partido al que pertenecía el compañero, que lo sancionara”, dice Eugenio Cáceres.
El ex GAP evalúa que la actitud asumida por Allende el 11 de septiembre es el más claro exponente de lo que fue su personalidad. “Fue un jefe que dirigió al lado de sus hombres el combate. No un general que manda desde lejos. Y eso fue un factor determinante para todos ese día reforzaran el compromiso con el que habían entrado a este trabajo que nunca fue regalado, sino lleno de tensiones y malos ratos”.
No solo no era tarea fácil por los posibles peligros que podían enfrentar, sino también por la inmensa vitalidad de Allende, el que dormía tres a cuatro horas y el resto las trabajaba. “Había veces que veníamos de alguna gira y la gente lo reconocía por el camino, y él ordenaba que nos detuviéramos y se ponía a conversar con las personas, como si estuviera recién levantado”.
Una de las personas del GAP que tenía estrecho contacto con él era el jefe de su escolta. Y Jaime Sotelo reproducía hacia el resto de sus compañeros de trabajo la relación que Allende establecía con él. “Pienso que era uno de los mejores, más humanos y más comprensivos, sin perder las características de un jefe. Él aprendía mucho y trataba de ser a su vez un profesor. Estuvo con el Chicho hasta el final, siempre a su lado”, señala el ex GAP.
 
 
LOS ARSENALES DEL GAP
 
Desde sus comienzos, el dispositivo de seguridad presidencial fue blanco de multiples acusaciones. La principal que se trataba de un “grupo ilegal y armado”. Cada GAP tenia permiso para portar armas, la que estaba debidamente inscrita en la Intendencia. Después de que fue promulgada la Ley de Control de Armas, Allende se encargó de enviar a Investigaciones la nómina del GAP y las armas que éstos tenían.
“Todo ese arsenal del que se habló y que fue mostrado profusamente a partir del mismo 11, tanto en La Moneda como Tomás Moro, fue un buen montaje. Nadie dijo nunca que allí estaban, por ejemplo, las armas que tenía la guardia de palacio en La Moneda, y que fue la que se utilizó en la defensa de éste. También el GAP contaba con seis AKAS que fueron dejados por Fidel después de su gira. Fue el armamento que utilizó su escolta. Pero armamento pesado no se tenía, ni menos en esa cantidad que se mostró”, dice Cáceres.
Según su versión, el GAP no tuvo nunca que hacer uso de su pistola de servicio, menos contra la masa en concentraciones. Solo utilizó su armamento el 11 de septiembre para defender La Moneda, Tomás Moro y conducir un conato de Resistencia en la población La Legua.
El 26 de julio de 1973, el GAP sufrió una seria embestida de parte de sus detractores. Su jefe, Domingo Blanco “Bruno”, fue acusado de ser el autor del atentado que costó la vida al edecán naval, capitán Arturo Araya Peters. El alto oficial, quien regresaba a su casa después de haber acompañado al Presidente a la recepción oficial del Día Nacional de Cuba, fue asesinado por un commando armado. La prensa opositora a Allende dio crédito a una version surgida de una confesión de un poblador de apellido Riquelme, quien acusó al jefe del GAP de estar vinculado al hecho.
“El equipo de informaciones del GAP, con el apoyo de los partidos, comenzó a recoger antecedentes y se detectó que los verdaderos autores formaban parte de un comando de Patria y Libertad. Esta información se entregó a Investigaciones y, por supuesto, al Presidente, quien hizo llegar la nómina de sospechosos a la fiscalía naval que sustanciaba el proceso. Pero nunca se citó a ninguno. Sólo se hizo declarar a Blanco, que tenia elementos suficientes para demostrar dónde estaba a la hora del atentado. Pero se le siguió acusando, en una campaña que lo pretendía era buscar la excusa para acusar constitucionalmente al Presidente. Ya habíamos pasado el tancazo y los días estaban llenos de malos presagios”, recuerda el ex GAP.
La información recogida por la guardia de Allende no estaba alejada de la realidad y quedó demostrado cuando días después del golpe se “entregaron voluntariamente a la justicia” los verdaderos autores, entre los que se encontraba Guillermo Clavería, Mario Rojas Zegers, Adolfo Palma Ramírez y Guillermo Adolfo Schilling, miembros de Patria y Libertad.
Los culpables confesos permanecieron detenidos por más de un año y después fueron favorecidos con un indulto presidencial, lo que fue brevemente reseñado por la prensa de la época, que nunca desmintió la versión respecto a la culpabilidad de Blanco.
 
 
EL COMBATE EN LA MONEDA
 
El 11 de septiembre de 1973, a las siete y media de la mañana, Allende y su escolta salieron desde Tomás Moro a La Moneda. Fue la última vez que los FIAT 125 hicieron como todos esos mil días su veloz recorrido. Con Allende viajaban Jaime Sotelo, Julio Tapia Martinez, Oscar Enrique Balladares Carocca, Juan José Montiglio, Segundo Ramos González, Enrique Balladares Quiroz, Eduardo Ojeda, Wagner Erick Salinas Muñoz, José Freire Median, el doctor Ricardo Pincheira, Antonio Aguirre Vásquez, Carlos Arenas Nilo, César Vargas Morales, Luis Araya Araya, Alejandro Moraga, Manuel Mercado, Oscar Reinaldo Lagos Ríos, Oscar Ramírez Barría y Jorge Osvaldo Orrego González. Todos entraron a La Moneda sin dificultades. La guardia de palacio seguía siendo fiel al Presidente. En La Moneda se integraron al grupo se seguridad siete detectives, más los amigos y funcionarios de Gobierno que llegaron al lugar una vez conocida la noticia de la sublevación militar.
Los integrantes del GAP tomaron sus puestos. Desde siempre se había previsto que un hecho así podia suceder. Especialmente en últimos meses. La defensa de La Moneda estaba planificada, y la decisión del GAP tomada. Todos permanecían allí junto a su máximo jefe, Salvador Allende.
Las tareas de control de quienes llegaban, de disposición y ubicación para enfrentar el anunciado bombardeo, se hicieron sin necesidad de reuniones ni órdenes o contraórdenes, Jaime Sotelo y Manuel Mercado estuvieron permanentemente al lado de Allende. En ningún momento hubo deserciones o síntomas de que alguno quisiera abandonar su puesto. La Moneda fue bombardeada y a pesar del humo y del incendio se continuó defendiendo. En una de la ventanas de Morandé y Moneda, un joven de 20 años disparaba una ametralladora punto 30. El arma formaba parte del arsenal de la casa militar para la defensa del palacio. Antonio Aguirre Vásquez disparó hasta que no pudo seguir. Recibió ocho balazos y fue trasladado herido a la Posta, desde allí su rastro se perdió para siempre. Su imagen recorrió el mundo a través de una foto que lo mostraba con un mechón de pelo rubio sobre la frente, cumpliendo el rol que se había asignado desde que entró al GAP.
Con Allende murieron Manuel Mercado y Alejandro Morales. Sus cuerpos no fueron entregados. El resto del GAP permaneció con vida y fueron detenidos por los militares que entraron detrás del general Palacios. Junto a ellos fueron aprehendidos también los siete detectives que formaban parte de la guardia. De ello dio testimonio en México Juan Angel Scoane, inspector de Investigaciones que se desempeñaba en la Presidencia. El ex funcionario policial contó que fueron conducidos desde La Moneda con las manos en alto y divididos en grupos, los que posteriormente fueron reunidos en el regimiento Tacna. Fueron identificados por el personal civil y militar, y posteriormente fueron conducidos a las caballerizas. “Durante todo lo que quedaba del 11 y la noche nos estuvieron preparando para fusilarnos. Nos acusaban de ser comunistas y nos decían que íbamos a morir, pues los habíamos querido matar a ellos”, dice en testimonio publicado en México en 1977. Agrega que muchos fueron golpeados duramente hasta dejarlos casi muertos. Posteriormente, fueron sacados todos, salvo Scoane, en un camión, el día 13. El camión volvió solo con los conscriptos que los cuidaban. “Uno de ellos se atrevió a hablarme y me dijo: De buena se salvo usted. Me contó que todos habían sido fusilados en Peldehue”, señala el testimonio.
Domingo Blanco, el jefe del GAP, no alcanzó a llegar a La Moneda. Él no bajo con Allende, quedándose dos horas más en Tomás Moro para verificar el resto de las tareas y planificar la defensa. A las nueve y media se dirigió hasta Morandé con 12 personas en un auto y una camioneta. Al llegar, estacionaron los vehículos en el garaje presidencial. En ese momento venía llegando un grupo de carabineros que acababa de pasarse al bando golpista. Al reconocer a Blanco procedieron a detenerlo de inmediato y conducirlo junto al resto a los sótanos de la Intendencia. Desde allí “Bruno” escuchó el bombardeo y el tiroteo contra La Moneda. Una vez finalizado todo, se les conminó a salir con las manos en alto y fueron conducidos a la cárcel. El día 14 se reencontró con sus compañeros. Iban en el camión que venía desde el Tacna, golpeados y amarrados con alambres. Blanco fue fusilado ese mismo día. Los miembros del GAP cumplieron con la promesa que se hacía al entrar, dar su vida por el compañero Presidente, en un compromiso asumido con todas sus consecuencias.
* María Eugenia Camus, Revista Analisis 1987

miércoles, 29 de mayo de 2019

La desconocida Carta de Carlos Altamirano a Bachelet en apoyo a los saharauis

A pesar que Carlos Altamirano Orrego, ex Secretario General del PS en tiempos del gobierno de Salvador Allende luego de su retorno del exilio a Chile, se retiró por completo de la política activa, siempre siguió de cerca las luchas de los pueblos contra el colonialismo y los sucesos internacionales.
En julio del 2009, recibió en Santiago de Chile, al canciller de la República saharaui Salem Ould Salek, Responsable de Relaciones Internacionales del Frente Polisario. 

Luego del encuentro con el alto representante saharaui, Altamirano decidió salirse de su autoimpuesto silencio político y tomó la decisión de enviarle una carta a la entonces Presidenta Michelle Bachelet para solicitarle el «reconocimiento por parte del Estado chileno de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), y el consiguiente establecimiento de relaciones diplomáticas.»

Su solicitud a la Presidenta de Chile la basaba en un «acto de coherencia con el derecho a la autodeterminación de los pueblos y a la lucha por la descolonización establecida por la Carta Magna que constituye las Naciones Unidas».

La carta dirigida a Bachelet entregada en el Palacio de la Moneda el 4 de agosto del 2009, describía y enumeraba numerosos Proyectos de Acuerdos de la Cámara de Diputados y diversas gestiones de senadores realizadas desde septiembre de 1999 a julio de 2009, solicitando a los Presidentes del Chile de la post dictadura el reconocimiento a la República Saharaui y el establecimiento de relaciones bilaterales.

Altamirano señalaba en su carta a la Presidenta, que con el reconocimiento de la RASD por parte de Chile : «nuestro país contribuye así a sumar fuerzas para el cumplimiento de los Acuerdos de Paz y de autodeterminación, establecidos por diversas resoluciones de la Asamblea General de la ONU y de su Consejo de Seguridad con el objeto de materializar el Referéndum de Autodeterminación para el Sáhara Occidental, referéndum que a la fecha todavía es bloqueado por el ocupante.»

Recordando su propia vivencias de exilio y persecución : » Como Usted bien sabe, Presidenta, los chilenos conocimos la solidaridad internacional y del propio pueblo saharauí en momentos difíciles en que buscamos recuperar nuestra democracia y dignidad. El pueblo saharauí requiere, sin dilaciones y con nitidez, de nuestra solidaridad y reconocimiento».

Hace 10 años en carta a la entonces Presidenta de Chile, Altamirano pasaba revista a 10 años previos de diversas y numerosas gestiones y Resoluciones de parlamentarios y dirigentes políticos y sociales solicitando a los Jefes de Estado el reconocimiento de la República Arabe Saharauí democrática por parte del Estado chileno.

Durante más de 20 años organizaciones sociales, de trabajadores, intelectuales académicos, artistas, parlamentarios y dirigentes de fuerzas políticas de un amplio espectro han solicitado el reconocimiento de la República saharaui y el establecimiento de relaciones diplomáticas.

Carlos Altamirano Orrego ha fallecido recientemente. Su rol en un momento histórico de Chile generó intensa polémica ideológica y política, lo que lo llevó a tomar la decisión de marginarse de la política luego de su regreso del exilio. Sin embargo, la lucha heroica del pueblo saharaui por su autodeterminación e independencia, lo hizo hacer un alto en su propia decisión de automarginarse de la política contingente para dirigirse a la entonces Presidenta de Chile solicitándole el reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática en su lucha por conquistar su plena independencia por via pacífica a través de la realización del Referéndum de Autodeterminación, el que sigue siendo bloqueado por la colonialista monarquía de Marruecos con la complicidad de su aliado el gobierno Francés.

Hoy cuando se cumplen 56 años de la Constitución de la Organización de la Unidad Africana antecesora de la Unión Africana de la cual la República Saharaui es fundadora e integrante, el Sáhara Occidental sigue siendo en África y en pleno siglo XXI la última colonia sin conquistar su independencia.

La carta enviada por Altamirano no tuvo respuesta.

El reconocimiento a la RASD por parte del Estado de Chile en apoyo a la lucha por la autodeterminación e independencia de los saharauis sigue pendiente.

viernes, 22 de febrero de 2019

Templarios y masones. Experiencia de reconstrucción histórica

 


En primer lugar, el tema es tan amplio que solo se describe las relaciones organizativas de los templarios y los masones, sin tocar deliberadamente el componente esotérico. 

Esto requerirá un estudio por separado. 

En segundo lugar, el concepto de relaciones históricas sugiere una búsqueda de los orígenes de la masonería. 

Estamos lejos de pensar que durante casi 700 años los Templarios se conservaron en su forma original y sin cambios. Y por lo tanto, no se trata de una búsqueda de huellas de los templarios como tal, sino de cómo se transformaron las estructuras de los templarios tras la derrota, y si tienen relación con los orígenes de la masonería. Y finalmente, una última observación preliminar.

Propongo considerar el problema en dos direcciones opuestas. Primero. ¿Cómo, desde dónde y por qué los masones irrumpieron repentinamente en la arena histórica y por qué su pasado hasta 1717 está envuelto en un velo de oscuridad? ¿O no hubo historia de la masonería como tal?

Segunda dirección. ¿Cómo, dónde desaparecieron los restos de los templarios y dejaron sucesores? ¿O los propios caballeros, su riqueza, sistema financiero y flota desaparecieron de la noche a la mañana?

El hecho mismo de plantear estas cuestiones a priori sugiere que los masones no podrían haber aparecido de la nada, y los templarios no podrían haber desaparecido en la nada. Pero quién fue el precursor de los masones y quién fue el sucesor de los templarios: estas preguntas siguen siendo relevantes. Demasiado poco material histórico y demasiada especulación en ambos casos. Pero hay otra manera. Este es el camino de la reconstrucción histórica, cuando no se piensa el hecho faltante, dando rienda suelta a la imaginación, sino que se completa, a partir de la lógica del proceso histórico, la situación actual, el análisis de las fuentes escritas y las tradiciones orales.

Comencemos con el origen de los masones. Como saben, 4 logias de Londres en 1717 se fusionaron en la Gran Logia. Y luego surgen preguntas de inmediato. La misma traducción al ruso del término Gran Logia no es del todo precisa. Más bien, significa la Gran Logia, es decir, la logia que unió varias logias más pequeñas. Y en ese momento, la Gran Logia no pretendía ser la representante de todos los masones de Inglaterra (¿o no había ninguno en absoluto?). No es coincidencia que en respuesta a la creación de la Gran Logia, la Gran Logia de York anuncie su creación, reivindicando su historia más antigua. Y Chevalier Ramsay ya en Francia anuncia la introducción de la masonería de Escocia al continente. Luego, mucho más tarde, resulta que las logias masónicas de naturaleza especulativa existieron en el siglo XVII, como lo demuestran las entradas del diario de Ashmole. Hay indicios de que que incluso a fines del siglo XVI, los nobles nobles trabajaban en logias. Y la presencia de logias no se limitaba solo a Londres. Entonces, en cualquier caso, la historia de la masonería especulativa se retrotrae un siglo o más. Pero junto a esto, se nos ofrece una versión sobre el origen de la masonería especulativa desde las entrañas de los gremios medievales de canteros. En mi opinión, esto no resiste ninguna crítica histórica. Y es por eso.

Los gremios de albañiles en la Edad Media no diferían en muchos aspectos de otros talleres medievales. Al menos no se conoce la historia de esto. Pero se sabe que todos los gremios de artesanos urbanos eran extremadamente devotos al catolicismo y al Papa. E imaginar que las logias de masones proclaman la tolerancia a las opiniones religiosas de sus hermanos es imposible. Por cierto, el juramento sobre la Biblia también es un hecho bastante interesante. Los libros en la Edad Media no solo eran caros, sino fabulosamente caros, y es difícil imaginar que cada logia que se reúne en secreto tuviera su propia Biblia.

Están tratando de convencernos de que los albañiles en secreto (!) Viajaron por las ciudades y pueblos, y cuando se encontraron con los hermanos, tuvieron que dar signos convencionales secretos. Esto tampoco encaja en el cuadro histórico de la Edad Media. ¿Por qué los albañiles deben viajar y, además, viajar en secreto? ¿De quién tenían que esconderse? Viajar en la Europa medieval era extremadamente peligroso. Y sin necesidad, nadie salía de la ciudad o del pueblo. ¿Y cuál era la necesidad de los masones para esto? No despejes. Los resultados de su trabajo aparecieron después de varias décadas, y si se construyó un templo, entonces es muy posible que solo los tataranietos de quienes comenzaron el trabajo pudieran ver los resultados. La pregunta es, ¿qué necesitaban en otra ciudad? Se proporcionan puestos de trabajo durante décadas o más, el viaje es peligroso, el nuevo lugar tiene sus propios albañiles, que tenían su pedido y no estaban ansiosos por compartirlo con gente de otras ciudades. En este caso, los gremios de mercaderes son más adecuados para leyendar el origen de la masonería. Los miembros de estos gremios tenían que viajar mucho, enfrentar peligros, guardar secretos comerciales y confiar en la persona de quien dependía el destino de su fortuna, y también la vida.

Incluso dentro del propio gremio, dentro de la misma ciudad, era difícil ascender en la escala social. El lugar del maestro en el taller lo ocupaba una persona específica que tenía su propia herramienta y taller. El número de órdenes dentro de la ciudad medieval, de tamaño muy pequeño, era muy limitado. Y por lo tanto, el nuevo maestro no siempre se convirtió en tal por su estatus oficial después de pasar la prueba de habilidad. Y después de un examen exitoso, aún podría ser un aprendiz durante mucho tiempo, hasta que el lugar del maestro quedó vacante por la muerte de su predecesor o en relación con la expansión del número de órdenes, cuando los maestros existentes no pudieron hacer frente. con el volumen de trabajo.

¿De qué hermandad, de qué asistencia mutua, de qué viajes secretos y de qué terribles secretos, por los que había que estar dispuesto a dar la vida, podemos hablar si consideramos la vida del gremio de los masones operativos? Y por último, sobre los símbolos de la masonería. Un delantal y guantes limpios e impecables, ¿podemos imaginar esto cuando hablamos de albañiles en obras de construcción? (Por cierto, ¿este delantal y guantes, como tales, eran un albañil medieval?) Entonces, los símbolos de la masonería, las tradiciones de secretos, la tolerancia religiosa y mucho más, característicos de los masones especulativos, no pueden tener su origen en los gremios medievales. de masones operativos. Los masones especulativos utilizaron las herramientas de los masones para llenarlas con su significado filosófico y moral y nada más.

Por cierto, sobre filosofía, ciencia y esoterismo en la masonería. Sin entrar en detalle sobre el contenido mismo de estos conceptos, me gustaría llamar la atención sobre lo siguiente. Las ideas mismas de científicos como F. ​​Bacon, como los Rosacruces, y también como los fundadores de la Royal Society, más tarde la Academia, tienen mucho en común entre sí y tienen conexiones directas con la filosofía de la Francmasonería. Pero imaginar que los representantes de la élite intelectual y moral de Inglaterra de repente se juntaron para buscar membresía en los talleres de albañiles medievales, que en los tiempos modernos continuaron aferrándose a sus tradiciones y privilegios, no solo es difícil, sino que me gustaría decir aún más definitivamente - imposible.

Resumamos los resultados intermedios. El uso de la reconstrucción histórica no nos permite estar de acuerdo con la versión extendida del origen de la masonería. La masonería apareció mucho antes de lo que comúnmente se cree. Las logias masónicas eran comunes en Inglaterra y Escocia; sus predecesores no pudieron haber sido los gremios de canteros medievales. En consecuencia, estamos obligados a buscar los orígenes de la Francmasonería en otra parte.

En este caso, volvamos a la segunda dirección de la búsqueda, a los Templarios, más precisamente, al momento de la derrota de los Templarios y los eventos posteriores. Preguntémonos: ¿cuánto daño irreparable hizo el rey Felipe a la Orden del Temple? ¿Podrían los Templarios haber sobrevivido después de esta derrota, o no tuvieron oportunidad? Sí, en Francia el golpe a los templarios fue un golpe demoledor. Pero, ¿cómo se correlaciona nuestra idea de Francia y la presencia de las comandancias templarias en Francia con las realidades de esa época? Cuando decimos que el decreto de Felipe se llevó a cabo en toda Francia, voluntaria o involuntariamente representamos a Francia en las fronteras modernas. Pero en ese momento, varias comandancias en territorio francés no estaban bajo la jurisdicción del poder real de Francia. La provincia de Poitou con la ciudad de Burdeos y una serie de otros territorios fueron posesiones de otros monarcas, en particular, el rey inglés. Por tanto, aquí no se pudo ejecutar la orden de arresto de los templarios. Y en La Rochelle, la flota templaria levó anclas sin obstáculos y partió con rumbo desconocido. Por cierto, siempre me sorprendió este concepto, en una dirección desconocida. La flota de entonces, al no poder ir contra el viento y tener un pequeño desplazamiento, no podía ir muy lejos, solo podía estar dentro del Oikoumene, conocido por los europeos medievales, y esto es el Báltico, Escandinavia, las Islas Británicas, España, Portugal y, menos probablemente, la costa mediterránea. Y, por supuesto, si no tomas a fe la leyenda de que los templarios huyeron a América. Y en La Rochelle, la flota templaria levó anclas sin obstáculos y partió con rumbo desconocido. Por cierto, siempre me sorprendió este concepto, en una dirección desconocida. La flota de entonces, al no poder ir contra el viento y tener un pequeño desplazamiento, no podía ir muy lejos, solo podía estar dentro del Oikoumene, conocido por los europeos medievales, y esto es el Báltico, Escandinavia, las Islas Británicas, España, Portugal y, menos probablemente, la costa mediterránea. Y, por supuesto, si no tomas a fe la leyenda de que los templarios huyeron a América. Y en La Rochelle, la flota templaria levó anclas sin obstáculos y partió con rumbo desconocido. Por cierto, siempre me sorprendió este concepto, en una dirección desconocida. La flota de entonces, al no poder ir contra el viento y tener un pequeño desplazamiento, no podía ir muy lejos, solo podía estar dentro del Oikoumene, conocido por los europeos medievales, y esto es el Báltico, Escandinavia, las Islas Británicas, España, Portugal y, menos probablemente, la costa mediterránea. Y, por supuesto, si no tomas a fe la leyenda de que los templarios huyeron a América. conocidos por los europeos medievales, y estos son los estados bálticos, Escandinavia, las Islas Británicas, España, Portugal y, menos probablemente, la costa mediterránea. Y, por supuesto, si no tomas a fe la leyenda de que los templarios huyeron a América. conocidos por los europeos medievales, y estos son los estados bálticos, Escandinavia, las Islas Británicas, España, Portugal y, menos probablemente, la costa mediterránea. Y, por supuesto, si no tomas a fe la leyenda de que los templarios huyeron a América.

Así, incluso en Francia, la orden de arresto de los Templarios no pudo ser ejecutada, lo que significa la preservación de la libertad para un número significativo de miembros de la Orden, incluso en Francia. Pero eso no es todo. Se sabe que en España y Portugal continuaron operando las comandancias, cambiando solo levemente el nombre de su Orden. Esto significa que ya aquí hubo una oportunidad de esconderse para quienes huían de la persecución de las autoridades francesas. En Portugal y España, los caballeros continuaron sus actividades, e incluso existe la leyenda de que de los seguidores se recibían cartas náuticas para viajar al Oeste -para descubrir América y al Este- para abrir el camino a las Indias. de los Templarios. La cruz, que estaba representada en las velas de los bergantines que iban a descubrir nuevas tierras, era absolutamente similar a la cruz de los Templarios. Cómo esto corresponde a la verdad histórica es tema de otro estudio. Y ahora cabe señalar que en España y Portugal se han conservado las comandancias de los Templarios. Pero es poco probable que pudieran convertirse en estructuras que precedieron a la masonería. Podrían actuar abiertamente sin crear una red secreta, desarrollar un sistema de señales secretas, etc.

Pero Poitou e Inglaterra son interesantes para nuestro análisis. Sin duda, los miembros de la Orden en el suroeste de Francia, donde se encontraban las posesiones inglesas, sabían en detalle lo que sucedía en las posesiones del rey francés y, por supuesto, lo informaron de inmediato a sus hermanos en Inglaterra. Fue aquí donde se desarrolló una situación favorable para la conservación de las estructuras templarias, aunque no de forma tan evidente como en la Península Ibérica. El rey inglés Eduardo II, que hasta hace poco fue nombrado caballero con la participación de los templarios y en el territorio de su priorato, era joven y de carácter débil. No quiso cumplir el pedido de su suegro el rey Felipe. Los templarios no le hicieron nada malo a Eduardo, gozaban del apoyo de la nobleza inglesa y disponían de grandes recursos económicos. La persecución de los Templarios podría crear conflictos adicionales con la nobleza inglesa, que ya no favorecía a Eduardo II por las adicciones homosexuales. Y por lo tanto en Inglaterra no hubo orden de arrestar a los templarios durante 3 meses. Este tiempo fue suficiente para que los Templarios, al tener información sobre los hechos en Francia y tener una extensa red de preceptorías en Inglaterra, pudieran prepararse para futuros eventos, crear un sistema de refugios secretos y elaborar las reglas para identificar los suyos. Y 3 meses después, después de la correspondencia con el rey francés y el Papa, cuando el rey de Inglaterra ordenó el arresto, solo 2 personas fueron arrestadas. Todos los demás se han ido. Nuevamente surge la pregunta ¿dónde desaparecieron, dónde se deben buscar y qué hicieron estos guerreros? Y por lo tanto en Inglaterra no hubo orden de arrestar a los templarios durante 3 meses. Este tiempo fue suficiente para que los Templarios, al tener información sobre los hechos en Francia y tener una extensa red de preceptorías en Inglaterra, pudieran prepararse para futuros eventos, crear un sistema de refugios secretos y elaborar las reglas para identificar los suyos. Y 3 meses después, después de la correspondencia con el rey francés y el Papa, cuando el rey de Inglaterra ordenó el arresto, solo 2 personas fueron arrestadas. Todos los demás se han ido. Nuevamente surge la pregunta ¿dónde desaparecieron, dónde se deben buscar y qué hicieron estos guerreros? Y por lo tanto en Inglaterra no hubo orden de arrestar a los templarios durante 3 meses. Este tiempo fue suficiente para que los Templarios, al tener información sobre los hechos en Francia y tener una extensa red de preceptorías en Inglaterra, pudieran prepararse para futuros eventos, crear un sistema de refugios secretos y elaborar las reglas para identificar los suyos. Y 3 meses después, después de la correspondencia con el rey francés y el Papa, cuando el rey de Inglaterra ordenó el arresto, solo 2 personas fueron arrestadas. Todos los demás se han ido. Nuevamente surge la pregunta ¿dónde desaparecieron, dónde se deben buscar y qué hicieron estos guerreros? crea un sistema de refugios secretos y elabora las reglas para identificar los tuyos. Y 3 meses después, después de la correspondencia con el rey francés y el Papa, cuando el rey de Inglaterra ordenó el arresto, solo 2 personas fueron arrestadas. Todos los demás se han ido. Nuevamente surge la pregunta ¿dónde desaparecieron, dónde se deben buscar y qué hicieron estos guerreros? crea un sistema de refugios secretos y elabora las reglas para identificar los tuyos. Y 3 meses después, después de la correspondencia con el rey francés y el Papa, cuando el rey de Inglaterra ordenó el arresto, solo 2 personas fueron arrestadas. Todos los demás se han ido. Nuevamente surge la pregunta ¿dónde desaparecieron, dónde se deben buscar y qué hicieron estos guerreros?

Entonces, resumamos el resultado intermedio. La orden de Philip no se implementó por completo en toda Francia debido al hecho de que su poder no se extendió a todas las tierras francesas. En el suroeste de Francia, así como en Inglaterra, los Templarios tuvieron 3 meses para preparar su refugio y crear un sistema de comunicaciones para estos refugios. La flota estacionada en La Rochelle partió con rumbo desconocido. Pero sus barcos individuales podrían regresar libremente al puerto durante otros 3 meses y transportar a los templarios en una dirección desconocida. Los Templarios, casi abiertamente, sobrevivieron en España y Portugal.

También se desconoce qué sucedió con el sistema bancario de los templarios. Por lo general, prestan atención a la desaparición de sus tesoros sin dejar rastro, pero además, todos conocían su sistema de usar una especie de "cheques de viajero", otorgar préstamos, transferir dinero, etc. su infancia Pero también había estructuras financieras que operarían en Europa y Medio Oriente: compañías comerciales de lombardos, judíos, templarios y algunos otros. Sabemos perfectamente qué tipo de resonancia se obtiene en caso de liquidación de una de las principales instituciones financieras: confusión, quiebra, etc. Pero, por alguna razón, todo esto no sucedió en relación con la derrota de los templarios. Tal vez los tesoros de los templarios no desaparecieron por ningún lado, y sus actividades en el área financiera y crediticia no cesaron? Esto también requiere una consideración por separado.

Volvamos a Inglaterra. La captura de dos Templarios de muchos cientos plantea la pregunta, ¿dónde están los demás? Aparentemente, algunos se mudaron a los Pirineos y otros a Escocia. En Escocia se desarrollaba una lucha contra Inglaterra por su independencia. Esta lucha continuó con éxito variable. Los ataques guerrilleros de los escoceses terminaron con éxito, y los escoceses perdieron importantes batallas, donde se necesitaba disciplina y el poder de la caballería caballeresca. La nobleza escocesa no reconocía ninguna disciplina y no quería obedecer a nadie. Y así, Robert Bruce, que estaba a la cabeza de esta lucha, llamó la atención sobre los templarios perseguidos. Incluso antes, no cumplió con las órdenes del Papa de arrestar a los Templarios, quienes encontraron refugio en Escocia. Y ahora, después de la orden tardía del rey inglés para su arresto, los Templarios fugitivos no solo pudieron encontrar refugio en Escocia, pero también el uso de sus artes marciales, tan necesarias para Robert the Bruce en la lucha contra los británicos. El resultado no tardó en decirse.

En 1314, cuando Jacques de Mollet fue quemado en Francia, Robert the Bruce derrotó por completo a las tropas inglesas en Bannockburn. Y el papel de los Templarios, como caballeros guerreros profesionales, estaba lejos de ser el último aquí. Por supuesto, este servicio a Escocia no podía quedar sin recompensa. Y aunque más tarde R. Bruce estableció relaciones con la Iglesia Católica, proporcionó a los Templarios un refugio no anunciado y la oportunidad de continuar con actividades secretas. Esto explica que en las remotas regiones del noroeste de Escocia, donde convenía mantener la comunicación marítima con Irlanda y a través de ella con el continente, se hayan conservado las tumbas de los templarios que datan de esta y épocas posteriores. Y lo que es muy destacable, en estas tumbas templarias hay símbolos masónicos. Esto también explica un fenómeno como Roslyn Chapel, donde, por un lado,

Se puede decir que en esto se pierden las huellas de los templarios en Inglaterra y Escocia, y no podremos llevar la línea histórica a la época de los primeros masones. Pero el asunto no es tan sencillo. John Robinson en su libro demostró de manera convincente que se pueden encontrar rastros de los templarios a fines del siglo XIV en relación con la rebelión de Wat Tyler. El propio Wat Tyler apareció de la nada, pero su apellido, Tyler, en inglés suena muy masónico y templario al mismo tiempo. Así suena en inglés la posición de uno de los oficiales en la logia masónica. Tyler también está relacionado con los templarios. Durante el capítulo, la guardia de los Templarios se exhibía en la azotea del templo, es decir, en su azotea. Y no es casualidad que la traducción de la palabra tyler signifique techador. Y finalmente, volviendo a J. Robinson, en la traducción del francés antiguo, tyler significa un asesino de guerreros, es decir, tal

La propia historia del levantamiento está conectada con hechos que están directamente relacionados con los templarios. Los rebeldes irrumpieron, en primer lugar, en el edificio e iglesia de los Hospitalarios y quemaron aquí todos los papeles de esta orden. Cabe señalar que todas las propiedades de los Templarios después de su dispersión fueron transferidas a los Hospitalarios, lo que no pudo sino provocar un deseo de venganza entre los seguidores de los Templarios. Lo más interesante es que cuando los rebeldes irrumpieron en la iglesia templaria, entregada a los Hospitalarios, no quemaron los papeles que había en su interior. Como si temieran dañar la propiedad de los templarios, los sacaron a la carretera y solo entonces los quemaron.

Los rebeldes actuaron de forma muy coordinada, aunque avanzaban hacia Londres desde direcciones distintas. Y en todos los casos, los bienes de los Hospitalarios fueron saqueados, y los comandantes de esta Orden fueron ejecutados. El asunto fue asombroso. Ya en Londres, los rebeldes derrotaron a toda la ciudad, convocaron al rey, que se escondía en la Torre, a negociaciones. Y cuando el rey, junto con su séquito, navegó en barcos para recibirlos, los líderes del levantamiento con un pequeño destacamento irrumpieron en la Torre. Surge la pregunta, ¿cómo logró un pequeño destacamento asaltar una poderosa fortaleza? Pero más sorprendente aún es que tras la toma de la Torre, los rebeldes se apoderaron del Prior de los Hospitalarios, lo ejecutaron y se retiraron sin causar más daños a la fortaleza y sin deseos de permanecer en ella. Esto sucedió no solo en Londres, sino también en otras regiones. hay una condena

Tras el arresto, los líderes de los rebeldes indicaron que actuaron siguiendo las instrucciones de cierta Gran Sociedad. Desafortunadamente, la investigación no se interesó en qué tipo de Gran Sociedad era. La continuación lógica de esta línea de ocultamiento de los verdaderos líderes del levantamiento es el hecho de que después de la muerte de W. Tyler y otros líderes, otros participantes no solo no fueron ejecutados, sino que pronto fueron liberados en la naturaleza. No se puede quitar la idea de que algunas personas que querían permanecer en la sombra, pero que tienen una influencia significativa, lograron su liberación. El odio a los Hospitalarios, las acciones coordinadas en diferentes regiones, el deseo de preservar la propiedad de los Templarios, la presencia de cierta Gran Sociedad: estas son evidencias que hacen que uno se pregunte: ¿no es este el rastro de una organización secreta creada después de la derrota? de la Orden del Temple?

Pero la presencia de una organización secreta que tiene conexiones con los templarios no significa que esta organización esté conectada con los masones. Por lo tanto, para una mayor reconstrucción, debemos acudir a la práctica ritual de los masones. Muchos términos utilizados en los rituales ingleses, así como algunas indicaciones oscuras en las leyendas masónicas, solo pueden entenderse recurriendo a la historia de los templarios. D. Robinson señala que durante la iniciación en la masonería, a los masones ingleses de la antigüedad se les dijo que se convertirían en hermanos de piratas y corsarios. Parecería, ¿de dónde viene esta frase? Pero si recordamos que la flota templaria partió de La Rochelle y se pierden rastros de ella, entonces comienza a surgir cierta imagen. Los templarios son perseguidos y las naves se convierten en su hogar y medio de subsistencia. Es poco probable que los caballeros hayan resultado ser pescadores diligentes, pero los corsarios afortunados y hábiles de ellos habrían resultado muy fácilmente. Eran forajidos, tenían barcos y habilidades militares, todo esto era una premisa lógica para convertirse en un corsario. ¿Quizás de ahí viene esa frase sobre “hermano a los corsarios” en la iniciación?

Ahora volvamos a los signos y frases usadas en la práctica masónica. Si el albañil medieval no tenía que esconderse y dar señales secretas para identificarse, entonces los templarios vencidos, para salvar sus vidas, tenían que aprender la práctica de palabras y símbolos secretos. Si para una reunión del gremio de albañiles no tenía sentido ocultar y proteger sus reuniones en secreto, entonces para los Templarios buscados, los porteros armados (tylers en inglés) y las marcas de identificación especiales eran vitales, lo que ayudaba a asegurar que un extraño no lo hiciera. no entrar en la reunión de la logia. Si para los albañiles del taller medieval no era necesario guardar ciertos secretos bajo pena de muerte, para los templarios la violación de los secretos amenazaba con la muerte a todos los miembros de la sociedad. Y finalmente, si los masones operativos fueran católicos fieles, luego los Templarios fueron rechazados por el Papa y, queriéndolo o no, se encontraron fuera de la iglesia. La presencia entre ellos de personas inclinadas al catolicismo, o traídas del sur de Francia, la herejía cátara, o del este, las ideas del gnosticismo, podría conducir a fatales desacuerdos y terminar en la derrota de la organización secreta. Por eso se ha vuelto tan necesario el principio de la tolerancia religiosa. Lo principal es que se reconocería la fe en el Único Gran Señor Dios, que recibió un nombre común para todos: el Gran Arquitecto del Universo. Todo lo que era inapropiado e incomprensible para la práctica de los masones operativos se vuelve bastante comprensible y comprensible si se trata de los Templarios escondidos y sus seguidores. o traído desde el sur de Francia la herejía cátara, o desde el Este - las ideas del gnosticismo, podría conducir a diferencias fatales y terminar en la derrota de la organización secreta. Por eso se ha vuelto tan necesario el principio de la tolerancia religiosa. Lo principal es que se reconocería la fe en el Único Gran Señor Dios, que recibió un nombre común para todos: el Gran Arquitecto del Universo. Todo lo que era inapropiado e incomprensible para la práctica de los masones operativos se vuelve bastante comprensible y comprensible si se trata de los Templarios escondidos y sus seguidores. o traído desde el sur de Francia la herejía cátara, o desde el Este - las ideas del gnosticismo, podría conducir a diferencias fatales y terminar en la derrota de la organización secreta. Por eso se ha vuelto tan necesario el principio de la tolerancia religiosa. Lo principal es que se reconocería la fe en el Único Gran Señor Dios, que recibió un nombre común para todos: el Gran Arquitecto del Universo. Todo lo que era inapropiado e incomprensible para la práctica de los masones operativos se vuelve bastante comprensible y comprensible si se trata de los Templarios escondidos y sus seguidores. quien recibió un nombre común para todos: el Gran Arquitecto del Universo. Todo lo que era inapropiado e incomprensible para la práctica de los masones operativos se vuelve bastante comprensible y comprensible si se trata de los Templarios escondidos y sus seguidores. quien recibió un nombre común para todos: el Gran Arquitecto del Universo. Todo lo que era inapropiado e incomprensible para la práctica de los masones operativos se vuelve bastante comprensible y comprensible si se trata de los Templarios escondidos y sus seguidores.

Tal reconstrucción también es confirmada por el análisis de los términos masónicos. Es bien sabido que la Orden del Temple era francófona. Sin embargo, muchos términos masónicos en inglés solo se pueden entender usando un conocimiento del francés antiguo. El origen francés antiguo de la palabra tyler ya se ha mencionado anteriormente. Pero no todo se limita a esto. Tyler protegió la logia de "cowans y espías", que en la explicación de los masones ingleses se traduce como profanos y espías. Pero ni en inglés, ni en escocés, no existe tal palabra "cowans". Pero en francés hay una palabra "couenne" pronunciada como "kuen", que significa un ignorante o un idiota. Esto significa que Tyler protege la logia. de los ignorantes y los curiosos.

El ritual inglés utiliza el gesto de identificación de "debida guardia". En francés, existe una expresión "gest du gard", que se traduce como un gesto de protección. En la versión en inglés, se acortó y se convirtió en inglés a "due-guard". Una imagen similar es con la palabra Lewis, que significa el hijo de un albañil. En francés existe la palabra Leves, que denota el concepto de brotes, descendencia. En inglés, hubo una inversión de v a w. El uso de esta palabra es bastante lógico para la designación de la descendencia de los masones. Y un ejemplo más. Durante la iniciación, al neófito se le coloca una soga, que en inglés se denota con la palabra cable-tow. Parecería que esto podría traducirse por la frase en inglés, que significa una cuerda de mar gruesa. Pero la versión francesa es más aceptable. Del francés, la palabra cable se puede traducir como ocasión o cabestro,

La enumeración de palabras similares en francés antiguo y escocés en el léxico masónico, cuyo significado se vuelve más comprensible cuando se traduce a un idioma moderno, puede continuar, pero es más apropiado en este caso volver al libro de D. Robinson, que se convirtió en una fuente de información para mí sobre este tema. Pero ya bastan estos ejemplos para dejar claro que los Templarios, como caballeros francófonos, dejaron a la masonería toda una serie de expresiones que no se pueden comprender correctamente si no se acude a la antigua lengua francesa hablada por los caballeros de la Orden de los Templo.

El mismo autor da varias explicaciones sobre la parafernalia ritual. El delantal masónico estaba hecho de piel de oveja. Los templarios, en cambio, lo único que se permitía usar en la ropa, además del lino basto, era la piel de oveja. La transición de la piel de oveja del atuendo de los templarios al símbolo de la pureza de la masonería se vuelve muy comprensible. Lo mismo ocurre con los guantes. Si los albañiles operativos de la Edad Media los guantes no correspondían a su estatus social, entonces para los caballeros los guantes eran un elemento indispensable de la vestimenta. Aquí también puede continuar la lista de ejemplos similares, pero nuevamente me remito a la fuente original.

Entonces, como resultado de la reconstrucción obtenida en el curso del movimiento a lo largo de la segunda dirección, obtenemos lo siguiente. Los Templarios tuvieron tiempo y oportunidad de trasladarse a lugares seguros y salvar su Orden. Pero si en España y Portugal tomó formas oficiales, en Inglaterra y Escocia condujo a la creación de una organización secreta. Al crear una red secreta de sus refugios, necesitaban signos y palabras secretas para identificar a los suyos, solo al observar el secreto, bajo la amenaza de muerte por su divulgación, los Templarios pudieron mantener su organización secreta. introducir el principio de paciencia religiosa en condiciones de excomunión de la Iglesia Católica. Por el contrario, todos estos símbolos, secretos, etc. completamente innecesarios eran los albañiles medievales.

Las huellas de la organización secreta de los sucesores de los Templarios se pueden rastrear muchas décadas después de su derrota. Desde ayudar a R. Bruce y sus luchadores escoceses por la independencia hasta el levantamiento de W. Tyler: este es el camino de los caballeros y sus seguidores que no querían aceptar las decisiones del rey francés y el Papa. Se pueden encontrar rastros de sus estructuras secretas desde el sur de Inglaterra hasta el noroeste de Escocia. Los antiguos términos franceses utilizados por los templarios fueron adoptados por los masones, aunque a lo largo de las décadas y los siglos su pronunciación y, a veces, su significado fueron cambiando. Pero una vez que comenzamos a usar el francés antiguo para traducir estos términos, muchas cosas se vuelven más claras. Y, por último, una serie de artículos de parafernalia masónica, aparentemente de una forma u otra, migraron de los atributos de los templarios.

Las dos direcciones convergieron en algún momento durante el siglo XV. Durante el tiempo posterior a la derrota de los Templarios, su organización secreta cambió, perdió gradualmente su significado original, aparecieron nuevos símbolos y nuevas ideas. Pero los principios básicos se han llevado a través de los siglos. La fraternidad, la asistencia mutua, la tolerancia religiosa, el carácter secreto y luego simplemente cerrado de la organización, el deseo de conocer la verdad y la Gran Luz, la fidelidad a los valores espirituales y morales y la construcción conjunta del Templo dentro de uno mismo y en el mundo exterior: esta es una lista lejos de ser completa de aquellas ideas que son comunes a los masones y templarios.

Los caballeros firmaron sus papeles como Caballero del Templo. Pero el Templo, como llamaban a su Orden, fue destruido. Ellos nos legaron a nosotros, masones, como sus sucesores, para restaurar este Templo.

Literatura

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(*) G.L.P